Hamilton ha sido nominada en los Globos de Oro en la categoría de mejor película de Comedia o Musical. Lin-Manuel Miranda, su creador y protagonista, también es finalista como mejor actor en una película de comedia o musical. Pero Hamilton no es una película. Si repito mucho la palabra "película" a lo largo de esta reflexión es porque la Asociación de la Prensa Extranjera y Disney+ (dónde se puede ver, todavía sin subtítulos en castellano, desde hace seis meses) quieren hacernos creer que Hamilton es una película. Pero la verdad es que lo que hemos visto no es una adaptación cinematográfica de la obra de teatro más influyente en lo que llevamos de siglo (eso, no lo duden, pasará dentro de unos años), sino una grabación del montaje original representada por el primer reparto del musical en los escenarios Broadway

Es tan evidente que Hamilton no es una película que, ante la especulación de medios y fans del musical en los días previos a su estreno en Disney, la Academia de Hollywood que cada año entrega los Oscar recordó que la producción no podría competir en sus premios. Y que se haya estrenado directamente en Disney+ es lo de menos. Este año, la junta directiva ha abierto la mano con sus reglas debido a los cierres de miles de cines en Estados Unidos por el coronavirus. Por primera vez en sus 93 años de historia, una producción estrenada directamente fuera de los cines puede optar a los Oscar, siempre y cuando estuviera prevista su llegada a las salas en primer lugar. 

Hamilton cumple esa regla: antes de adelantar su estreno para hacer mucho más digerible la pandemia, el (llamémosle) montaje dirigido por Thomas Kail se iba a estrenar en cines en otoño de 2021. Pero sigue sin ser una película. “La grabación de producciones teatrales no son elegibles para consideración”, determinan las reglas de la Academia de Hollywood desde el año 1997. El objetivo es claro: evitar que estas producciones puedan ser nominadas en la categoría de mejor documental porque, recordemos, no son películas. Tampoco lo era Give ‘em Hell, Harry!, la grabación de un dramático monólogo teatral que dio en 1975 a James Whitmore la nominación al Oscar al mejor actor protagonista. Entonces no había reglas. Ahora sí las hay. 

La situación con Hamilton es tan absurda que el montaje ha sido tratado de forma distinta por cada organización. Si los Oscar dejaron claro que no podía estar en sus premios y los Globos de Oro abrieron la mano para poder tener en su gala uno de los pocos fenómenos culturales del año, el Sindicato de Actores ha seguido un nuevo camino. Para los SAG, los galardones que entrega uno de los mayores gremios profesionales de Estados Unidos, la producción de Disney es un formato televisivo, una tv movie a efectos prácticos. Los actores de Gambito de dama, Normal People o Podría destruirte tendrán que luchar con el espectacular (lo cortés no quita lo valiente) elenco de Hamilton. Injustamente, claro. 

Las nominaciones del musical en los premios de la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood no solo caen en lo ilegítimo, sino en lo absurdo. ¿Qué hace nominado Lin-Manuel Miranda como actor protagonista cuando la verdadera estrella de la función es su compañero de reparto (y categoría), Leslie Odom Jr.? Puestos a incluir a los actores en las categorías de cine, ¿cómo han podido dejar pasar las icónicas interpretaciones de Renée Elise Goldsberry y Daveed Diggs? Si van a fingir que la revolucionaria obra sobre los orígenes de Estados Unidos es una película, deberían tratarla como una igual. 

La realidad es que la grabación del musical debe competir en los Emmy dentro de la categoría de especial de variedades pregrabados, un cajón desastre que sirve para premiar galas de premios, monólogos teatrales y shows de variedades en general. ¿Hay alguien que crea que Nanette, el revolucionario stand-up de Hannah Gadsby, debería haber sido nominado al Oscar en 2019? Hamilton es el mismo perro, con distinto collar. Lo que no es, y ya saben cómo va a acabar la frase, es una película.