Durante tres décadas como periodista, Jalis de la Serna ha recorrido cárceles latinoamericanas, zonas de guerra, barrios olvidados y laboratorios punteros del mundo. Ha entrevistado a madres que lloraban a sus hijos, a presos torturados o a científicos que diseñan el futuro.
Desde sus inicios como joven hiperactivo que repetía COU por culpa de las motos hasta convertirse en uno de los reporteros más reconocibles de la televisión española, su trayectoria ha sido un mapa de riesgos, vocación y resistencia emocional.
EL ESPAÑOL ha repasado con el madrileño su trayectoria personal y profesional hasta llegar a 2026, donde ha estrenado la nueva temporada de su programa Apatrullando, que se emite los martes, a las 22:00 horas, en La Sexta.
Jalis de la Serna en uno de los reportajes.
Niño algo 'gamberrete'
A veces, para entender a alguien, hay que volver al principio. En el caso de Jalis de la Serna, ese principio está en un aula de EGB, en un niño que no sabía estarse quieto, que no tenía diagnóstico de hiperactividad porque en aquella época nadie hablaba de eso, pero que ya entonces mostraba una energía que no cabía en un pupitre.
"Era bastante inquieto y un poco gamberrete. Aprobaba sin problemas, incluso en algunas asignaturas sacaba buenas notas", recuerda.
"En el instituto ya me interesaba menos la clase y empecé a correr en moto, por lo que repetí curso dos veces. En mi casa siempre hubo mucha afición por ese deporte y mi hermano César y yo competimos en dos Copas de Promoción de la época, las Copas Suzuki, él en 250cc y yo, que tenía 16 años, en 125cc".
"Estuvimos dos años dedicados a correr, y claro, en ese tiempo apenas pisé las clases, por lo que repetí COU dos veces", explica De la Serna.
El periodista cuenta que abandonó ese deporte porque "si el patrocinador principal es tu padre, es una forma rápida de arruinarse. Si no eres un número uno y no tienes patrocinadores fuertes, es muy difícil continuar porque es muy caro", admite.
"Cuando dejé las motos me planteé qué quería ser en la vida, como en mi casa había tradición de estudiar una carrera, mis padres son médicos e incluso yo mismo, de niño, quería serlo, pero me terminé decantando por el periodismo y aprobé la carrera sin dificultades", comenta.
Jalis de la Serna con su hermano César.
Sus primeros pasos
El madrileño estudió periodismo porque quería dedicarse a la rama deportiva al ser un gran aficionado al fútbol, sobre todo al Atlético de Madrid, a la Fórmula 1, el motociclismo…
Y antes de terminar la carrera ya estaba haciendo prácticas en Servimedia, una agencia de noticias vinculada al CEU. Después pasó al diario AS y entonces llegó la llamada que cambiaría su vida: en 1999 Carlos García-Hirschfeld iba a dirigir Por la Escuadra, un programa de fútbol en Antena 3, y buscaban caras nuevas.
Le propusieron una sección llamada ¿Dónde está Jalis?, "una especie de ¿Dónde está Wally?, pero en estadios de España. Yo daba pistas durante el programa y la audiencia tenía que adivinar en qué ciudad estaba. Ese fue mi primer trabajo en televisión", explica.
El programa no duró mucho, pero su nombre ya empezaba a ser conocido en el mundillo de los programas televisivos. Lo llamaron para el formato Ver para creer, luego para El show de Videomatch, la versión española del programa argentino.
Allí fue redactor y guionista en la sección de deportes. Y cuando aquello terminó, vivió "el único mes en paro de mi vida".
Al poco, Telemadrid lo llamó para un espacio que se llamaba Nunca seremos un programa de culto, después entró en Sucedió en Madrid, el clásico de sucesos del canal madrileño. Y ahí, sin saberlo, empezó a convertirse en el reportero que hoy conocemos: "Ahí empecé a desarrollar cierta vocación por el periodismo social".
2005 - Callejeros.
A continuación, "Ricardo Medina me llamó para ir a Canal Sur para fichar por un programa de sucesos presentado por Paco Lobatón que se llamaba 7 Lunas".
"Allí estuve un año y medio y ahí terminé de entender que mi lugar estaba en la calle. En ese programa empecé a recorrer barrios complicados, a hablar con víctimas, con familiares, con personas que vivían situaciones extremas..."
"Descubrí que tenía cierta vocación y capacidad para romper esa barrera de acercarte a una persona con todo el respeto y empatía, personas que estaban viviendo situaciones muy difíciles", señala. "La gente empezó a valorar que tenía esa vocación y esa capacidad de hacer ese tipo de entrevistas", añade.
Después llegó Mi cámara y yo en Telemadrid, pero un conato de censura de la dirección de informativos de la época sobre uno de los reportajes hizo que Nacho Medina, que era el director del programa en esa época, y De la Serna dimitieran.
"Entonces me fui al programa 7 días, 7 noches en Antena 3. Ahí estuve como dos años hasta que, al fundarse Cuatro, Carolina Cubillo, que fue directora de Mi cámara y yo, formó el equipo inicial de Callejeros y me llamó", recuerda.
El resto es historia. Años recorriendo España, entrando en casas y en barrios acompañado por un cámara con una mezcla de respeto y valentía. Callejeros fue un fenómeno social, pero el periodista, una de sus caras más reconocibles, dio el salto a Atresmedia para ponerse al frente de programas como Encarcelados, En Tierra Hostil, Enviado Especial, Natural, Cazaherederos y, ahora, Apatrullando.
2016 - Enviado Especial.
En el formato de reportajes, el periodista está sorprendiendo a los espectadores con nuevas historias: "Son ocho temas sociales y, sinceramente, creo que nunca me había metido tan dentro de algunas realidades".
"La principal novedad es que el público va a vivir los temas como si fueran parte de su propia vida. Son asuntos muy cercanos, que están en nuestro entorno, aunque a veces no seamos conscientes", explica.
"Hay uno, el del trasplante de corazón, que me ha marcado especialmente. ¿Por qué? En él acompañamos al equipo médico desde la extracción del órgano en un hospital hasta su llegada al quirófano en Madrid. Estuvimos dentro, hablando con los cirujanos mientras operaban".
"La cirugía es extremadamente compleja y la brillantez del equipo nos dejó maravillados. Y luego ver cómo ese corazón vuelve a latir dentro de otro cuerpo… es algo absolutamente impresionante", admite el madrileño.
El periodista reconoce que de cada uno de los temas abordados esta temporada de Apatrullando se ha llevado algo a nivel personal: "Lo primero, la satisfacción enorme de haber podido hacer el reportaje del trasplante de corazón. Ha sido enriquecedor a todos los niveles".
Y siguiendo esa línea de quedarse con lo positivo, De la Serna confiesa que esta temporada le ha recordado "la cantidad de buena gente que sigue habiendo ahí fuera. En cuanto rascas un poco, descubres que el fondo de la mayoría es mucho mejor de lo que pensamos".
"Vivimos en un momento en el que parece que todo es política y polarización, pero cuando miras más allá, cuando te acercas a la sociedad real, te das cuenta de que hay muchísima bondad entre nosotros".
Formatos inolvidables
Cuando se le pregunta qué programa repetiría, no duda: En Tierra Hostil porque "fue un gran formato". Y lo fue. Viajó a Corea del Norte, al Congo, a Sudamérica, entró en zonas de guerra, en territorios controlados por milicias… lugares donde la vida vale poco: "Nos posicionó muy bien como reporteros", afirma.
También Enviado Especial le dejó huella. Visitó centros de robótica en Japón, laboratorios punteros en Estados Unidos, hospitales como el Monte Sinai, los headquarters de Google y Microsoft, entrevistó a científicos.
"He estado en lugares increíbles. Viajar por el mundo haciendo información que la gente desconocía ha sido de lo más enriquecedor", resume.
A cualquiera podría afectarle ver lo que él ha visto en su carrera como reportero. Desde cárceles latinoamericanas donde los presos torturan a otros presos, a testimonios de electrocuciones en bidones de agua, enfermos terminales sin atención médica, amenazas de muerte en el Donbass, armas en el Congo... historias que se te quedan pegadas a la piel.
Pero él lo ha gestionado de otra manera. "He tenido la suerte de buscar la forma de que no sean recuerdos traumáticos. Estuve haciendo terapia Gestalt y ahí obtuve las herramientas para procesar las experiencias fuertes y complicadas como algo que te puede enriquecer".
"Aunque sientas dolor o peligro al rememorarlas, son cosas que me han aportado en la vida y han forjado a la persona que soy ahora mismo".
El caso de Lola, una presa enferma de cáncer en la cárcel de Palmasola, es uno de los que más recuerda. Tras emitirse el reportaje, una petición en Change.org logró más de 100.000 firmas y el Gobierno activó los trámites para traerla a España.
Llegó 20 días después de la emisión del programa de Encarcelados. "Murió dos años más tarde, pero con una calidad de vida que no habría tenido sin aquella intervención. Historias así te marcan", admite.
Jalis de la Serna en el Estadio Vicente Calderón.
'Sufridor' del Atleti
Fuera de las cámaras, De la Serna es un gran aficionado del Atlético de Madrid y acude, siempre que puede, al estadio Metropolitano para ver los partidos de su equipo: "Soy un espectador activo, pero no un fanático. Intento no caer en el forofismo porque eso te hace ‘sacar los pies del tiesto’", dice.
Aunque reconoce que a veces se le escapa un grito de "atrás" a la defensa rojiblanca, un "hay que bajar" o un "presión" desde la grada.
También ha viajado a todas las finales europeas "desde Hamburgo hasta Lyon". También en las de Champions League, donde sufrió en Lisboa en la final porque "estando en el campo, vi que el Atlético de Madrid no mereció ganar porque tiró una vez a puerta y fue de coronilla, pero molesta que te marquen en el minuto 93".
La que sí le dolió fue la final de Milán: "Esa sí fue traumática: el penalti al larguero, el gol del Real Madrid era en fuera de juego, como se ha demostrado con el paso del tiempo. Esa final fue más fastidiada porque perdimos en los penaltis cuando lo teníamos en la mano para ganar".
