Small Axe llega a su final. La saga antológica de cinco películas creadas para la BBC -que aquí ha emitido cada jueves Movistar+- cierra su retrato del racismo del Reino Unido con su comunidad antillana de forma sensacional. Puede que no sea su capítulo más brillante, ese honor está claro que pertenece a Lovers Rock, pero sí es el más emocionante, el que toca más la fibra. Lo hace, como siempre en la obra de Steve McQueen, sin ser manipulador y sin meter el dedo en el ojo, simplemente tomando su tiempo y mostrando la verdad de su historia.

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Si en las anteriores entregas hemos visto debates como el racismo en la policía, desde dónde cambiar la sociedad, la forma de crear identidad y cómo se intentó borrar o los abusos policiales a la comunidad; en esta ocasión se centra en una forma de segregación institucional que Reino Unido realizó durante décadas. Las escuelas para niños con “necesidades especiales” donde se abandonaba a su suerte a aquellos chavales que tuvieran problemas escolares. Lo que ocurrió es que en cuanto un chico negro mostrara una dificultad, se le mandaba en vez de darle una oportunidad.

Como bien planteaba Ava DuVernay en su documental Enmienda XIII, aunque la esclavitud se aboliera, se crearon nuevas formas de mantener a la comunidad negra en el escalafón más bajo. Se les dio la promesa de la educación, pero se hacían trucos para que siguieran estando menos formados. Para seguir siendo sirvientes o para condenarles a la delincuencia. Un programa doble de Educación y el trabajo de DuVernay explican muchas cosas sobre el racismo institucional que sobrevive en muchas comunidades, especialmente en aquellas que han heredado un colonialismo.

Fotograma de 'Educación'. Movistar+

Para ello pone su foco en Kingsley, un adolescente de 12 años con una insaciable fascinación por los astronautas y los cohetes espaciales. Aunque destaca en matemáticas, tiene problemas con la lectura. Nunca lo ha comentado en casa porque tiene miedo a reconocerlo. Al repetir su mala conducta en clase, el profesor aprovechará sus problemas leyendo para mandarle a esta escuela. Sus padres confían en el estado de bienestar, en que es lo mejor para su hijo, pero poco a poco se irán dando cuenta de que no es así.

Small Axe acierta, como en todos los episodios, en mostrar historias que hasta ahora no se habían contado. Aquí, enfatizando en la segregación que sufrió la comunidad jamaicana sólo por ser negros. La diferencia es que aquí lo hace con mucha más sensibilidad y empatía. McQueen suele apostar por la austeridad -la escena final de Mangrove es la mejor prueba-, y aquí sin traicionarse a sí mismo consigue una emoción que muchas veces no está en su cine.

La consigue mostrando el día a día de esa familia. Esos padres que no paran de trabajar, que han querido comprar que son uno más, una clase media capaz de tener una casa y educación para sus hijos. Para ellos es imposible que su propio país les aparte. Es bonito que la toma de conciencia venga por parte de las mujeres. Primero por el grupo de activistas que denunció aquella campaña racista, y luego por una madre que por primera vez empieza a ver de verdad a su hijo.

Todo el sentimiento se resume en dos escenas que parten el corazón, que están vinculadas entre sí y que cuentan el arco de la madre y el hijo. En la primera, ella por fin entiende que su hijo no sabe leer y que lo ha ocultado por vergüenza. La otra es con la que cierra Educación, con una madre completamente emocionada, igual que el espectador, al escuchar leer a su pequeño tras mejorar gracias a una educación igualitaria y real. Una joya para poner punto final a una antología magistral.

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