Dorantes (David Peña Dorantes, Lebrija, 1969) llega a la XXIV Bienal de Flamenco con la mirada puesta en el futuro, pero sin perder de vista el pasado.
El pianista, una de las figuras que más ha contribuido a consolidar este instrumento dentro del flamenco, presenta en esta edición Fractal Arcano, un espectáculo en el que explora dos conceptos que atraviesan su propuesta: lo fractal, aquello que se divide y se repite, y lo arcano, relacionado con lo trascendental y la emoción.
Con una trayectoria marcada por la búsqueda constante de nuevas formas de expresión y una carrera que ha arrastrado grandes éxitos como supuso Orobroy (1998), Dorantes entiende el flamenco como algo que va mucho más allá de los escenarios.
La música, sostiene, también está en la convivencia y forma parte de una cultura que se transmite casi como un idioma. Desde esa perspectiva aborda una conversación en la que habla de sus orígenes, de la necesidad de encontrar un equilibrio entre tradición y futuro y de lo que espera provocar en quienes se sienten en las butacas del Teatro Lope de Vega.
Usted ha conseguido que el piano deje de parecer un instrumento extranjero dentro del flamenco. ¿Qué parte del flamenco cree que todavía no hemos sabido escuchar?
Hay un flamenco que no está en los escenarios, que está en la convivencia, casi en el ADN de la música, de una cultura que quizás cuesta mucho más trabajo. Eso que no se sabe escuchar es todo lo que va más allá de la música.
Si hoy tuviera que empezar de cero y nadie supiera quién es Dorantes, ¿seguiría haciendo flamenco?
Creo que, en definitiva, no es tanto una cuestión de empezar de cero, sino de dónde nace uno y de qué música tiene cerca. En mi caso, yo tenía el flamenco cerca, en mi propia casa. Lo importante también ha sido haberlo mamado desde pequeño, haber aprendido su lenguaje como quien aprende un idioma. Quizá perdería esa parte, esa naturaleza, pero creo que seguiría siendo flamenco.
¿Qué es más difícil: encontrar una melodía nueva o encontrar el valor para desechar una que funciona?
Desechar algo que funciona, sí.
Presenta ahora Fractal Arcano en la Bienal de Flamenco. ¿Qué quiere que quede en la cabeza de alguien que salga del Lope de Vega sin saber absolutamente nada de flamenco?
El flamenco tiene algo muy fuerte, que es la expresión, la capacidad de llegar y de entrar en el alma, incluso por los lugares más inesperados, sin que uno se dé cuenta. Y luego irse de allí con una mochila llena de expresión y de recuerdos. Creo que eso es lo realmente potente del flamenco.
Eso es lo que quisiera conseguir a través de este espectáculo, que además tiene un concepto detrás: por una parte, lo fractal, aquello que se fracciona y se repite; y, por otra, lo arcano, que tiene que ver con lo trascendental y con la emoción. Pero, realmente, al final, lo importante es que quien salga de allí lo haga con mucho sentido: que haya sentido mucho y que se vaya con la mochila llena de experiencias y emociones.
¿Qué ha descubierto Dorantes de sí mismo al crear este nuevo espectáculo?
Creo que, al final, sigo siendo el mismo, pero siempre se aprende algo con cada espectáculo que uno construye. En este caso, he descubierto la posibilidad de crear dos planos diferentes y bastante diferenciados: la parte fractal y la parte arcana. Se pueden conjugar ritmos y elementos muy distintos, y juego mucho con ello.
La parte fractal es casi matemática, mientras que la parte arcana a veces toma el papel del pie y, en otras ocasiones, lo recoge la espalda. Quizás lo que he aprendido es a poder conjugar ambas partes, tanto en velocidad como en dinámica y en expresión.
¿Qué tendría que ocurrir para que considerara este espectáculo un éxito?
Creo que el éxito estaría, quizás, en salir de allí y poder decir: «He hecho un buen trabajo». Al final, creo que uno tiene que estar contento con lo que hace, aunque, por supuesto, también tiene que conseguir que su música llegue a los demás, que la sientan y que puedan identificarse con ella.
También me gustaría que, durante un momento, el espectáculo pudiera sacar al público de esta actualidad en la que vivimos, que muchas veces necesitamos dejar atrás para descansar, abrir puertas y cerrar la imaginación de la gente y también sus corazones.
Pero, en definitiva, creo que el primero que debe estar contento soy yo. Si salgo de allí feliz y sintiendo que he hecho un buen trabajo, ahí estará el éxito.
¿Y cómo sabe una persona que ha hecho un buen trabajo?
Creo que, en definitiva, es lo que uno busca. Yo busco algo con esto que casi no sabría explicarte; es algo que siento en mi interior. Es como un destino, un horizonte hacia el que voy. Y cuando veo que he llegado a ese horizonte, a ese destino, es cuando uno sabe realmente que ha hecho un buen trabajo.
¿Cuándo fue la última vez que escuchó algo y pensó: "ojalá se me hubiera ocurrido a mí"?
La verdad es que no hace mucho, aunque no me ocurre únicamente con la música. Me pasa con muchas cosas de la vida y, sobre todo, con todo aquello que es creativo. Podría decirse que me sucede a diario: cuando veo un cuadro, cuando escucho un poema o cuando leo un poema, dependiendo del momento.
No sabría decirte exactamente cuál fue la última vez, pero sí puedo hablarte de obras que me habría gustado crear a mí. Hay muchas, como algunas de Stravinsky, Bach o Bartók.
¿Qué le gustaría que dijeran de usted dentro de cien años?
Cuando era más joven quería ser eterno y pensaba en qué dirían de mí. Pero ahora estoy en otra etapa de mi vida y, sinceramente, no me importa ni siquiera que me recuerden. Creo que, realmente, en esta vida lo que hay que hacer es lo que a uno le apetece y ser feliz continuamente con lo que hace. Eso es lo que para mí es importante.
Que después me recuerden o qué digan de mí, la verdad, no me importa ni me interesa. Me da igual.
¿Qué sería hoy verdaderamente revolucionario dentro del flamenco?
Quizás, poder conjugar bien el pasado con el presente y el futuro. Creo que el pasado, desde mi punto de vista y sin hacer una crítica, se está olvidando. Por eso, conseguir ese equilibrio y tener la inteligencia emocional y mental para conjugar bien el pasado con el presente y el futuro sería, de verdad, algo muy actual y, al mismo tiempo, lo más revolucionario dentro del flamenco.
