La escena no aparece descrita con todos sus gestos en ningún auto judicial y, sin embargo, desde hace meses los Mossos d'Esquadra intentan reconstruirla con mensajes, declaraciones, llamadas, silencios y teléfonos desaparecidos.
Isak Andic, fundador de Mango, una de las mayores fortunas de España, sentado ante su hijo Jonathan en una sesión familiar dirigida por Julia Lüderwaldt, la terapeuta germanoecuatoriana que llevaba décadas entrando y saliendo de la intimidad de los Andic.
Una mujer casi invisible para los registros públicos, sin colegiación localizada en Cataluña ni en Alemania según las consultas realizadas por EL ESPAÑOL, pero con una autoridad suficiente como para tratar al padre, al hijo, a Neus Raig —exmujer del empresario— y a las dos hermanas del primogénito.
A la izquierda, Isak Andic, el fundador de Mango; a la derecha, su hijo Jonathan, en una imagen de archivo.
En aquella habitación, de la que la propia terapeuta no ha querido hablar al acogerse al secreto profesional cuando fue preguntada por Jonathan, se hablaba de lo que suele quedar detrás de los comunicados familiares.
Como, por ejemplo, el lugar de cada uno en una familia donde el padre no era sólo un padre sino el dueño de un imperio, y donde el hijo no era sólo un hijo sino el heredero que, según los investigadores, vivía atravesado por una "obsesión por el dinero".
Ese es el lugar exacto en el que la terapia dejó de ser una cuestión privada y empezó a interesar a la policía.
Matar al padre
"No me extraña que pensaras que era capaz hasta de matarte", escribió Jonathan Andic a su padre en julio de 2024. Faltaban cinco meses para la muerte del fundador de Mango.
El mensaje fue recuperado por los Mossos del teléfono móvil de Isak y forma parte de los indicios que la Fiscalía utiliza para desmontar la tesis de una relación pacífica entre padre e hijo.
Ese mismo mes, Jonathan escribió otra frase que ahora pesa de otra manera: "Comprendo que era imposible sanear nuestra relación, no me sorprende que la cuerda se rompiera".
Entonces la cuerda era una imagen dentro de un mensaje. Después, cuando Isak cayó por el camino de les Feixades, en la montaña de Montserrat, la frase empezó a circular por la causa con otra gravedad.
La defensa de Jonathan Andic sostiene que esos mensajes han sido sacados de contexto. Asegura que formaban parte de un texto más amplio, con un relato y un tono positivo, en el que el hijo se interesaba por el padre, le deseaba un "feliz verano" y comentaba algunos aspectos tratados en la terapia familiar a la que ambos acudían para mejorar su relación.
Según sus abogados, aquello pertenecía al "clímax de interacción grupal, en un proceso de liberación y de crecer superando emocionalmente el condicionante paterno". Los letrados han explicado que la causa contiene "numerosas frases y expresiones que forman parte de un proceso de terapia donde participaban más miembros de la familia".
También denuncian que la difusión de esos mensajes busca "un único fin: la condena social previa". Para ellos, el "matar al padre" de Freud es un paradigma de la terapia psicoanalítica. Pero, para los Mossos, el problema no está sólo en Freud.
Un "aliciente"
Las fuentes policiales consultadas por EL ESPAÑOL describen esa terapia como uno de los elementos que pudieron funcionar como "aliciente" en el presunto móvil de Jonathan para matar a su padre.
Preguntados por qué, hablan de un espacio que se aleja mucho de la psicoterapia convencional, dirigido por una mujer a la que consideran "manipuladora", con gran ascendencia sobre la familia y, en particular, sobre Isak Andic.
Los investigadores creen que algunas de las expresiones que aparecen en los mensajes entre padre e hijo parten de ese proceso terapéutico y que la naturaleza de lo hablado allí —el padre como figura a superar, el dinero como agravio, la herencia como reparación— pudo alimentar la tensión que ya existía entre ambos.
La jueza de Martorell también ha mirado hacia Lüderwaldt. En un auto, la magistrada ordena investigar la posible existencia de una tercera persona que "directa o indirectamente" hubiera participado en los hechos y menciona expresamente a la psicóloga.
Julia Luderwaldt, en una imagen que data de 2004, impartiendo una conferencia bajo el paraguas del Grupo Estena, un centro especializado en "terapias naturales".
La diligencia se enmarca en la necesidad de inspeccionar el contenido del teléfono de Jonathan Andic para comprobar sus actos antes y después del suceso, las llamadas realizadas en el momento de los hechos y la posible premeditación de la acción criminal con alguna persona.
En ese mismo contexto, la jueza pide averiguar si Julia Lüderwaldt "ha tenido alguna implicación".
La sombra de Julia
Julia Lüderwaldt no era, según las fuentes consultadas, una terapeuta de consulta abierta, agenda pública y trayectoria fácilmente rastreable. Su figura aparece más bien vinculada a ese circuito discreto en el que algunas familias de alto patrimonio buscan resolver sus conflictos lejos de los registros visibles, de los colegios profesionales y de cualquier exposición pública.
Germanoecuatoriana, residente en Alemania y con viajes periódicos a España, su nombre apenas deja huella documental, aunque sí aparece asociado a actos y espacios donde se mezclan psicología, psicoanálisis, terapias psicoemocionales, desarrollo personal y ambientes de élite. En una fotografía localizada en una escuela de salud de Barcelona en 2004 se la presentaba como "prestigiosa médico, psicóloga y psicoanalista" y como una "eminencia" en terapias psicoemocionales.
También consta su presencia como conferenciante en Barcelona en 2016, en un acto donde se la describía como psicoanalista alemanoecuatoriana, y su entorno aparece relacionado con actividades culturales y benéficas en espacios de alto nivel como Casa Batlló. Nada de eso, sin embargo, aclara del todo su habilitación profesional en España. Este periódico ha comprobado que no consta como colegiada en Cataluña y tampoco ha localizado una colegiación equivalente en Alemania.
Su perfil, según el material recabado, se mueve en una zona híbrida entre el psicoanálisis, la terapia familiar, los enfoques sistémicos, la medicina psicosomática y las prácticas de desarrollo personal que desde hace años circulan en determinados entornos acomodados. En ese mismo ecosistema aparecen nombres y centros vinculados a las constelaciones familiares, a la medicina psico-sistémica y a terapias alternativas con implantación entre España, Alemania y Ecuador, aunque por ahora no existe un documento que pruebe una relación orgánica estable entre Lüderwaldt y esas estructuras.
Lo que sí dibuja el rastro disponible es una terapeuta de acceso restringido, con una autoridad construida más por recomendación que por exposición pública, capaz de entrar durante años en la intimidad de familias ricas y de intervenir en conflictos donde las emociones, la filiación y el patrimonio suelen formar parte del mismo problema.
Según las actuaciones, la terapeuta planteó esa vía para reducir el conflicto entre Isak y Jonathan. Los Mossos quieren saber si aquella intervención fue una recomendación de mediación familiar, una forma de calmar una relación rota o algo más: una manera de legitimar la presión económica del hijo sobre el padre.
Las fuentes consultadas sitúan el deterioro de la relación en torno a una idea central: Jonathan, según la investigación policial, tenía una "obsesión por el dinero". Esa tensión se habría agravado cuando Isak empezó a valorar cambios patrimoniales que podían afectar al primogénito.
Entre ellos la posibilidad de destinar parte de su imperio a una fundación benéfica. En los mensajes relacionados con la terapeuta llegó a aparecer, según las actuaciones, la supuesta intención del fundador de Mango de desheredar a su hijo.
En junio de 2024, Lüderwaldt preguntó a Isak cómo estaba la relación con Jonathan. El empresario respondió que seguía "igual de regular o mal, normal". Después añadió: "Justo lo diplomático, saludar y tal y nada más".
