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Mar Vázquez Martínez (Pontevedra, 1960) nació a los 57 años. Ahora tiene 61, pero a esa edad, con una hija, una esposa, siete nietos (cinco de su cónyuge) y un pasado a cuestas, tomó la decisión de realizar la transición de hombre a mujer.

"Toda mi vida fui femenina. Cuando llegaba de trabajar me pintaba las uñas, me ponía vestido, pero a las 12 de la noche, igual que Cenicienta, el encanto se acababa", asegura.

Vázquez, durante gran parte de su vida, ha sido deportista. Gracias a ello, el 7 de febrero, se convirtió en la primera atleta gallega trans que subió al podio masculino del Campeonato Gallego en la prueba de 3.000 metros con un registro de 11:23.94.

"Ganar el bronce me llenó de orgullo. Mi esposa (es su cónyuge antes de la transición) me vio correr. Estuve a punto de lograr el segundo puesto", reconoce.

El cambio de género le trajo algunos inconvenientes a nivel deportivo. Desde hace un año está entrenando atletismo, pero ha sufrido diversas lesiones. Cada vez que retomaba su rendimiento, llegaba una tendinitis o una sobrecarga muscular.

"No tengo la misma fuerza. Antes me era fácil entrenar, pero ahora, para tener un resultado como el que tuve, debo hacer tres veces más esfuerzo", añade.

Incluso, hace unos meses se presentó en otra competición y quedó cuarta por algunos segundos. "Cada instante cuenta y lo que más aspiro es ir escalando en el podio en la próxima competición", dice.

Mar Vázquez ha sido jueza de atletismo en diversas ocasiones. Cedida

Mar forma parte del equipo del CAR de Redondela, del que comenta que ha sido vital durante su retorno al atletismo.

"Me han apoyado desde un principio y siempre están para mí. También quisiera pedir que nos ayudaran con un módulo cubierto para entrenar porque eso beneficiaría mucho a la comunidad".

Sin embargo, el podio conseguido ha traído consigo algo a lo que Mar rehuía: las fotos y la atención de las personas. "En el pasado no me gustaba que me tomaran fotografías. Ni siquiera me veía al espejo cuando me afeitaba porque la persona que estaba frente a mí no era yo. Tampoco quiero ser reconocida por esto. Me considero mujer y simplemente estuve atrapada en el cuerpo que no era", comenta.

Transición

Mar estuvo atrapada hasta 2022. Pocas personas de su familia conocían su realidad hasta que en julio de ese año salió en televisión vestida de mujer, en el programa 'Te ha tocado'. "Cuando vuelva a casa tendré que explicarlo", dijo entonces.

Su transición apenas estaba empezando. Antes de realizarla, le preguntó a su esposa tres veces si estaba de acuerdo. "Una vez al mes se lo decía. Su respuesta desde el principio fue un sí. Su apoyo ha sido fundamental en este proceso", dice orgullosa.

Llevan casadas 22 años. Mar no quería perderla y su respuesta era trascendental para llevar a cabo el proceso, que tardó poco más de dos años, se realizó seis cirugías para el cambio de género y casi pierde la vida.

"Tuve tres trombos. Si no hubiese sido deportista, posiblemente hubiese muerto por las complicaciones, además de que las hice en una edad avanzada, no con 18 años", expresa.

El recuerdo más feliz de todo ello no fue salir con vida, sino despertar de una cirugía y ver que tenía pechos. "Era lo que más deseaba. Quería verme con mis senos y lo primero que hice al despertar fue ir a un espejo", asegura entre risas.

En ese proceso perdió muchas amistades que no entendían su decisión o hacían preguntas que resultaban dañinas. Todo eso le hizo recordar que, cuando fue Guardia Civil durante 10 años, sufrió bullying y por ello se retiró.

"Cada vez que llegaba de trabajar por las noches, siempre me pintaba las uñas y me vestía como mujer en casa, pero antes de dormir me quitaba el esmalte de uñas para poder ir a trabajar al día siguiente", dice.

Después de la transición se dedicó al mar. Hizo cursos de buceo profesional y deportivo, también es profesional en la pesca y jueza de atletismo. "En el agua me siento libre. Puedo pasar cuatro horas seguidas nadando y viendo peces. Para mí es como si allí el tiempo no pasara", comenta con nostalgia.

Sin embargo, no pudo volver a trabajar en la pesca tras su cambio de género. "Los pescadores son machistas, entonces tuve que dejarlo. No me permitían trabajar", agrega.

Durante este tiempo ha tenido un solo trabajo, que fue en una pastelería de personas cercanas, pero tuvo que dejarlo ante las bajas ventas. Actualmente está en el paro. Sus sentimientos, emociones y proceso de su transición lo registró en su libro 'Toda una vida en el cuerpo de un hombre', el cual se estrenó en 2025.

Dilema ético

También añade que nunca competiría contra mujeres. "No me parece ético. Mi cuerpo no deja de ser el de un hombre aunque ahora yo ya no tenga testosterona. No quiero ir de chula a quitar podios a mujeres porque sé lo que cuesta entrenar", sentencia.

Además, asegura que no entiende a los deportistas cuando hacen la transición hacia mujer y compiten contra ellas. Para Mar, el hombre "siempre" tendrá ventaja sobre la mujer por cuestiones biológicas.

Sobre ello menciona el caso de la nadadora Lia Thomas, que fue la primera atleta transgénero en ganar un campeonato nacional de la División I de la NCAA, en Estados Unidos. "Las reglas deberían estar claras. Si yo gano algo, no quiero que me digan que fue por competir contra mujeres. En este caso, si gano en la categoría de hombres no pueden decirme nada", sentencia.

Tras unos segundos, Mar corta su voz. Llegó a un recuerdo que no esperaba. "Es algo de lo que prefiero no hablar", dice. Luego retoma: "Mi expareja se suicidó cuando yo tenía 40 años". El silencio se hace pesado, pero reconoce que su actual matrimonio le ha salvado la vida.

Mar (der.) junto a los otros dos ganadores, en la carrera del 7 de febrero. Cedida

"La vida es complicada", dice. Por ello, cada vez que su existencia empieza a pesar, ella recurre al mar. Incluso lleva su nombre. Allí el dolor se desvanece con el sonido de las olas. También se siente libre y su existencia pesa menos.

Mar continuará compitiendo por podios contra hombres y contando que nació en 2022, de los recuerdos de alguien que no reconoció en el espejo durante 57 años. Dejó de temerle a pintarse las uñas y ponerse vestido. Tampoco le atemoriza la medianoche, ya que no habrá ningún "hechizo" que la haga desaparecer de su realidad.