Espinardo (Murcia)
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José solía estar sentado en un banco de La Glorieta, acompañado de su inseparable amigo: ‘Kiki’. Lucía camisa y saludaba a todo el mundo con educación y una sonrisa. A veces, se arrancaba a cantar y bailar. José sumaba 7 años en la indigencia hasta que un grupo de vecinos lo ha sacado de la calle, en dos meses, frente a la inacción del Ayuntamiento de Murcia que lo veía a diario en un banco y solo ha sabido abrirle expedientes.

Estoy muy contento, ahora ya no me hace falta nada”, subraya José Fernández Fernández, de 76 años, mientras muestra la habitación que ha alquilado en una casa de Espinardo al periodista de EL ESPAÑOL.

“Tengo una televisión, pero no veo películas, solo documentales de animales”, advierte José, sobre su gran pasión por la naturaleza. Todo ello, debido a que en su infancia, en vez de ir al colegio, su familia lo tenía alimentando a los caballos y a los burros de una atracción con la que iban dando tumbos por todo el Levante -de feria en feria y de pueblo en pueblo-.

Desde la puerta del cuarto, equipado con una cama de matrimonio, nevera, armario y televisor, la abogada Noemí Nanut observa con orgullo la felicidad que siente José tras abandonar la mala vida de la calle.

Ha dejado de ser una persona invisible para la sociedad”, sentencia la letrada Noemí Nanut y que junto a la hostelera Rosa Sánchez, de la Cafetería Tornasol, pusieron en marcha la iniciativa ‘Amiguico José’, para sacar de la indigencia a este anciano al que veían a diario en La Glorieta.

"Este señor estaba en la Plaza de La Glorieta del Ayuntamiento y lo echaban de allí, cuando se supone que los Servicios Sociales le tenían que ayudar”. Esta abogada sabe lo que se dice porque ella se ocupa de recurrir los expedientes sancionadores que le han abierto a José.

- ¿En qué situación están los expedientes?

- Noemí Nanut: Tiene abiertos 15 expedientes, la mayoría por hacer uso privativo de la vía pública, por dormir en el suelo o en un banco, por ir con un carrito cargado de mantas, por beberse una lata de cerveza en la calle...

En el último que recurrí le quieren multar con 150 euros argumentando que había riesgo sanitario, por llevar al perrito sin correa, cuando a ‘Kiki’ lo trataba de forma altruista la Clínica San Roque.

José Fernández ha vivido 7 años en la calle

Para el ‘Amiguico José’ esos expedientes sancionadores son lo de menos, tras haber dormido debajo del puente del Jardín del Malecón y tener que asearse en una balsa. “Yo siempre iba limpio, aunque vivía en la calle”, subraya este anciano, al que le pirran las camisas. De hecho, siempre se apañaba para llevar puesta una camisa siendo un sin techo.

- ¿Cómo acabó viviendo en la indigencia?

- José Fernández: En Águilas alquilé una habitación sin un contrato y cuando el banco desahució al dueño de la casa, me quedé en la calle. Entonces, me vine a Murcia pensando que iba a conseguir algo mejor y acabé siete años durmiendo en un banco o en algún soportal.

El fenómeno del sinhogarismo preocupa a organizaciones como Cáritas que en 2025 prestó ayuda a 42.850 personas sin un techo. Nadie nace en la calle. Todos tienen una vida y una historia previa. La de José Fernández Fernández arranca en la pedanía murciana de La Ñora donde perdió a sus padres durante un incendio y acabó acogido por unos familiares.

“Con tres años murieron mis padres haciendo una fogata porque teníamos frío”, recuerda sobre su dura infancia. “Unos familiares que eran feriantes se quedaron a mi cargo y yo cuidaba de los animales”. “No fui al colegio: no sé leer ni escribir”. Solo sabe trabajar como una bestia y con una fe tan grande como el crucifijo que cuelga de su pecho. “Es un regalo”, aclara.

Nada más cumplir la mayoría de edad, a José le organizaron un matrimonio: “Tuve siete hijos”. El domicilio familiar lo fijó en Totana donde trabajó de jornalero agrícola y en una empresa de conservas. "¡También me iba a Francia a la vendimia!” Mucho trabajo, sueldo bajo y poco cotizado porque los contratos brillaban por su ausencia.

José se mudó a Lorca para buscar un futuro mejor: “Vivía cerca de la lonja, pero el Ayuntamiento iba a construir un aparcamiento y nos echó”. Otra mala carambola de la vida que le llevó a mudarse a Águilas, para buscar un futuro mejor para su familia, pero se convirtió en víctima colateral del citado desahucio de su casero y terminó en las garras del sinhogarismo.

Un banco de la Plaza de La Glorieta de Murcia se convirtió en su nuevo ‘domicilio’, a unos metros del Consistorio. Allí solía llevar sus pertenencias en un carrito de la compra, junto a ‘Kiki’: su fiel amigo.

José, durmiendo en el suelo, en la Plaza de La Glorieta, al lado del Ayuntamiento de Murcia. Cedida

- ¿Desde cuándo tiene a Kiki?

- José Fernández: Una vecina de Águilas me regaló al perro porque no podía tenerlo en casa, su casero se lo prohibió, y me lo dio siendo un cachorro con unos meses. Una vez me intentaron robar cuando dormía en la calle y 'Kiki' y yo le plantamos cara al ladrón. No nos separamos desde 2019.

De hecho, José, a sus 76 años, se negaba a entrar a una residencia o a una vivienda social de alguna ONG porque no podía llevarse a ‘Kiki’: un perrito cuyo pedigrí es la simpatía y que siempre ayudó a su dueño a mantener la sonrisa. La misma que le llevó a convertirse en el amiguico José de la abogada Noemí Nanut, de los trabajadores de la Pizzería Torino, de la Cafetería Tornasol, del Mercadona de Gran Vía...

“Yo siempre le veía sentado en el banco que hay junto a la salida del parking subterráneo del Ayuntamiento de Murcia”, según relata Noemí Nanut, letrada nacida en Buenos Aires. “Me saludaba con mucha educación, siempre iba con camisa, ni me imaginaba que era un vagabundo”.

Evidentemente, Noemí ató cabos porque a diario le veía plantado en el mismo sitio y empezó a pararse a charlar con él, incluso alguna vez le invitaba a tomar un café. Eran gestos simples, pero que evitaban que José se sintiera ignorado que es lo que le ocurre a la mayoría de personas que sufren el sinhogarismo, como si formaran parte del mobiliario urbano de muchas ciudades de nuestro país.

- ¿Cómo surgió la iniciativa de sacar a José de la calle?

- Noemí Nanut: En junio del año pasado, él me dijo que le ayudara a tener una 'casica'. José era una persona que se había ganado el cariño de los comercios de la zona, por su amabilidad, y me daba mucha pena verle durmiendo en la calle, cada vez que yo salía del despacho para regresar a mi casa. Así que puse en marcha una campaña solidaria.

Lo hizo en Teaming: una herramienta online para recaudar fondos para causas sociales, a través de micro donaciones de 1 euro al mes.

La abogada Noemí Nanut, este miércoles, con José, acariciando a su perro 'Kiki'. Badía

Al principio solo éramos siete personas". Pero empezaron a dar a conocer la historia de @amiguicojose abriéndole perfiles en TikTok y en Instagram que ya suman miles de seguidores, logrando en solo dos meses que una agente de la Policía Local le arrendara un cuarto a este anciano en la casa que alquila por habitaciones en la pedanía murciana de Espinardo.

Noemí acompañó a su amiguico en la entrevista con su casera y también le ayudó con los trámites bancarios para domiciliar el alquiler. "José tenía una pensión no contributiva de 500 euros al mes y en su banco le cobraban 20 euros por mantenerle la cuenta; 5 euros por consultar los movimientos bancarios; comisiones por sacar dinero...", critica la letrada. "Era una vergüenza: le cerré la cuenta y le ayudé a cambiar de entidad".

José ha aprendido a gestionar su pensión, pero tiene que pagar 400 euros mensuales fijos, por el alquiler de la habitación, la luz y el agua, sin contar la comida. El mes se le hace cuesta arriba con los 100 euros que le sobran y para no terminar otra vez en la calle depende de los donativos que recibe en Teaming. Así lo advierte su campaña: ·"El desafío continúa, su pensión apenas cubre sus necesidades básicas".

"Cada contribución destinada a este grupo permite garantizar que José y 'Kiki' mantengan un techo digno, con total transparencia y supervisión por parte de quienes gestionan la iniciativa. Este proyecto refleja cómo la solidaridad puede devolver dignidad a quienes toda la vida trabajaron por los demás. En España las ayudas a este colectivo (español, anciano, y con pensión mínima) son muy escasas", tal y como argumenta esta iniciativa.

La casa de Espinardo donde José ha podido alquilar una habitación. Badía

José lleva diez meses viviendo en Espinardo, nunca ha fallado a ninguna mensualidad y su carácter ya le ha valido la simpatía de más de un vecino que suele llevarle algún táper de comida. "Todos los días me levanto a las siete de la mañana", según explica al periodista mientras le muestra su colección de camisas y su otro tesoro: un reloj.

"Es un Lotus que me han regalado como las camisas". Parte de su ropero se lo debe a Cáritas como algún alquiler mensual de la habitación. Lo primero que José hace a diario en Espinardo es sacar a pasear a 'Kiki' hasta la Cafetería K'FE Kijano. Allí se toma un café.

Luego sube a su mascota en su transportín perruno y coge el autobús de línea, para ir a La Glorieta en Murcia "a saludar a mis amigos": desde empleados de tiendas y negocios hosteleros, a otros sintecho de los que no se olvida porque en aquella plaza pasó 7 años de su vida.

El momento documental

Después regresa a casa, pasadas las siete de la tarde, se prepara una sopa porque apenas le quedan dientes por los achaques de vivir en la calle durante más de un lustro y se mete en la cama. "Me pongo un documental y 'Kiki' se tumba a mi lado". La felicidad resumida en dos gestos.

El 'Amiguico José' no quiere ni pensar en volver a dormir al raso, sobre un banco o unos cartones para evitar el frío del suelo, pero tiene claro que si la vida le vuelva a mostrar la peor cara no pedirá limosna: "Yo no le pedía dinero a nadie porque eso es una deshonra".