En los mensajes de Koldo García publicados por EL ESPAÑOL hay una frase que no pertenece del todo al género judicial ni al político. Pertenece, más bien, a la psicología de la proximidad: "Begoña y el presidente acaban de contestarle a Zurab".
No dice "al secretario general", ni "al responsable del organismo", ni siquiera "a Pololikashvili". Dice "a Zurab". Nombre de pila. Confianza. Un trato de interlocutor. La idea de que, en algún momento, la cadena de mando —Moncloa, ministerios, un organismo de Naciones Unidas— pudo volverse una agenda de teléfono.
Zurab Pololikashvili (Tiflis, 1977) es, desde enero de 2018, el rostro de ONU Turismo (la antigua Organización Mundial del Turismo). Llegó a la cúspide del turismo global sin venir del turismo.
Ese detalle, que en otros perfiles sería una nota al pie, aquí es parte del personaje: Pololikashvili es un producto de la diplomacia y del poder ejecutivo, no de la hostelería.
Se formó en banca, trabajó en el sector financiero y llegó a dirigir el Dinamo Tbilisi, el gran club de fútbol de su país, antes de incorporarse a la política exterior y al Gobierno de Georgia.
Zurab Pololikashvili, en una imagen de archivo difundida por ONU Turismo a los medios.
Su nombre vuelve ahora al primer plano no por una causa judicial propia, sino por su aparición en el perímetro de relaciones que dibujan los mensajes intervenidos a Koldo García, donde figura como interlocutor dentro de una red de contactos que incluía al empresario Víctor de Aldama, al grupo Globalia y a responsables ministeriales.
En ese ecosistema de proximidades se cruzan dos figuras con las que mantuvo relación profesional: Begoña Gómez, con quien exploró proyectos de colaboración educativa en el marco de la OMT y del IE Africa Center, y Javier Hidalgo, entonces CEO de Globalia (Air Europa), socio estratégico de iniciativas impulsadas por el organismo.
Ninguno de esos vínculos es constitutivo por sí mismo de delito, pero ayudan a entender por qué su figura aparece asociada al relato de poder, agenda y mediaciones que hoy vuelve a situarlo en el foco público.
Embajador con ventaja
España no fue un destino más en su currículum: fue una plataforma. Pololikashvili fue embajador de Georgia en Madrid —también ante Andorra, Argelia y Marruecos— desde 2006, y años después regresó a la representación diplomática.
En paralelo, el salto a la ONU Turismo, cuya sede histórica está en Madrid, lo situó donde mejor se mueve un diplomático con ambición: en el país anfitrión, cerca de ministros, ferias, empresarios y fotografías.
En su biografía oficial, el relato es limpio: "transformación", "agenda", "educación", "innovación", "África". Bajo su mandato, la organización impulsó la digitalización, la inversión público-privada y los programas de formación online, y ganó peso dentro del sistema de Naciones Unidas.
Su vínculo con Madrid no fue solo institucional ni llegó con la OMT. Años antes de instalarse en la capital como embajador de Georgia, Pololikashvili pasó por las aulas del IE Business School, donde cursó el Global Senior Management Program (GSMP), un programa ejecutivo dirigido a altos cargos y directivos internacionales.
Zurab Pololikashvili, durante una reunión con Don Felipe VI, con quien evaluó cómo la pandemia afectó al sector turístico, el pasado 28 de abril de 2020.
Él mismo ha citado esa etapa como una de las razones de su relación fluida con el Instituto de Empresa, que más tarde se convirtió en socio académico de proyectos impulsados desde la OMT.
Esa conexión fue su justificación para que su agenda se cruzara después con iniciativas vinculadas al IE Africa Center, dirigido entonces por Begoña Gómez, en un ecosistema de relaciones institucionales y académicas que ya formaba parte de su trayectoria en Madrid.
Es la versión institucional del personaje. Un perfil, sin embargo, no se escribe solo con lo que el protagonista pondría en su web.
Edificio como símbolo
La capital le dio algo más valioso que un despacho: le dio un símbolo. En 2022, España formalizó el acuerdo administrativo internacional por el que el Palacio de Congresos de la Castellana se convertía en nueva sede de la OMT/ONU Turismo, a título gratuito y por 75 años.
El BOE lo retrata como un convenio entre administraciones; la política lo convirtió en un hito; la polémica lo ha leído como un gesto de poder.
Pololikashvili negó que esa cesión tuviera relación con proyectos impulsados por el entorno de Begoña Gómez y lo calificó de "estupidez".
"Esto no se da ni a Zurab, ni a Pablo, ni a Pedro", dijo en una entrevista a Servimedia, en alusión a que la sede pertenece a Naciones Unidas, no a personas concretas.
Más allá del contenido del desmentido, el tono llamó la atención: cuando un dirigente internacional percibe que se le baja del plano institucional al doméstico, suele responder elevando el marco —"procedimiento", "estatutos", "neutralidad"—. Pololikashvili reaccionó con una defensa frontal del perímetro institucional.
El ministro de Industria, Jordi Hereu; el secretario General de la Organización Mundial del Turismo (OMT), Zurab Pololikashvili, y la secretaria de Estado de Turismo, Rosana Morillo; durante su visita a la futura sede de ONU Turismo, en el Palacio de Congresos, a 22 de febrero de 2024.
El "Zurab" de los mensajes
La información publicada por EL ESPAÑOL sitúa a Pololikashvili en el centro de una constelación de relaciones en la que aparecen Víctor de Aldama, Globalia/Air Europa, República Dominicana y el entorno ministerial de entonces, protagonizado por José Luis Ábalos.
En ese relato, Aldama figura como intermediario y Koldo como gestor de trámites; el nombre de Zurab aparece como destinatario y como actor relevante en la agenda de contactos.
Conviene no confundir un perfil con una sentencia. Los mensajes, tal y como se presentan, describen un ecosistema de influencia; un ecosistema no equivale automáticamente a delito.
Pero para un alto cargo del sistema de Naciones Unidas, la exposición pública empieza antes de cualquier imputación formal: basta con que su figura encaje con naturalidad en la escena.
Pololikashvili ha hecho carrera cerca del poder y ha sabido convertir esa cercanía en utilidad institucional.
Agenda, presencia, política
En el turismo institucional, la presencia es una forma de poder: inauguraciones, FITUR, discursos, fotografías frente a un edificio en obras.
En ese tablero, el secretario general no solo gestiona un organismo: reparte foco, agenda, legitimidad. Durante el proceso electoral interno de ONU Turismo, algunas críticas no se centraron tanto en su conocimiento del sector como en su manejo del terreno político de la organización.
En 2025, su intento de optar a un tercer mandato fue muy contestado y terminó descarrilando cuando el Gobierno de Georgia retiró su apoyo a la candidatura. Medios georgianos recogieron que no se trató de una retirada pactada, sino de una decisión política que lo dejó fuera de la carrera.
El secretario General de la Organización Mundial del Turismo (OMT), Zurab Pololikashvili; ofrece declaraciones tras su visita a la futura sede de ONU Turismo, en el Palacio de Congresos, a 22 de febrero de 2024.
El Consejo Ejecutivo recomendó después a Shaikha Al Nowais como próxima secretaria general para el periodo 2026-2029, a la espera de ratificación. El ciclo de Pololikashvili entraba en su fase final.
En entrevistas, él mismo se ha descrito como gestor de crisis: llegó en el mejor año del turismo mundial y le tocó pilotar la organización durante la pandemia, un "turismo sin turistas".
Su discurso es tecnocrático: cifras, flujos, regulación frente a prohibición, crecimiento como dato estructural. No moraliza; administra.
Cuando el foco cambia
Con la publicación de los whatsapps y el ruido político en España, Pololikashvili vuelve a ser "Zurab": un nombre propio dentro de conversaciones ajenas.
Su defensa pública busca reubicarlo en el lugar de siempre, el de la institucionalidad. El problema es que, en estos casos, la institucionalidad no es un escudo: es una vitrina.
Pololikashvili construyó su poder desde Madrid. Si Madrid se convierte ahora en el epicentro del escrutinio que lo salpica por proximidad, el perfil se cierra casi solo: el diplomático que hizo de la cercanía al poder una herramienta descubre que, cuando la política se acelera, no distingue entre cargo y contacto.
Y en ese incendio, a veces, lo que más quema es una frase pequeña: "acaban de contestarle a Zurab".
