Hay películas que se fusionan con su propia trama, que se retroalimentan en un bucle infinito en el que realidad y ficción se mezclan. Es el caso de In Fabric -el filme que se estrena este martes directamente en Movistar+-, la última locura del director Peter Strickland que lleva buscando un hueco para estrenarse desde el Festival de San Sebastián de hace dos años y que parece que sufría las consecuencias de una maldición como la que tiene el vestido que protagoniza su inclasificable y disfrutona película.

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In Fabric va de un vestido maldito que provoca la muerte de todo el que lo posee. Una película sensorial, loca, llena de referencias y en la que el fetichismo juega un papel fundamental. Una mezcla de géneros que es divertimento, goce y crítica al capitalismo, un cóctel molotov incendiario que el director explicaba que no era algo buscado y en el que cabe hasta el humor: “Creo que se coló, sucedió, no era consciente durante el proceso de escritura, el tono suele aparecer más adelante, no lo tenía presente desde el principio. Primero empiezo a explorar los personajes y no sé dónde va a terminar, así que cuando apareció el humor me dejé llevar por él y finalmente cobró mucho protagonismo”.

En el filme hay de todo, un poquito de gore, suspense, sangre, brujas fetichistas y una crítica al capitalista que el director confirma. De hecho, el proyecto nació con otro título: “Pesadilla consumista”. “Sí que hay algo de eso, pero lo importante es que esté presente pero sin juzgarlo, porque al final yo mismo soy parte del problema y seguro que algo de lo que llevo puesto está hecho en algún sitio donde puede haber niños explotados haciéndolo. No quería como director mirar desde una atalaya y juzgar a los personajes, sino quererlos. Si yo fuera Ashila me compraría no un vestido, sino veinte, con esa vida anodina que tiene. ¿Por qué no va a poder disfrutar de comprarse algo? La crítica al capitalismo está, pero también lo muestro como elemento para mostrar el escapismo que buscan los personajes”, opinaba.

Fotograma de 'In Fabric'. Movistar+

Stirckland rompe con uno de los tópicos más perniciosos de cierto cine de terror, el que convierte el asesinato y la muerte en un castigo. Causa y consecuencia. Por eso aquí todo se convierte en un juego de azar: “Quería que fuera algo aleatorio, no quería caer en la típica película de terror en la que hay dos adolescentes teniendo sexo y acto seguido les matan, porque parece que sea un castigo por eso. En el caso de Shila su muerte es accidental, el vestido lo encuentra de forma accidental. Si no, se convierte en algo muy obvio que dejaría de dar miedo y sería más una cosa muy obvia de ‘vamos a castigar al consumidor’”.

El fetichismo no es algo nuevo para Strickland, de hecho también era fundamental en The duke of Burgundy, y aquí vuelve a demostrarlo. “Muchas de las películas que me gustan celebran objetos, ponen los objetos en el centro de la película, casi como personajes. Me fascina la idea de la ropa y cómo nos afecta. Está el fetichismo de Reich con las corbatas, y el tema del ASMR, que es una condición que tienen algunas personas por los sonidos, aunque no de una manera erótica. Pero llegó un momento en el que me ponía vídeos de youtube con esos sonidos para dormir. En ese sentido, tanto de una manera física como sonora sí que es una película fetichista”, apunta.

Aunque las influencias visuales son muchas, para Peter Strickland hay una clara en forma de escultor: Kim Holmes. “Hace unos maniquís muy tétricos que visualmente sí que me ha influido en la película. Tenía el recuerdo de mi niñez de ir con mis padres a los grandes almacenes y que me dieran bastante miedo, y quería replicar un poco todo eso. Los sótanos, los sonidos… quería plasmar todos esos recuerdos. También hay una película que puede que sí tuviera en mi mente que es Carnival of souls”, comentaba el director de este filme único e inclasificable.

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