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Cuando el papa León XIV llegue este sábado a España para una visita de seis días que lo llevará por Madrid, Barcelona y las Islas Canarias, millones de personas seguirán cada uno de sus movimientos.

Habrá misas multitudinarias, encuentros institucionales y un operativo de seguridad que lleva meses preparándose. Los papamóviles que utilizará durante el viaje ya están en territorio español y permanecen bajo custodia policial.

Detrás de esa maquinaria perfectamente engrasada hay decenas de personas que trabajan lejos de los focos. Policías, escoltas, responsables de logística, pilotos y conductores.

Entre ellos está Fernando, un inspector de la Policía Nacional que conoce como pocos lo que significa trasladar a un Pontífice entre multitudes.

Hace 16 años, cuando Benedicto XVI visitó Barcelona para consagrar la Basílica de la Sagrada Familia, fue el hombre elegido para ponerse al volante del papamóvil.

Mientras España se prepara para recibir a León XIV, aquel recorrido sigue siendo uno de los recuerdos más intensos de su vida profesional.

En una entrevista concedida exclusivamente a la Archidiócesis de Madrid, Fernando recordó que su elección no respondió a ninguna convocatoria especial ni a una candidatura interna. Simplemente era uno de los hombres que reunía las condiciones necesarias para una tarea excepcional.

"Se elige a la persona más adecuada en cada momento", explicó.

Por entonces trabajaba en el grupo de incidencias de turismos de la Policía Nacional dentro del Parque Móvil del Estado. Tenía experiencia, todos los permisos de conducción posibles y estaba acostumbrado a manejar vehículos complejos.

Eso bastó para que sus superiores lo señalaran como uno de los candidatos idóneos para el dispositivo.

"Tuve la suerte y el honor de ser su conductor en Barcelona", recordó.

La visita de Benedicto XVI a España en 2010 se repartió entre Santiago de Compostela y Barcelona. Un compañero suyo condujo el vehículo en Galicia. A Fernando le tocó Cataluña.

Lo que muchos desconocen es que el papamóvil no espera al Pontífice en cada país. También viaja.

La llegada al aeropuerto de Barcelona del papamóvil en un avión militar español en 2010 EFE

Fernando contó durante el podcast de la Archidiócesis de Madrid que, en aquella época, el vehículo era trasladado desde Roma en un avión militar español. El procedimiento comenzaba en el aeropuerto de Ciampino, en Roma, donde era cargado en una aeronave del Ejército del Aire para volar hasta España.

En su caso, tuvo que viajar personalmente hasta Italia para recoger el vehículo que utilizaría Benedicto XVI en Barcelona.

"Fuimos con un avión del Ejército del Aire, allí se cargó el papamóvil y lo trajimos a España", explicó.

A simple vista parece un automóvil más. Pero cuando uno se acerca descubre que está lejos de serlo.

"No es complicado conducirlo. Es muy fácil porque es un vehículo automático", contó.

La dificultad aparece cuando se conocen sus dimensiones: "Son cerca de 4.500 kilos lo que pesa".

El motivo es el blindaje. La cabina donde viaja el Papa está rodeada por cristales de seguridad y una estructura reforzada diseñada para resistir ataques. Todo ese peso altera el comportamiento del vehículo y obliga a extremar las precauciones.

"Tiene la parte de atrás que es todo cristal blindado y muy elevado", explicó.

Por eso incorpora un limitador de velocidad, "tiene un limitador que no pasa de 70".

La razón es sencilla: la seguridad.

"En alguna curva incluso podría volcar", dijo.

La frase provoca una sonrisa cuando la cuenta hoy, pero en aquel momento no tenía nada de graciosa. Conducir al jefe de la Iglesia católica ante cientos de miles de personas implicaba una responsabilidad difícil de comparar.

"Mucha emoción, mucha responsabilidad y un gran honor", resumió.

Durante su carrera participó en dispositivos vinculados a otros líderes internacionales. Sin embargo, asegura que una visita papal es diferente.

"Lo que pasa es que mueve muchísima más gente que cualquier otro jefe de Estado".

Ni presidentes ni monarcas generan una movilización semejante.

"El Papa mueve multitudes".

Eso obliga a multiplicar los controles, reforzar la seguridad y planificar cada detalle con meses de antelación. Algo que, según contó, también está ocurriendo ahora con la visita de León XIV.

El Papa Benedicto XVI durante su visita en Barcelona saludando a los fieles. EFE

De hecho, Fernando volverá a formar parte del dispositivo de seguridad desplegado para la llegada del nuevo Pontífice a Canarias.

Esta vez, sin embargo, no estará al volante.

Según explicó en la entrevista, las normas cambiaron con los años y actualmente son conductores del Vaticano quienes manejan el vehículo.

"Ahora el conductor lo pone el Vaticano".

La noticia le produjo cierta decepción. Había sido considerado para volver a desempeñar aquella tarea, pero finalmente no ocurrió.

"Esta vez he estado a punto, pero no lo he conseguido".

Lo acepta con deportividad. Después de todo, muy pocos pueden presumir de haberlo hecho una vez.

"Aquí en España, que yo sepa, cuatro, se pueden contar con los dedos de una mano a quienes hayan llevado el papamóvil".

La mañana de aquel recorrido por Barcelona todavía permanece grabada en su memoria.

No recuerda haber sentido nervios excesivos. "Un poquito sí", admite.

Pero había algo más fuerte que la ansiedad, Fernando estaba peocupado "porque las cosas salieran bien".

La situación política catalana atravesaba momentos delicados y existía inquietud por posibles incidentes durante el trayecto.

Finalmente no ocurrió nada.

"Gracias a Dios salió todo perfecto".

Mientras el Papa saludaba a los fieles, Fernando permanecía concentrado exclusivamente en conducir.

Quienes imaginan que el conductor disfruta de una vista privilegiada de la multitud se equivocan: "No veía nada más", contó.

Su atención estaba puesta en el recorrido, en las instrucciones de seguridad y en el comportamiento del vehículo.

"Iba pendiente de lo mío".

Tampoco tuvo demasiada interacción con Benedicto XVI.

El habitáculo donde viaja el Pontífice está separado del puesto de conducción y la comunicación se realiza mediante un interfono. "A no ser que ellos te hablen por el interfono, no hablas con él".

El encuentro más cercano llegó al finalizar la jornada.

Como ocurre habitualmente, se organizó una recepción para quienes habían participado en el dispositivo de seguridad. Allí pudo acercarse al Papa, saludarlo y besar el anillo pontificio.

Recuerda el momento, aunque no cada palabra.

"Exactamente no, porque además él me habló en italiano".

Más allá de la anécdota, la experiencia tuvo para él una dimensión personal.

Fernando se define como cristiano practicante y reconoce que eso influyó en la forma en que vivió aquella responsabilidad.

"Yo soy cristiano y lo siento mucho más".

Por eso marca una diferencia con cualquier otro dirigente internacional.

"Llevar al Papa, al Santo Padre, no es lo mismo que llevar a la reina de Inglaterra o al presidente de Estados Unidos".

Su respuesta se vuelve más emocional cuando le preguntan qué significó aquella experiencia.

"Es una cosa que lo llevaré siempre dentro y que no lo olvidaré nunca".

Ni siquiera su extensa experiencia al volante logra eclipsar ese recuerdo.

Fernando tiene todos los permisos de conducción terrestres. Ha manejado motocicletas, autobuses, furgones, vehículos blindados e incluso blindados militares durante su paso por el Ejército.

Pero cuando le preguntan cuál fue el vehículo más especial de su vida, no duda.

"El papamóvil, por supuesto".

Ni siquiera los blindados militares entran en la comparación.

"Eso lo puede llevar cualquiera. El papamóvil no".

Entre todos los recuerdos de aquel día hay uno que todavía lo hace reír.

Algunos asistentes lo reprocharon después haber conducido demasiado rápido.

La realidad, según su versión, era bastante distinta.

Por cuestiones de seguridad, los responsables del operativo le transmitían constantemente instrucciones a través del auricular.

El papa durante su traslado hacia la Sagrada Familia en su visita a España en 2010. EFE

"Me iban diciendo: acelera, acelera".

Fernando intentaba explicar que estaba manejando una mole blindada de casi cuatro toneladas y media, rodeada de gente y atravesando calles repletas de espectadores.

"Yo iba más despacio de lo que me habían dicho".

Aun así, las críticas llegaron.

"Hubo gente que me dijo que iba muy deprisa".

Con los años, aquella observación terminó convirtiéndose en una anécdota más de una jornada irrepetible.

Ahora, mientras León XIV se prepara para recorrer España y miles de personas esperan verlo pasar por las calles de Madrid, Barcelona o Canarias, Fernando volverá a estar allí.

No ocupará el asiento del conductor, pero seguirá formando parte del engranaje que hace posible una visita de estas dimensiones.

Hacia el final de la conversación con la Archidiócesis de Madrid, los conductores del programa le propusieron un ejercicio imaginario: ¿qué haría si durante la visita de León XIV se encontrara a solas con el Papa en un ascensor?

Fernando no tardó en responder.

"Si le falla el conductor que trae del Vaticano aquí me tiene".

Quizá sea una broma. O quizá no tanto. Porque algunas experiencias dejan una huella difícil de borrar. Y para Fernando, aquel recorrido por las calles de Barcelona sigue siendo el viaje más extraordinario de su vida.