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Javier Ronda nació en Ceuta, vivió allí hasta los 20 años y desde 1992 tiene Sevilla como lugar de residencia, pero la ciudad 'caballa' sigue formando parte de su vida.

"Nunca pensé que podría darse esta situación", afirma el ceutí respecto a la entrada masiva de inmigrantes en la ciudad. Más aún, después de haber sido conocedor de situaciones tan extremas como la "prostitución de menores de apenas 14 años".

Su familia continúa allí y su profesión le ha llevado a regresar en numerosas ocasiones. Es un afamado periodista de Canal Sur, profesor de la Universidad de Sevilla y autor de una tesis doctoral sobre la influencia de la televisión en el norte de Marruecos y su relación con la inmigración.

Su experiencia profesional le ha permitido conocer de cerca la realidad migratoria de la zona. Cuando comenzó a trabajar en Canal Sur, su primer destino fue Algeciras, donde ya pudo comprobar hace tres décadas la llegada de pateras a las costas gaditanas.

Sin embargo, considera que lo que está ocurriendo ahora en Ceuta es "diferente". El periodista describe una ciudad en la que, a su juicio, resulta complicado conocer con precisión cuántas personas permanecen todavía en ella y cuál es exactamente su situación.

"Ha entrado tanta gente o más como la que vive en Ceuta", apunta.

"El momento es muy complicado, es muy complejo, porque ni se saben los que entraron, ni se saben los que quedan, ni se saben quiénes son, y solo hay un pequeño control de los que se han ido", afirma.

Ronda distingue entre perfiles muy diferentes entre quienes han llegado. Algunos, cuenta, tienen familiares en Ceuta y se alojan con ellos. Otros disponen de recursos económicos, teléfonos móviles y dinero para afrontar su estancia mientras esperan una oportunidad para continuar hacia la Península.

"Hacen operaciones de cajeros, tienen buenos teléfonos móviles, buena ropa, comparten pisos, incluso en alquileres, esperando el momento para acceder a la península", relata.

Otros, en cambio, se encuentran en una situación de extrema precariedad. Ronda asegura haber conocido casos muy distintos durante sus visitas y habla de personas que sobreviven en el campo o permanecen escondidas. "Cada caso es diferente, y conozco muchos de ellos", afirma.

Tanto es así que apunta a casos de explotación sexual a menores. "Hay casos de prostitución femenina en chicas que apenas tienen 14 años", afirma, mientras lamenta que la situación es "muy complicada".

Su diagnóstico sobre la ciudad es el de una convivencia marcada por la tensión. "Una ciudad con un dispositivo de seguridad altísimo, pero que no garantiza ni mucho menos una paz social", sostiene.

Según explica, hay cerca de 2.000 policías y guardias civiles desplegados, además de militares, pero el refuerzo de la seguridad no ha eliminado la sensación de incertidumbre que percibe entre parte de los residentes.

Nervios y frustración

"Hay muchos nervios entre los ceutíes a medida que pasan los días", afirma. También considera que existe frustración entre las personas que llegaron a la ciudad porque sus expectativas no se están cumpliendo.

Ronda cuenta que ha hablado con algunas de ellas y con familiares y que tuvo conocimiento de una convocatoria difundida a través de redes sociales que animaba a entrar en Ceuta ante la expectativa de conseguir regularización o ayudas económicas.

Entre los casos que recuerda menciona a trabajadores de localidades cercanas que abandonaron sus empleos para desplazarse hasta El Tarajal. También habla de un dentista que cruzó hasta la ciudad. "Había una convocatoria que está constatada a través de las redes sociales", afirma.

Pero es el episodio vivido en El Tarajal el que, según reconoce, más le ha impactado. "Lo que pasó en El Tarajal para mí es impensable. El número de muertos, qué forma de entrar en Ceuta. Cuando lo vi no daba crédito, pensé que estaba viendo una película de ciencia ficción", recuerda.

No lo dice desde la inexperiencia. Como periodista especializado también en sucesos, Ronda ha cubierto acontecimientos con numerosas víctimas. "He estado en el terremoto de Alhucemas, he estado en la DANA de Valencia, en accidente aéreo, he tenido atentados terroristas", enumera. Pero ninguno le ha provocado la misma impresión que regresar a la ciudad donde nació.

Aumento de la delincuencia

Ronda también habla de un aumento de la delincuencia que cifra en un 600%, aunque introduce una precisión importante al analizar esa estadística. A su juicio, no se puede atribuir automáticamente todo el incremento a las personas que han llegado a Ceuta.

"Hay dos realidades en Ceuta", sostiene. "Una, la que intentan sobrevivir los ceutíes con esta situación, a la hora de mandar a tu hijo al colegio, a la hora de dar una vuelta, a la hora de hacer deporte, a la hora de salir de noche, a la hora de hacer la compra", explica.

La otra realidad, dice, es la de quienes se encuentran "en carpas, algunos, otros esperando que salga uno para entrar otro y empujando a la policía, pidiendo dinero, pequeños atracos, robos, móviles, cargando los móviles donde pueda".

El periodista insiste en que el aumento de la criminalidad no puede interpretarse de forma automática como una consecuencia directa de la llegada de estas personas.

"Con esto, evidentemente, no hay que decir que la delincuencia haya aumentado directamente por la llegada de estas personas y que ellos sean los que han provocado todos los actos de aumento delincuencial", afirma.

Su explicación es que la propia situación de tensión está generando nuevos conflictos y enfrentamientos en los que participan tanto recién llegados como residentes.

Cambio de hábitos

Ese clima, asegura, ha empezado a modificar incluso hábitos cotidianos. "Los ceutíes no han podido ir a las playas porque se encontraba toda esta población".

También habla de personas mayores que evitan salir a determinadas horas por miedo o respeto y de padres que han adoptado medidas especiales con sus hijos.

"Y padres que toman medidas sobre sus hijos menores y ahora van a volver al cole. No es normal que cuando va tu hijo al cole tenga presencia policial o del Ejército", afirma. Para Ronda, esa situación refleja hasta qué punto la tensión ha penetrado en la vida diaria de la ciudad.

La situación, sostiene, amenaza además con prolongarse. "Esto va a durar. La situación de Ceuta, nos metemos en el año 2027", afirma. Y pone como ejemplo las consecuencias que puede tener sobre algunas de las tradiciones más arraigadas de la ciudad.

Ceuta ya se ha quedado, según recuerda, sin la Feria y sin el mercado medieval y teme ahora por acontecimientos como la Cabalgata de Reyes o el Día de la Mochila.

Esta última celebración, el 1 de noviembre, tiene para los ceutíes un significado especial. Es una tradición por la que las familias salen al campo a comer frutos secos durante el Día de Todos los Santos.

"Esa tradición ceutí no la vamos a poder hacer", afirma. "Porque es que en el campo están ellos, y viven, y no es, digamos, agradable estar en el campo un día de tranquilidad, un día de fiesta, que es el 1 de noviembre, con la situación que se vive".

Después de más de tres décadas viviendo en Sevilla, Ronda observa Ceuta desde una distancia que, lejos de haberle desvinculado de la ciudad, le permite regresar ahora con la mirada de quien conoce cómo era antes.