Tras la captura de Nicolás Maduro por las fuerzas especiales de Estados Unidos, la isla de Cuba ha entrado en una situación de colapso sin precedentes.
La última operación militar de Washington ha encendido las alarmas en la isla ante la posibilidad de verse inmersos en una intervención similar que ponga fin al régimen comunista.
Hasta el punto de que incluso se está organizando una flotilla de voluntarios similar a la que viajó a Gaza a finales del año pasado para llegar a la isla por mar e intentar romper el bloqueo de EE.UU.
En este contexto, hay tres congresistas de ascendencia cubana en el partido de Donald Trump que han trascendido al ámbito mediático por su apoyo a las políticas del presidente republicano contra los regímenes socialistas hispanoamericanos.
Se trata de Mario Díaz-Balart, nacido en Fort Lauderdale; María Elvira Salazar, nacida en Miami, y Carlos Antonio Giménez, el único nacido en La Habana.
Los miembros de la Cámara de Representantes de EE.UU Mario Díaz-Balart, María Elvira Salazar y Carlos Antonio Giménez (I-D), conocidos como los 'Crazy Cubans'.
A nivel mediático, se conoce a este triunvirato como los Crazy Cubans: los 'cubanos locos'.
Los tres son miembros de la Cámara de Representantes, forman parte del partido político de Donald Trump y actúan de forma coordinada.
Su mote proviene de la forma cariñosa en la que se referían a ellos los compañeros del partido en esta institución, aunque esta denominación acabó trascendiendo a la prensa.
A lo largo de sus intervenciones públicas, han dejado clara su condena y lucha contra los regímenes de Cuba y Venezuela.
De hecho, este miércoles, Díaz-Balart publicó un tweet en la red social X en el que aseguraba que "las dictaduras antiestadounidenses en Cuba, Venezuela y Nicaragua no sobrevivirán a otro período de liderazgo firme y decisivo de Estados Unidos bajo el presidente Trump".
"El régimen cubano está hoy más débil que nunca", amplió el congresista, dejando clara su postura totalmente contraria a cualquier negociación con estos gobiernos.
"Hay que hacer cumplir la ley de Estados Unidos, que prohíbe negocios con el régimen en Cuba y eliminar toda fuente de financiación que sostiene a un Estado Patrocinador del Terrorismo, conforme con la Ley Libertad de 1996".
Este mensaje vino como respuesta a otro tweet de Carlos Giménez, que escribió: "Acabo de escribir a la Administración con María Elvira Salazar y Mario Díaz-Balart para revocar licencias a aquellos que hagan negocios con el régimen de Castro".
Chevron en Venezuela
Las noticias en torno a Cuba están devolviendo titulares a este triunvirato cubanoamericano.
Sin embargo, lo que catapultó su popularidad en el plano político fue su papel en la cancelación del acuerdo petrolero de la empresa norteamericana Chevron con Venezuela en 2025
Cuando el enviado especial de Trump, Richard Grenell, negoció con Nicolás Maduro la liberación de un prisionero estadounidense a cambio de extender la licencia de la compañía para operar en el país caribeño, los tres congresistas se opusieron frontalmente.
Díaz-Balart, Giménez y Salazar visitaron la Casa Blanca para expresar su descontento con esta noticia directamente a Trump.
Aunque nunca amenazaron explícitamente con retirar su voto en el paquete presupuestario republicano, sí advirtieron de que un acuerdo con Caracas equivaldría a "extender la línea de vida" que Biden había dado al régimen de Maduro.
Según el noticiero digital Axios, después de su reunión con Salazar, Balart y Giménez, Trump le dijo a dos de sus confidentes: "Se van a volver locos y necesito sus votos [para sacar adelante los presupuestos]".
De manera que el presidente republicano se comprometió a atender su reclamación.
A cambio, y siempre según el citado medio de comunicación, los tres congresistas apoyaron el paquete presupuestario, que se aprobó por un estrecho margen de 217 votos frente 215. Ocho horas después, Trump anunció la cancelación del acuerdo petrolero en su red social particular, Truth Social.
'Anticubanos de ultraderecha'
Tras esto, Díaz-Balart, Salazar y Giménez se convirtieron en el objetivo de feroces críticas por parte del chavismo y el socialismo hispanoamericano.
José Amesty Rivera, articulista, teólogo y miembro del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), presidido por Nicolás Maduro, publicó una columna en el diario socialista Cuba Información culpando a los tres congresistas de esta marcha atrás del Gobierno estadounidense.
"Se han apoyado en tres anticubanos de ultraderecha que amenazaron con bloquear la votación presupuestaria si no se revocaban las licencias petroleras de Chevron en Venezuela", escribió.
El presidente de Cuba, Miguel Diaz-Canel
La opinión de este escritor acerca de cada uno de ellos es incendiaria. Utiliza calificativos como "personaje oscuro" para definir a Balart, "hostil política e ideológicamente" a Salazar, y "defensor aborrecible y exaltado del genocidio israelí contra el pueblo palestino", acerca de Giménez.
Funcionarios cubanos
También generó mucha controversia una lista que envió Carlos Giménez el pasado marzo al Departamento de Seguridad Nacional con las identidades de 108 personas que, según el congresista, estaban vinculadas al régimen cubano mientras residían en suelo estadounidense.
Junto a la lista, Giménez instaba a la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, a "investigar y deportar de inmediato a los agentes del régimen de Castro".
María Elvira Salazar realizó un vídeo en redes sociales mostrando su apoyo a esta propuesta: "¡Bravo por enviar los nombres de espías cubanos y agentes comunistas que engañaron al sistema para entrar a Estados Unidos bajo el parole humanitario!"
Díaz-Balart también respaldó esta propuesta.
Poder político real
Los posicionamientos de los Crazy Cubans generan polémica porque afectan a una parte de la población cubana –sobre todo a aquellos que están vinculados al régimen–, a pesar de que estos tres congresistas que la apoyan también son cubanoamericanos.
El epicentro de sus críticas viene motivado por su influencia en proyectos del Gobierno.
Hasta el punto de que el propio régimen cubano les llamó "jinetes apocalípticos" y "vividores del negocio de la guerra contra la Mayor de las Antillas, y partidarios de la invasión militar y de cuanta medida de asfixia promuevan Rubio y otros capos de la mafia anticubana".
El secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio.
Una crítica que lanzaron en un comunicado el pasado mes de agosto, tras la visita de Giménez a la prisión de Guantánamo, la cual se encuentra en territorio de la isla de Cuba y cuyo gobierno considera "territorio ilegalmente ocupado".
El analista político José Vicente Carrasquero, especializado en geopolítica de América Latina, explica en una entrevista con EL ESPAÑOL que los tres congresistas "poseen un poder político real".
Define a Díaz-Balart como un "operador institucional y power broker presupuestario".
Es decir, que sabe moverse dentro de las reglas, comités, procedimientos y tiempos de la Cámara, y tiene capacidad de decidir o influir de manera clave en cómo se asigna el dinero federal: "Su marca es el control de palancas reales: asignaciones, condicionamientos, lenguaje en leyes..."
No en vano, es la mano derecha del secretario de Estado, Marco Rubio, en la Cámara de Representantes: el organismo institucional que, junto al Senado, conforma el Congreso del país norteamericano.
Acerca de Carlos Giménez destaca su "énfasis en lo relativo a seguridad nacional, fronteras y amenazas; opera bien en marcos de hard security y narrativa anti-regímenes".
Y sobre la figura de María Elvira Salazar, detalla que "combina comunicación pública fuerte con piezas legislativas de bandera, como su propuesta para aprobar la Dignity Act, para ordenar el debate migratorio en términos que le sirvan políticamente".
La Dignity Act fue presentada formalmente como proyecto de ley en la Cámara de Representantes por María Elvira Salazar y la congresista demócrata Verónica Escobar en julio del año pasado.
Se trata de un proyecto que busca una reforma migratoria integral, combinando un control fronterizo más estricto con una vía legal limitada para que ciertos inmigrantes indocumentados puedan regularizar su situación sin recibir amnistía ni ciudadanía automática.
P.– ¿Por qué se habla a menudo de estos tres congresistas como un solo bloque? ¿Tienen una estrategia común o cada uno cuenta con su propia agenda?
R.– Funcionan como una coalición táctica, pero en ningún caso como un 'partido dentro del partido'.
Comparten una línea dura contra regímenes como el de Cuba y Venezuela; también su narrativa sobre la seguridad y el anticomunismo.
Pero divergen en otros aspectos. En materia de migración, Salazar necesita su propio espacio para plantear propuestas como la Dignity Act.
También tienen posturas diferentes en lo relativo a seguridad dura y presupuesto y policy plumbing [este término describe los procesos técnicos, infraestructurales y operativos que permiten que las políticas públicas, normativas o reglas de cumplimiento funcionen en la práctica].
P.– Estos tres congresistas ocupan posiciones estratégicas en la Cámara de Representantes. ¿Esto les da poder real o su influencia está amplificada por los medios y por sus críticos?
R.– Es una combinación de poder real y amplificación mediática. Díaz-Balart puede premiar o castigar programas del Estado y política exterior con lenguaje presupuestario.
También tienen poder real porque el hemisferio occidental en Foreign Affairs, que controla Salazar, da agenda, audiencias, presión pública y coordinación política en la región.
Además, Giménez entra en lo relativo a Homeland Security y Armed Services [seguridad interno y fuerzas armadas], apartados en los que conecta el marco Cuba/Venezuela con narcotráfico, fronteras y seguridad.
Y sí, los medios 'inflan' su influencia, pero lo hacen sobre palancas reales, no solo simbólicas.
Choques puntuales
Sin embargo, tal y como advierte José Vicente Carrasquero, los Crazy Cubans no concuerdan ideológicamente en todo.
Una foto de archivo de los 'Crazy Cubans'.
En cuanto a política migratoria, María Elvira Salazar destaca por tener una postura mucho más moderada.
Por ejemplo, cuando Trump anunció la pausa de todos los procesos migratorios para ciudadanos de 19 países -incluyendo cubanos, venezolanos y haitianos- en diciembre de 2025, Salazar rompió filas con sus colegas, calificando la medida como "injusta" y "anti estadounidense".
En contraste, Giménez y Díaz-Balart mantuvieron su lealtad a esta medida de Donald Trump. Este quiebre fue significativo porque evidenció por primera vez una fractura en el bloque monolítico.
P.– ¿Valora que estas diferencias pueden amenazar su coalición?
R.– Mi pronóstico es que seguirán coordinados en los asuntos relativos a Cuba y Venezuela. Ahí el incentivo a unidad es enorme, pero tendrán fricciones controladas en materia de migraciones.
En cualquier caso, no los veo rompiéndose, los veo modulando: Díaz-Balart se centrará en la disciplina institucional y pondrá el foco en palancas presupuestarias.
Salazar seguirá buscando un espacio bipartidista para no quedar atrapada por el costo local. Y Giménez mantendrá línea dura en seguridad y fronteras, porque es su capital político.
Ante todo, el analista político remarca que el "núcleo de poder" de estos tres congresistas "es su arquitectura de comités y su capacidad de hacer ruido coordinado cuando la mayoría es estrecha".
"Hay coordinación informal frecuente por afinidad ideológica y por ecosistema político, especialmente con Marco Rubio en temas Cuba/Venezuela y seguridad hemisférica; pero cada uno protege su marca y su distrito".
