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El brillo y sombra de Fernando Carrillo (Caracas, 1966) ha durado prácticamente lo mismo: dos décadas. Su auge empezó en los 80, cuando el actor y músico cautivó a una generación por ser uno de los galanes de las telenovelas.

Estaba en la cima. Era uno de los hombres más deseados del momento. Y en 1988 se conoció que, durante la grabación de la novela Abigail, Carrillo conoció a Catherine Fulop, la mujer con quien se casó en 1990.

Estuvieron juntos durante cuatro años. En ese tiempo contrajeron matrimonio de forma civil y, algunos meses después, por la iglesia.

Pero lo que se recuerda es la confesión del actor hacia su prometida, en la noche que unieron sus vidas de forma cristiana.

Allí, Carrillo le contó a Fulop que cuando se casaron por lo civil y cada uno regreso para su casa (vivían con sus papás), él le fue infiel.

"Él me contó que fue con una vecina en el ascensor, cuando volvía a casa. Supuso que a mí me pasaba como a él, que a cada dos pasos se le regalaban, entonces me lo contó para empezar desde cero, ya que nos habíamos casado", contó Fulop hace varios años en el programa Podemos Hablar.

Esa fue una de sus primeras sombras. Aún así, el actor venezolano seguía teniendo una juventud llena de éxito en la televisión. Tanto así que entre 1986 y 2002 grabó 13 novelas.

Pero el éxito, al igual que la vida, también tiene una fecha de caducidad. En su caso no fue por la edad. Tampoco por un mal papel.

"Me castigaron por mi postura política. Me cerraron las puertas y eso me ha afectado porque no puedo hacer lo que más amo", asegura Carrillo para EL ESPAÑOL.

Izquierda y Delcy

La noche del 9 de noviembre de 2003 se emitía el programa número 171 de Aló Presidente, el cual era conducido por Hugo Chávez.

Este consistía en que el exmandatario se comunicaba con algunas personas mediante llamadas telefónicas y les contaba cuáles iban a ser las nuevas políticas gubernamentales.

La llamada de esa noche fue para Fernando Carrillo. Todo estaba planeado y el actor, sin dudarlo, expresó su apoyo hacia Chávez.

"Esa noche cambió mi destino artístico. He tenido que vender propiedades en México para poder vivir y no he hecho absolutamente nada malo. Quiero volver a actuar, pero haber expresado mi opinión me cerró puertas. Pero no me arrepiento de ello", asegura Carrillo.

Una parte de él creyó que ese exilio artístico no tendría una memoria. Tocó puertas en México, España, Estados Unidos y Argentina, pero ninguna se abrió.

Dos años después, en 2004, conoció a Delcy Rodríguez, actual presidente encargada de Venezuela, tras la captura de Nicolás Maduro.

En la primera conversación que tuvieron encontraron un punto en común: sus padres. El de Rodríguez había sido torturado y asesinado por la Cuarta República, mientras que el de Carrillo fue encarcelado y golpeado.

La química fue instantánea. Y ambos, desde ese entonces, estaban en la búsqueda de cómo poder aportar a nivel de comunicaciones lo que estaba haciendo Hugo Chávez en Venezuela.

A partir de allí, ambos establecieron una relación sentimental que dejó marcado a Carrillo. "Delcy es una mujer valiente, noble y siempre hemos tenido una gran admiración mutua. Fue uno de los grandes amores de mi vida", agrega.

Amor

Duraron tres años. Ese tiempo, en diversas entrevistas, el actor venezolano lo ha calificado como uno de los más especiales en su vida.

"De Delcy solo tengo cosas lindas que decir. Es leal, honesta y siento que ha sido juzgada injustamente a nivel internacional", agrega.

Con la actual presidente encargada de Venezuela, Carrillo sostuvo una relación durante casi tres años. En ese entonces, ella lo visitaba en Los Ángeles cada cierto tiempo. "Terminamos por mi inmadurez", asegura Carrillo.

Además, añade que siempre tuvo una buena relación con Chávez y con Maduro. También que cree en la continuación de ese proyecto político.

Para él es distante lo que ha vivido Venezuela durante más de dos décadas. Considera que su país ha tenido un crecimiento "vertiginoso", pero que la imagen internacional se debe a una "pésima política comunicacional".

Es decir, no se debe a las represiones que sufrieron los opositores, tampoco a los presos políticos y mucho menos a la escasez de alimentos.

En su imaginario, Venezuela no se trata de una nación en la que, por ejemplo, más de 130 personas fueron asesinadas durante las protestas de 2017.

Para Carrillo, en su país se vive bien, pero, en su concepto, "los verdaderos bandidos del universo andan libres y cometiendo genocidios como el de Palestina, donde se matan niños a diestra y siniestra, y nadie dice nada", afirma.

Aislamiento

Después de finalizar su relación con Delcy, el actor seguía sin encontrar trabajo en una telenovela. Desde su última aparición ya habían pasado siete años.

No fue hasta 2010 que volvió nuevamente a actuar en Soy tu fan, una producción que se realizó en México.

Pero eso no cambió su suerte. El gremio internacional continuaba tachándolo por su postura política y los trabajos, que antes eran casi anuales, se convirtieron en una suerte efímera.

Sus últimas dos actuaciones para la televisión fueron en 2017 y 2018. Desde entonces, nadie ha vuelto a llamarle y ha tenido que dedicarse a otros proyectos, como uno de turismo que está realizando en las Islas Margarita de Venezuela.

Su postura tampoco ha cambiado. "Nuestra presidente encargada nos hace tener fe. Ahora regresó de un viaje exitoso en la India y seguiremos creciendo", asegura.

Frente a la situación de Nicolás Maduro y su esposa, señala que ese matrimonio "es el simbolismo del amor de telenovela verdadera. En su casa se respiraba ternura y dulzura".

También afirma que "pronto volverá el presidente Maduro. No tiene ningún cargo que se le pueda imputar".

El brillo y la oscuridad de Carrillo han tenido el mismo tiempo: dos décadas. En una parte, cuando obtuvo ese pico de éxito, decidió apoyar a Chávez, Maduro y Delcy.

Después llegó el periodo de oscuridad. Esa luz ahora parece una estrella distante, de la cual solo puede conservar los coletazos de sus recuerdos: un matrimonio fallido, un amor que no olvida y un apoyo político que lo sepultó profesionalmente.