Antonio Villarreal Pablo Romero

Ahmed Mohamed, un adolescente estadounidense de origen sudanés residente en Irving, Texas, fue arrestado el 14 de septiembre al llevar al instituto un reloj digital de fabricación casera que sus profesores confundieron con una bomba.

Tras el incidente, un tsunami de solidaridad se extendió con el hashtag #IStandWithAhmed como estandarte. Además de la miríada de medios de comunicación locales y nacionales que acudieron a entrevistarle, Ahmed -estudiante de noveno grado [tercero de la ESO]- recibió la invitación de Mark Zuckerberg, quien le ofreció visitar Facebook, Steve Wozniak le proclamó "un héroe moderno" y el presidente Barack Obama tuiteó: "Tu reloj mola, Ahmed. ¿Quieres traerlo a la Casa Blanca? Deberíamos inspirar a más chicos como tú a amar la ciencia. Es lo que hace grande a América".

Actualmente, Ahmed anda en La Meca, en Arabia Saudí, embarcado en una gira que le llevó primero a California para participar en la Feria Científica de Google y luego a Nueva York para participar en la llamada Cumbre por el Bien Social (Social Good Summit) organizada por Naciones Unidas. Días más tarde, la Qatar Foundation le llevó hasta el país del Golfo para visitar escuelas y motivar a otros estudiantes.

En cuestión de días, Ahmed fue elevado a la categoría de símbolo, tanto por la comunidad científica como por la islámica. En Estados Unidos, algunos internautas organizaron un crowdfunding para financiarle a Ahmed los estudios superiores, que ya ha recaudado alrededor de 15.000 euros.

Pero el objetivo final se antoja ahora más difícil, ya que al mismo tiempo, su padre, Mohamed Elhassan Mohamed, ha decidido sacar a su mediático hijo, y a sus hermanos, del instituto donde estudiaban y embarcarlo en esta gira.

El presidente de la Asociación de Inventores de España, Enrique Villacé, comenta a EL ESPAÑOL que desconoce si alguna vez ha sucedido en España un caso similar al de Ahmed. En opinión de Villacé, en el caso de Ahmed hay un exceso de "sensacionalismo". "Influye mucho lo que publican los medios de comunicación", comenta, y señala que en realidad el "invento" del chico estadounidense, un reloj, "puede ser sorprendente para su edad, 14 años, pero no requiere de un conocimiento o una habilidad especiales".

Un poco de contexto

Cada año, el Museo Nacional de la Educación de Estados Unidos, con sede en Akron (Ohio), selecciona a un puñado de jóvenes inventores que han hecho aportaciones significativas.

Por poner un ejemplo, en la última edición, Aditya Jain, de la misma edad que Ahmed, fue seleccionado por inventar una herramienta de detección de nódulos solitarios de cáncer de pulmón empleando tomografías computerizadas (TAC). Otro ejemplo: Raghav Ganesh, dos años menor que Ahmed y Aditya, creó un accesorio para los bastones de los ciegos que emplea sensores ultrasónicos e infrarrojos para ayudarles a detectar obstáculos a su alrededor.

La mayoría de jóvenes inventores seleccionados cada año son, además, de origen indio, iraní o chino, lo que acentúa la riqueza de contar con estos estadounidenses de segunda generación.

La Galería Nacional de Jóvenes Inventores recibe cerca de 100 solicitudes al año. En la lista anual de ganadores ha llegado a haber inventores de ocho años. Para optar a aparecer en esta lista, cada joven aspirante debe haber ganado un concurso nacional, tener una o varias patentes en trámite, o haber comercializado su producto. 

Leila Gay Evans, directora adjunta de esta institución, cuenta a EL ESPAÑOL que "alrededor del 90%" de estos jóvenes inventores "han utilizado sus habilidades y los conceptos de sus invenciones como la base para sus futuros trabajos e innovaciones". Según Evans, muchos de ellos han creado empresas o han utilizado sus creaciones para labrarse una exitosa carrera.

Aunque el reloj de Ahmed no es técnicamente comparable a estas invenciones, Evans cree que el verdadero valor de esta historia es la capacidad de inspirar a otros niños para que inventen. 

De sospechoso a héroe

Ahmed fue detenido a mediados de septiembre en la escuela de secundaria MacArthur, donde los vigilantes del recinto creyeron que uno de sus inventos, un reloj que había construido el fin de semana anterior, era una bomba.

El aparato era un reloj que el joven había desmontado y vuelto a armar, según explicó después el chico a la policía local. Ahmed había llevado su dispositivo a su profesor de ingeniería, quien no se había mostrado especialmente impresionado y le había recomendado que no se lo enseñara a otros profesores, según la crónica publicada por el diario Dallas Morning News.

El sospechoso reloj de Ahmed Mohamed. Reuters Irving

Fue su profesora de Lengua quien, tras descubrir el dispositivo -que estaba haciendo ruidos en mitad de su clase-, comentó que "parecía una bomba". A partir de ese momento, según las declaraciones policiales, la actitud "a la defensiva" del joven fue suficientemente sospechosa como para proceder a su detención.

La noticia del arresto, acompañada por una serie de imágenes del joven Ahmed esposado, corrió por las redacciones y por las redes sociales como un reguero de pólvora.

Se desató un debate acerca de la proporcionalidad de la reacción de la escuela, que suspendió al joven durante tres días, y de los posibles tintes racistas del castigo, debido al origen sudanés del protagonista.

Enseguida el joven inventor despertó simpatías de personajes tan notables como Hillary Clinton, agencias como la NASA e incluso empresas como Google, Twitter -donde le han ofrecido una beca- o 3M. Todos han elogiado al muchacho, le han animado a que siga inventando y le han invitado a conocer instalaciones y laboratorios.

¿Y ahora qué?

El trato recibido por la seguridad de la escuela fue denigrante; la posterior ola de empatía, abrumadora. Pero, ¿hasta qué punto puede ser contraproducente elevar a un niño de 14 años al altar mediático? "Son muchos los casos en que hemos sacado al menor del ambiente que le corresponde por intereses de la sociedad, para hacerle superingeniero, supercocinero, famoso... y eso en general se acaba pagando", nos dice Celso Arango, jefe del Servicio de Psiquiatría del Niño y del Adolescente en el hospital Gregorio Marañón de Madrid.

¿En qué momento una palmadita en el hombro puede volverse condescendiente o, incluso, generar al niño una presión capaz de arruinar una futura carrera científica? Para Arango, "la presión a la que se somete a algunos adolescentes hoy en día es algo para lo que el ser humano no está preparado", y en ese sentido, "tener que dar respuesta a Obama, a los medios o a las redes sociales es algo que puede pasarles factura".

Disfraz de Ahmed lanzado para Halloween. Costumeish.com

A buen seguro, el caso de Ahmed será capaz de inspirar a otros jóvenes, despertar su interés por la ciencia, la ingeniería y la tecnología. Pero no está tan claro que este chico pueda volver a construir un reloj después de todas las expectativas creadas. "Esperemos que Ahmed Mohamed no se desanime, sino que encuentre una manera de perseguir sus intereses y seguir creando", concluye Evans.

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