"Empiezo a pensar que todo esto se está volviendo demasiado difícil. Como la planificación se está volviendo más difícil durante el puente, ahora mismo estoy pensando en reunirme con Sarah y las pequeñas en Sotogrande unos días, lo cual sería muy importante y positivo para las niñas, en lugar de cruzar el charco".
El párrafo anterior es una transcripción literal y forma parte de los archivos Epstein. Data del 24 de agosto de 2002. Fue enviado a Ghislaine Maxwell, condenada en 2022 a 20 años de prisión por explotación sexual de menores por su papel -era piedra angular- en la monstruosa trama pedófila de Jeffrey Epstein.
"Por favor, ¿me darías permiso para hacerlo?", continúa el correo. "Soy consciente del síndrome de la 'mejor oferta', pero en este caso no sería así... ¡creo! Avísame cuando te levantes. Toneladas de amor, A". La 'A' es de Andrew. Andrés de Inglaterra, en España.
Para comunicarse con la lugarteniente de Epstein, y con Epstein mismo, utilizaba un correo denominado 'the invisible man'. Cruzar el charco era ir a Estados Unidos, y Andrés de Inglaterra había decidido que iba a reunirse con su exmujer, Sarah Ferguson, y sus dos hijas en Cádiz.
Desde el año 2000, ya separada del príncipe Andrés, ella ya alquilaba todos los veranos una mansión en Sotogrande (Cádiz), a un tiro de piedra de Gibraltar y a otra pedrada de Marbella.
Justo ayer, Andrés de Inglaterra cumplió 66 años y fue detenido en su residencia, en Londres. Y a Sotogrande dejó de venir en 2020, por miedo a ser detenido fuera de Reino Unido.
Extracto del correo enviado a Ghislaine Maxwell por el expríncipe Andrés, dentro de los archivos Epstein.
De hecho, Andrés de Inglaterra convirtió Sotogrande en uno de sus refugios discretos en el sur de Europa, y lo utilizó de manera especialmente intensa como búnker personal cuando el escándalo Epstein estalló en 2011 y se recrudeció mediáticamente a partir de 2019. Allí, en Cádiz, también ejercía de hombre invisible.
Primero llegó Sarah, y al menos, desde 2009, Andrés y su exmujer alquilaban juntos cada verano una villa en la urbanización de lujo de Sotogrande (San Roque, Cádiz), donde aprovechaba para jugar al golf en el vecino club de Valderrama, uno de los más exclusivos de Europa donde el hijo de la reina Isabel II era socio de honor.
La rutina se repetía cada año: vuelo privado a Málaga, traslado en coche con escolta a la villa y jornadas entre greenes, mar y urbanizaciones cerradas que garantizaban privacidad frente a la prensa.
Sotogrande ofrecía exactamente lo que buscaba un miembro caído en desgracia de la realeza: urbanización cerrada, alta presencia de fortunas internacionales, vigilancia estricta y una prensa local algo más tímida, en comparación con la inglesa.
El círculo perfecto lo completan otros enclaves andaluces, entre la Costa del Sol y la Costa de la Luz, donde la familia se movió con naturalidad durante años.
Mientras su exmujer, Sarah Ferguson, y sus hijas sí hacían cierta vida social, como acudir a fiestas en Marbella o ejercer de madrina, en el caso de Sarah, en trofeos de polo en la Casa Club, Andrés apenas salía de la urbanización. Excepto para jugar al golf y tomar algún aperitivo en el interior del recinto.
La única vez en la que se pudo ver a la pareja fue en Cancha Asador, un restaurante argentino cerca del club de polo de Guadiario (Sotogrande). Allí, el cuerpo de seguridad del todavía miembro de la familia real británica inspeccionó el local y se acordonó un reservado para que la pareja cenara con privacidad.
La inflexión
El verano de 2019 marca un punto de inflexión: Epstein ingresa en prisión el 9 de julio, por lo que el caso vuelve a estallar a ambos lados del Atlántico.
En paralelo, trasciende que el pederasta tendría unos documentos que acreditarían que el aristócrata habría tocado el pecho de una "joven colegiala" llamada Johanna Sjoberg en la casa de Epstein en 2001. Andrés huye de la presión mediática británica refugiándose, primero, en Balmoral. Luego, en Sotogrande.
Epstein muere en prisión el 10 de agosto de 2019 mientras Andrés se encuentra en Escocia pasando las vacaciones con la familia real. Dos días después del aparente suicidio del proxeneta, su exmujer acude a verlo y deciden volar a España.
El duque de York aterrizó en Málaga en un jet privado junto a sus hijas Beatriz y Eugenia, y se dirigió directamente a una villa en Sotogrande “tras escapar del frenesí mediático” en el Reino Unido, donde su amistad con Epstein volvía a acaparar los titulares.
El príncipe Andrés de Inglaterra, en el funeral de Constantino de Grecia en el castillo de Windsor, en febrero de 2024.
Allí, la gran pregunta era por qué siguió frecuentando al millonario norteamericano incluso tras su condena por delitos sexuales en 2008.
Mientras el príncipe Andrés jugaba al golf en Guadarrama, uno de los clubes de golf más elitistas del mundo, el lugar dejó de ser un refugio el que poder guarecerse de la tormenta. Unas imágenes suyas en el green gaditano hacen que el duque de York comience a plantearse no regresar.
Su situación institucional se degradó definitivamente tras su desastrosa entrevista en BBC Newsnight en noviembre de 2019. Por dos veces negó arrepentirse de haber conocido a Jeffrey Epstein, entre otras afirmaciones, como la de considerarse a sí mismo "demasiado honorable".
La detención en julio de 2020 de Ghislaine Maxwell, la amiga común entre Andrés y Epstein, provocó que cancelase su viaje habitual a España. Estaba, según la prensa británica, "demasiado nervioso" para salir de Reino Unido mientras EEUU le investigaba ya por el caso Epstein. Tenía "miedo a ser detenido" fuera de su país, o que allí recibiera "una petición de cooperación judicial".
De 2020 a 2022, con la presión judicial y mediática al alza -incluida la demanda civil por abuso sexual presentada por Virginia Giuffre y finalmente resuelta extrajudicialmente en 2022-, cada movimiento de Andrés queda bajo lupa.
Los medios que antes apenas mencionaban sus veranos en Cádiz comienzan a rastrear todos sus movimientos por el sur de Europa.
A todo esto se suma la investigación policial abierta en 2026 en Reino Unido por el supuesto envío de informes comerciales confidenciales a Epstein, que han vuelto a situarle en el centro de un posible delito de “mala conducta en un cargo público”.
En su entrevista con la BBC de noviembre de 2019, Andrés narró que su encuentro en Nueva York en 2010 con Epstein fue para poner fin a su amistad. La serie de fotos difundidas este mes fueron tomadas en aquella visita. Duró 9 días, se alojó en el apartamento de Epstein, y aparece a cuatro patas sobre una joven inerme.
Ayer jueves, 19 de febrero, un total de seis vehículos de la Policía irrumpieron en el domicilio del exduque de York, en Sandringham, para detenerlo.
