El periodista Jordi Évole recibió un día una llamada que nunca hubiera querido escuchar. Era su amigo Pau Donés. Sabía que no se encontraba bien, el cáncer que padecía desde hacía cinco años había empeorado y el músico se lo confirmó por teléfono. Le quedaban pocas semanas de vida, pero antes de morir quería darle una última entrevista, una en la que diera un testimonio de su forma de ver la enfermedad, la vida y la muerte que le llegó el 9 de junio de 2020.

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En estos años, el cantante de Jarabe de Palo se había convertido en un rostro que daba un discurso que normalmente no se escucha cuando se habla del cáncer. Nada de términos bélicos, de carreras contra la enfermedad ni de luchas y victorias. Pau Donés lo contaba de otra forma. Se notaba que había aceptado que el fina estaba cerca y sus palabras resonaban y hasta rompían esquemas. Por eso quiso, ya en sus últimos momentos, hacer un poco de memoria. El resultado es el documental Eso que tú me das, que Évole y Atresmedia han presentado en el Festival de Málaga y que va a emocionar a todos los que se crucen en su camino.

Pau Donés resume muy bien su actitud en una frase que le dice al periodista en esta larga charla entre amigos. “Estoy aquí para hablar de la vida, no de la muerte”. Pero, ¿por qué una entrevista ahora? Para Donés no es una entrevista. Son “dos amigos, hablemos de la vida, de las cosas”. “Tenía ganas de hablar con alguien, tengo cáncer y me estoy muriendo. Lo que quería era tener una conversación y dar una imagen nuestra que la gente no tiene, que es la de las personas normales y corrientes”, cuenta en el documental, donde confiesa que quiere que lo que quede es “un testigo real de lo que soy”.

También para mostrar el lado humano de una profesión que normalmente se asocia al glamour, la fiesta y el desenfreno. “La música es un mundo muy frívolo. No recuerdo entrevistas con tiempo, en las que mostremos cómo somos nosotros y no cómo nos ve la gente por la tele, o como los periodistas quieren que se te vea. Necesitaba poder explicar mis cosas a alguien que sé que me va a escuchar y que no va a entrar en la frivolidad artística”, explica en este testamento en forma de conversación en la que hablan mucho de la vida y la muerte, pero también de la paternidad o de su familia.

Eso que tú me das comienza con Jordi Évole yendo a la casa de la montaña de Pau Donés. Lo hace mientras habla con la oncóloga del músico a la que confirma uno de sus temores para realizar esta entrevista: “me preocupa el aspecto que pueda dar, que pueda sonar frívolo”. Elena, la mujer que le ha acompañado en este difícil trayecto se lo deja claro, “impresiona, está muy delgado”. Parece una advertencia para el público, porque Donés aparece con una sonda y, efectivamente, muy delgado. El propio Évole se queda sin palabras al verle. No sabe qué preguntarle. Pero ahí está, con la valentía de quien decide dar una entrevista sabiendo que le quedan pocos días de vida pero quiere dejar un último testamento.

A los enfermos se nos tiene que ver enfermos. Yo pongo fotos en las redes de las sesiones de quimio, con las enfermeras, y no pasa nada. Es mejor, porque se tiene que normalizar

Al ver a su amigo, Donés le tranquiliza: “A los enfermos se nos tiene que ver enfermos. Yo pongo fotos en las redes de las sesiones de quimio, con las enfermeras, y no pasa nada. Es mejor, porque se tiene que normalizar, es un aspecto que debe normalizarse”. Destaca cómo afronta esas últimas horas. Sin miedo, con tranquilidad. Ha aprendido que “la muerte es parte de la vida, y aceptar eso te da tranquilidad”. “El miedo es terrible, yo soy poco miedoso, pero lo veo. Cuando la gente tiene miedo a la vida, a moverse, a decidir, a querer... eso es terrible, y el miedo a la enfermedad o al dolor, te bloquea y te corta la libertad, eso es terrible”, añade.

Es el miedo lo que cree que marca a la sociedad, y también por eso habla en sus últimos días. “El cáncer nos da miedo. Decimos, ‘este tío se va a morir’, da respeto. Yo estoy aquí para hablar de la vida, no de la muerte, eso es lo que me interesa. Desde el primer día que me dijeron que me iba a morir dije, pues a mí lo que me interesa es la vida”. Pero también hay algo que le preocupa: “no sufrir”. “Las cosas que nos preocupan normalmente son poco importantes y ahora ya no me preocupan. Si este mes no pago el alquiler, pues ya lo pagará mi hermano el mes que viene. Ahora estoy hablando contigo, pasearemos, comeremos, nos echaremos una siestecita, disfrutaremos del día… esto es lo que yo quiero, si acabo así mi vida soy el tío más feliz del mundo”. Pero reconoce que es “una felicidad cabrona”, porque “pienso, si en vez de irme el mes que viene me fuera el año que viene vería el verde de la montaña, los corzos bajar, las hojas caer...”.

En esta larga charla también habla de su hija, que se ha enfrentado a esta situación de la mejor forma posible. “Ha aprendido muchas cosas que pensaba que no iba a poder enseñarle nunca o que no le interesaban… Pero ella me ha enseñad a querer, y a demostrar como querer, porque nosotros nos hemos querido mucho pero nos hemos tocado muy poco”. ¿Y ha sido un buen padre Pau Donés? Le pregunta Évole: “Sí y no. No le he dado el tiempo que merecía. Merecía mucho más. Pero creo que ahora si le preguntaras diría que sí, porque un buen padre tiene que amar a sus hijos y yo la he amado con locura”. Retazos de verdad, de sinceridad de quien sabe que le queda poco pero quiere dejarnos más. El legado de Pau Donés trasciende sus canciones, y esta conversación fue su último regalo.