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Miguel Hurtado no estará entre las víctimas de abusos sexuales que se reunirán con el papa León XIV durante su visita a España. Tampoco lo harán algunos de los supervivientes que durante los últimos años han encabezado las denuncias públicas contra la Iglesia católica, comparecido en parlamentos, impulsado asociaciones de afectados y presionado para que las instituciones eclesiásticas reconocieran una realidad que durante décadas permaneció oculta.

Su ausencia ha abierto una nueva disputa en torno a una cuestión tan sensible como compleja: quién representa hoy a las víctimas de la pederastia clerical y qué mensaje transmite la selección de quienes sí tendrán acceso al Pontífice.

Hurtado, una de las voces más conocidas del movimiento de víctimas en España, sostiene que el Vaticano y la Iglesia española han optado por reunirse con afectados vinculados a estructuras de atención y reparación impulsadas por la propia institución eclesiástica, dejando fuera a quienes han mantenido una posición más crítica. "Han escogido a quienes no incomodan", resume.

El primer denunciante del caso Montserrat, Miguel Hurtado, envía la carta dirigida al Papa León XIV a través del buzón de la Nunciatura Apostólica en Madrid Alejandro Martínez Vélez / EP.

El activista barcelonés, que sufrió abusos sexuales por parte del monje Andreu Soler en la Abadía de Montserrat cuando era adolescente, asegura que comprendió que no formaría parte de ese encuentro tras intentar, sin éxito, hacer llegar personalmente una carta al Papa.

A finales de abril había remitido un escrito a través de distintos canales eclesiásticos para pedir una reunión y advertirle de que consideraba un error su visita a Montserrat, un lugar que define como "la zona cero de la crisis de la pederastia clerical en Cataluña". Según relata, tampoco obtuvo respuesta.

La semana pasada acudió a la Nunciatura Apostólica en Madrid con la intención de entregar esa carta en mano. El gesto terminó convirtiéndose en un símbolo de la distancia que percibe entre las víctimas más combativas y la jerarquía eclesiástica.

Hurtado asegura que los responsables de la sede diplomática rechazaron recibirle, le indicaron que depositara la carta en el buzón y acabaron avisando a la Policía. "Cuando estaba siendo abusado sexualmente no había manera de que llamaran a la policía. Ahora me planto con una pancarta y llaman a la policía", lamenta.

Aquel episodio le confirmó, dice, que el activismo que representa resulta incómodo para quienes organizan este tipo de encuentros.

Figura central

Durante los últimos años, Hurtado ha sido una figura central en la presión ejercida sobre la Iglesia española para que reconociera la magnitud de los abusos sexuales cometidos en su seno. Ha participado en investigaciones periodísticas, ha impulsado campañas de denuncia, ha mantenido contactos con organismos internacionales y se ha convertido en uno de los rostros más visibles de un movimiento que reclama verdad, justicia y reparación.

Su caso contribuyó además a situar el foco sobre Montserrat, una de las instituciones religiosas más influyentes de Cataluña. No es el único que denuncia haber quedado fuera. Hurtado menciona a referentes históricos del movimiento de víctimas como JuanCuatrecasas, impulsor de la asociación InfanciaRobada, o ManuelBarbero, entre otros supervivientes que llevan años denunciando públicamente abusos y encubrimientos.

A su juicio, existe una diferencia clara entre quienes han optado por organizarse colectivamente y exigir cambios estructurales y quienes han preferido gestionar su experiencia de manera más privada. "Las víctimas que nos asociamos, hacemos piña y denunciamos públicamente somos incómodas, somos molestas", afirma. "Le damos deberes a los obispos y al Papa que no quieren hacer".

La Conferencia Episcopal Española rechaza esa interpretación. Fuentes eclesiales defienden que la reunión se ha organizado con criterios pastorales y de representación y niegan que exista un veto a determinados perfiles. Desde la institución sostienen que el objetivo es escuchar a víctimas procedentes de distintos ámbitos y recuerdan que la organización de un encuentro de estas características responde también a condicionantes logísticos y protocolarios.

La Santa Sede confirmó este lunes que León XIV se reunió durante la tarde, en la Nunciatura Apostólica de Madrid, con seis víctimas de abusos cometidos por miembros del clero y de la Iglesia en España. Según informó el Vaticano, el encuentro duró casi una hora y los asistentes, acompañados por personal eclesial dedicado al apoyo a víctimas, trasladaron al Pontífice propuestas para mejorar la respuesta de la Iglesia ante estos casos.

Reunión privada del Papa León XIV con víctimas de abusos en la Iglesia. EP.

El Papa, siempre según la versión oficial, les escuchó "con afecto y atención", les aseguró su cercanía y reafirmó su compromiso para que esas propuestas sirvan de base a nuevos esfuerzos de reparación y prevención. Además, reivindican el trabajo realizado durante los últimos años mediante oficinas de atención a víctimas, protocolos de prevención y mecanismos de acompañamiento.

Dos frentes

La discrepancia refleja dos formas distintas de interpretar el momento que atraviesa la Iglesia española. Para una parte de los supervivientes, los avances siguen llegando tarde y como consecuencia de la presión ejercida por los medios de comunicación, los tribunales, las asociaciones de víctimas y distintos organismos independientes.

Para la jerarquía, en cambio, existe un proceso de transformación que ha permitido reconocer errores, mejorar procedimientos y abrir espacios de reparación que hace apenas unos años parecían impensables.

El desacuerdo también alcanza al propio concepto de reparación. Hurtado sostiene que León XIV debería aprovechar su visita a Montserrat para comprometerse públicamente con la indemnización de todas las víctimas de pederastia clerical en España y con medidas simbólicas de reconocimiento.

Entre ellas propone la creación de un monumento dedicado a los afectados en la abadía catalana, uno de los lugares más visitados de Cataluña. "No deberían ser indemnizadas sólo las víctimas que les caen bien a los obispos", sostiene.

La controversia llega además en un momento especialmente delicado para la Iglesia. La lucha contra los abusos sexuales ocupó un lugar central en el pontificado de Francisco y continúa figurando entre las prioridades declaradas por León XIV.

León XIV saluda a una bancada del Congreso de los Diputados. Chema Moya Efe

Cada encuentro entre un Papa y las víctimas posee una dimensión que trasciende el ámbito privado. Porque también se interpreta como una declaración sobre quiénes son considerados interlocutores legítimos dentro de una de las mayores crisis que ha afrontado la Iglesia contemporánea.

Por eso la discusión abierta estos días va mucho más allá de una invitación. Detrás de los nombres que aparecen en la lista y de los que han quedado fuera se encuentran debates que siguen sin resolverse: el alcance de las indemnizaciones, la responsabilidad institucional, la independencia de los mecanismos de investigación y el papel que deben desempeñar quienes durante años denunciaron abusos cuando casi nadie quería escucharlos.

Cuando León XIV se reúne con las víctimas seleccionadas, la fotografía muestra a un grupo reducido de supervivientes junto al máximo representante de la Iglesia católica. Fuera de ese encuadre quedan otras voces que también forman parte de la historia de la pederastia eclesiástica en España y que sostienen que todavía no han encontrado el espacio que reclaman dentro de ese proceso de reparación.