La carrera de Abril Zamora ha vivido en muy poco tiempo un cambio radical. En los últimos años todo el mundo empezó a ponerle rostro gracias a sus trabajos como actriz en proyectos como La vida por delante, junto a Sophia Loren, pero sobre todo como guionista de series de éxito como Élite o Señoras del (h)ampa, la cual creó junto a Carlos del Hoyo. Ahora, Abril Zamora corona su ascenso con una serie creada, escrita, dirigida y protagonizada por ella misma. Lo hace, además, de la mano de HBO Max, en el primer proyecto de ficción que estrena este año -lo hará el próximo 26 de octubre-.

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Su serie se llama Todo lo otro, y es un proyecto “más personal de lo que me gustaría que fuera”, como cuenta a este medio. Eso sí, no es autobiográfica, “pero sí mucho paralelismo entre mi personaje y yo, lo que me ha complicado transitarlo como actriz, ya que esas cosas las había hecho o dicho yo en muchas ocasiones, mis amigos son mis amigos de verdad, pero las tramas son diferentes”. “Es una mezcla de realidad y ficción que muestra nuestra realidad, quizás no argumentalmente, pero sí que he pasado por las mismas cosas”, explica y deja claro que no está nerviosa, pero sí “desconcertada, acojonada, feliz y contenta”.

La serie sigue la línea de otras comedias que retratan a un grupo de treintañeros llenos de inseguridades y frustraciones que intentan sobrevivir entre un terremoto de relaciones sentimentales, trabajos de mierda y polvos de una noche. En el centro, ella, Dafne, a la que da vida la propia Abril Zamora, que se ríe de ella misma, de ser una intensa, de sus dramas… “He tenido que reírme mucho de mí misma en la vida, y es que hay que frivolizar con las cosas, porque frivolizar normaliza. Yo me río de mi patetismo, y de lo indigna que soy en muchos momentos. Los protagonistas hacen cosas que no están bien, y eso da mucha libertad creativa, porque hay mucha oscuridad en los personajes que toman decisiones incorrectas. Yo me río en mi vida y lo hago con mi personaje, no concibo tomarme en serio”.

No le gusta esa etiqueta de ‘retrato generacional’. “Detesto ese concepto porque es demasiada responsabilidad hacer un retrato generacional. Son personajes concretos con una circunstancia concreta que puede identificarse con 15 o con 20 personas, pero no es un retrato generacional. Puede que conecte más con una generación concreta, pero no era mi intención. Yo hablo de la frustración, y es verdad que mi generación es una generación frustrada porque se nos ha impuesto ser de un modo concreto y hay que luchar por ser de otra forma, pero creo que la historia va más allá de una generación”, explica.

La serie incluye experiencias que ha vivido su creadora, y en ello destaca la naturalidad con la que se aborda su realidad como mujer trans. No es una etiqueta que marque todo lo que le ocurre, no es un drama, no sufre por ello, y eso es novedoso y valiente: “Para mí no es importante que la protagonista sea trans, pero sí lo es que la creadora de la serie lo sea. Eso es alentador verlo y es relevante que se vean este tipo de realidades. Es una chica trans como lo soy yo, pero eso es cero importante en mi vida, hay otras cosas más importantes, pero entiendo que desde fuera sea un condicionante llamativo, pero no va de esto la serie, no va del conflicto”.

Para mí no es importante que la protagonista sea trans, pero sí lo es que la creadora de la serie lo sea. Eso es alentador verlo y es relevante que se vean este tipo de realidades

Aunque ese no sea el centro dramático, “sí que se menciona porque hay que mencionarlo”. “Sería tonto mirar a otro lado y desaprovechar mostrar una realidad de una forma diferente y hacer una mirada de forma normalizada. No estamos acostumbrados a eso y es guay que la ficción sirva de educación, porque si lo ves con normalidad, la asumes como tuya y digieres algo que de otra forma podría ser complicado. Es importante, pero yo no le doy mucha importancia porque no se la doy en la vida real ”, subraya Abril Zamora.

Algo importante a la hora de crear referentes positivos, iluminadores y optimistas, que no respondan “sólo a una versión pesimista”. “Lo hemos pasado muy mal y hemos sido mucho tiempo víctimas, y nos han victimizado también muchas veces. Por supuesto que la transfobia está a la orden del día, y es terrorífico, pero ha llegado el momento de contar que no todo el mundo lo pasa mal. Que hay niñas y niños trans que necesitan ver un mensaje positivo. Claro que hay un lado oscuro y difícil, pero también gente que no lo ha pasado tan mal”, subraya y cuenta lo inspiradoras que son para ellas las cartas de niñas trans o de sus padres diciéndole lo importante que es ver a alguien como ella, feliz, que trabaja, que sueña y vive.

En Todo lo otro, Abril Zamora trabaja junto a sus amigos, los mismos que la acompañaban cuando levantaban obras de teatro pequeñitas y que ahora componen un mosaico de caras frescas y diferentes. “Desde que empecé a escribir teatro me ha gustado mantener a los mismos actores, en los que he creído y que ellos han creído en mí cuando les pagaba cuatro duros y cuando les he podido pagar una nómina buena. Me mola poder contar con ellos, con su compromiso, y escribo esta serie pensando en ellos por el bien de la historia. Porque me facilita el trabajo y me encanta trabajar con ellos. Conocen mi lenguaje y mis historias, y enriquecen lo que escribo”, recuerda Zamora, que en su serie se atreve a meter guiños a películas como Clueless -atentos a ese traje amarillo- y que deja claro que, si se lo permiten, habrá más temporadas.

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