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Cuando la semana pasada la UCO entró la sede del Partido Socialista Obrero Español, muchos contuvieron el aliento.

Mientras tanto, un solo hombre sostenía desde su despacho lo que en aquellas horas estaba marcando el pulso político y mediático de un país.

No era Pedro Sánchez, no. Además no estaba en Moncloa, sino en Roma.

En aquel despacho estaba quien había firmado la orden para facultar que los agentes de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil requirieran información que, de no ser entregada, motivaría la entrada y registro de la sede de Ferraz.

Los investigadores permanecieron allí recopilando documentación y dispositivos electrónicos hasta bien entrada la noche.

El hombre en su despacho era Santiago Pedraz.

El juez decano de la Audiencia Nacional, con una amplísima trayectoria, es otro de los magistrados que, como el juez José Luis Calama -instructor de la causa contra José Luis Rodríguez Zapatero- no son puestos en tela de juicio por sus instrucciones. Ni a la derecha ni a la izquierda. Ya no.

A Pedraz, por investigar actualmente el 'caso Leire', no osa nadie mezclarlo con el anglicismo lawfare. Un estatus que se ha ganado a pulso.

¿Es hoy el azote del PSOE?. Puede, pero mucho antes lo fue del PP. Pedraz llevó una parte del caso Gürtel sobre supuestos pagos de empresarios, que no pudieron comprobarse, y lo acabó archivando.

Del juez Pedraz saben todos que no le tiembla el pulso y, por tanto, también son conscientes de que conoce bien qué es la presión.

Santiago Pedraz, el "brillante" juez a los 26 que relevó a Garzón y enmendó a Marlaska

Todas las fuentes consultadas para sustentar este reportaje destacan de él, coincidentes, su extraordinaria independencia a lo largo de su carrera judicial.

¿Por ejemplo? Hace catorce años logró poner de acuerdo al PP y al PSOE. Hoy, un milagro. Aunque fuera para unir a ambos partidos en su contra.

Lo logró al archivar la causa del 25-S, abierta para investigar a 8 activistas por desórdenes públicos, tras haber rodeado el Congreso en 2012. Los últimos coletazos de las acampadas de Sol se saldaron con 34 detenidos y 64 heridos, 27 de ellos policías.

Con el archivo, el entonces portavoz del PP, Rafael Hernando, le llamó 'pijo ácrata'. El secretario de Formación del PSOE, Rafael Simancas, lo tildó de "lenguaraz" y en su cuenta de X escribió, irónico, si "habrán quitado los espejos del juzgado". En los dos ataques primó el dudoso criterio de intentar menoscabarle profesionalmente atacando su apariencia física.

Lo cierto es que por su despacho de la Audiencia Nacional han pasado parte de los sumarios más candentes de la historia reciente de España: desde la lista de defraudadores fiscales del caso Falciani, el desafío independentista catalán y el dolor del terrorismo de ETA.

También abrió juicio oral contra Jordi Pujol Soley y sus siete hijos, e impuso una fianza de 7'5 millones a Jordi Pujol Ferrusola. Les imputó delitos como asociación ilícita, blanqueo de capitales, delito continuado de falsificación de documento mercantil, 7 delitos contra la Hacienda Pública y delito de frustración de la ejecución.

Una causa que se enjuicia precisamente en estos días.

Polémico para unos, audaz para otros, Pedraz es el juez que ha demostrado que se puede estar en el epicentro jurídico y en el huracán mediático sin perder el pulso de una firma que no teme los formalismos del poder.

Fuentes judiciales consultadas por el ESPAÑOL lo definen como un magistrado "meticuloso y muy ordenado, que domina y conoce la materia". Además es "muy garantista: si tira para delante con algo es porque los indicios son contundentes".

En el ámbito personal es "reservado, callado y humilde". En principio, y por esos tres adjetivos parecería que "nada llamado a destacar, pero... es muy, muy divertido. Es de los que sabe dónde ir a comer y a tomar una copa, y se atiende siempre a sus recomendaciones".

Orígenes

La historia del juez Pedraz no se entiende sin la tinta y el papel. El próximo jueves cumplirá 68 años, y es el mayor de los siete hijos del célebre periodista Santiago Pedraz Estévez, subdirector de la Agencia EFE y corresponsal en Hispanoamérica.

Sus primeros siete los pasó en Costa Rica. Él mismo los recuerda subido a una bicicleta junto con su padre y sus hermanos. Se trata de una afición que continuó al regresar a Salamanca y que sigue practicando. Lo rememoró en una de las escasísimas entrevistas que ha concedido.

Fue en la revista Ciclosfera en el año 2013. En ella sostuvo que "es verdad que los órganos de gobierno de los jueces están determinados por la política de nombramientos, pero en España los jueces son independientes. Y conviene recordarlo".

Porque, aseveró hace 13 años, "existe una separación de poderes. El problema es hasta dónde se exceden el poder legislativo y ejecutivo al intentar invadir esferas que corresponden al judicial. En ese sentido, creo que hay mucho por mejorar".

El joven Santiago Pedraz optó por estudiar Derecho. Más de cuatro décadas después, en la Facultad de Salamanca, "aún se le recuerda por su brillantez", comenta a este periódico un profesor, pocos años menor que Pedraz y que pese a no coincidir temporalmente, comenta que su poso, como egresado, dejó impronta.

Luego opositó a juez, aprobó las durísimas oposiciones y con solo 26 años, en 1984, recaló en Villacarrillo (Jaén), sustituyendoa un entonces desconocido magistrado: Baltasar Garzón.

Comenzaba así un periplo por varios Juzgados en Andalucía. De Villacarrillo a Almería, y de Almería a Cabra (Córdoba). Cuando llegó a la Audiencia Nacional en 2005 habían pasado veinte años desde que estuviera como juez titular en los juzgados de la localidad cordobesa.

Aun así, en Cabra se le recordaba como "el mejor juez que hemos tenido. Cuando llegó había un volumen de trabajo atrasado enorme y enseguida lo adelantó".

Tras Córdoba llegó el momento de ejercer en el País Vasco. El de los años duros, donde se acostumbró a vivir con escolta y donde sus propios compañeros lo eligieron juez decano de San Sebastián.

El juez Pedraz, hace unos días, entrando en la Audiencia Nacional. EFE

Luego pasó por el Consejo General del Poder Judicial como letrado jefe de Formación de la mano de Juan Alberto Belloch, entonces vocal a propuesta del PSOE y luego ministro de Felipe González.

A continuación Pedraz regresó a la justicia ordinaria como titular del Juzgado de Instrucción número 26 de la Plaza de Castilla. Su siguiente plaza fue en la Audiencia Provincial de Madrid.

Trabajar a destajo para agilizar las causas, como hizo en sus primeros destinos, lo hizo también en estos. Cabe reseñar que un estudio realizado por el Colegio de Abogados en 1999 llegó a distinguir al Juzgado número 26, el suyo, como uno de los más ágiles y rápidos de la capital.

La Audiencia Nacional

Pedraz llega formalmente a la primera línea de la Audiencia Nacional en mayo de 2005 para hacerse cargo del Juzgado Central de Instrucción número 1.

¿A quién sustituye? Al juez Guillermo Ruiz Polanco, suspendido por el Consejo General del Poder Judicial por varios retrasos "injustificados en el ejercicio de sus competencias" que habían provocado la puesta en libertad de varios presuntos miembros de ETA.

Allí instruyó el caso que lo catapultó mediáticamente: el del cámara José Couso durante la guerra de Irak.

Fue su bautismo de fuego internacional. El magistrado no dudó en desafiar las presiones diplomáticas para investigar la muerte del cámara de televisión español José Couso, fallecido en el Hotel Palestina de Bagdad en 2003 por fuego de un tanque estadounidense.

Pedraz llegó a dictar órdenes de detención internacional contra tres militares de EEUU e incluso viajó a Irak para realizar una reconstrucción de los hechos sobre el terreno. Aquel episodio cimentó su fama de juez independiente, ajeno a los dictados de la geopolítica.

Luego pasó al icónico Juzgado Central de Instrucción 5.

Es el Juzgado que ocupó Baltasar Garzón hasta su suspensión cautelar por el CGPJ, en 2010, previa a su inhabilitación por el Supremo en 2012.

Garzón instruyó allí causas memorables como el 'caso GAL', la 'operación Nécora' o el proceso contra el dictador chileno Augusto Pinochet, los crímenes del franquismo o el germen de la trama Gürtel, por la que fue condenado al ordenar escuchas a los abogados de las defensas mientras hablaban con sus clientes.

Pero primero Pedraz estuvo en situación de interinidad, sustituyendo a Garzón o a Fernando Grande-Marlaska, estando éste ultimo también en calidad de magistrado sustituto.

Allí, sustituyendo al ahora ministro de Interior, dictó uno de los primeros autos que lo puso en el disparadero. Concluyó no procesar a Iñaki de Juana Chaos por enaltecimiento del terrorismo por dos artículos que publicó en Gara.

Fernando Grande-Marlaska era quien llevaba el caso de del histórico etarra tras la marcha de Garzón, quien había cogido una excedencia para irse a Estados Unidos. Pasó a sustituir al juez en excedencia, y por una carambola, Pedraz sustituyó al juez sustituto.

Marlaska había impedido que De Juana, condenado a 3.000 años de prisión por 25 asesinatos, fuera excarcelado después de 18 años entre rejas. Lo evitó imputándole nuevos delitos por esos artículos en Gara.

Tras el auto de Pedraz, que originó un enorme revuelo, la Fiscalía presentó un recurso y la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional revocó el auto y ordenó a Pedraz que lo procesara, ratificando su prisión provisional.

Pedraz obtuvo la plaza definitiva en su actual Juzgado de la Audiencia Nacional tras un complejo baile de nombres.

Sustituyó primero al juez José de la Mata tras su nombramiento como representante de España en Eurojust, la agencia de la Unión Europea para la cooperación judicial en La Haya.

No fue hasta 2020, y por antigüedad, cuando lo logra, superando a la magistrada Mercedes Alaya. Es entonces cuando le toca instruir la parte final del 'caso Gürtel' y el 'caso del 3%' del entorno de los Pujol.

Su nombre ha vuelto a cobrar una relevancia de primer orden tras asumir investigaciones de enorme calado vinculadas a la 'fontanera' del PSOE Leire Díez, a la sede socialista de Ferraz y a la propia Dirección de la Guardia Civil, demostrando que su Juzgado sigue siendo uno de los epicentros de las sacudidas políticas del país.

Fuentes jurídicas consultadas dicen del juez Santiago Pedraz que es "muy bueno como juez, muy brillante. Debería optar a una plaza en el Tribunal Supremo, porque tiene talla y tiene cabeza".

Además de su inteligencia, subrayan que es "muy trabajador: no se le escapa una y lleva todos sus procedimientos al día. Tiene un trato exquisito con todos y los funcionarios de su Juzgado están encantados con él". Porque es, además, "muy humano, algo muy importante a la hora de trabajar, y que no todos los jueces tienen".

Además, subrayan que es "muy constante, y sus instrucciones las deja muy hilvanadas y controladas. Le da igual echar 9 horas que 14". Y, de facto, las echa. "Nos lo encontramos muchos días saliendo a las 9 de la noche sin que esté de guardia".

A los juristas que han trabajado en alguna ocasión con él les llama la atención que durante la toma de declaraciones, "presta atención absoluta, es exquisito y toma notas... y es capaz de preguntar por algo que han dicho 5 minutos antes: no se le va una, es inteligentísimo. En conjunto, es una rara avis".