El respetable salía del recinto del Real Jardín Botánico Alfonso XIII en masa cuando una pareja buscaba entre los arbustos un objeto perdido. Él alumbraba con el móvil y conseguía dar con su objetivo: el paraguas que habían decidido abandonar antes de entrar a ver Bob Dylan en Madrid, en la apertura de las Noches del Botánico. Este utensilio para protegerse de la lluvia era uno de los objetos prohibidos en el lluvioso inicio de la gira española del estadounidense: había que dejarlos en consigna o escondido, como hizo esta pareja. Tampoco se permitieron los móviles, algo que agradó a su público, aunque se quedaron sin recuerdo alguno de esta gira que, posiblemente, sea la última del Premio Nobel.

Volvamos a la pareja. Él se llama Nacho y a su lado camina Cecilia. Ella está decepcionada con el concierto. Tanto es así que la primera palabra que pronuncia cuando se le pregunta es "decepcionante". "El peor de mi vida", llega a exponer. Dylan no ha cantado los clásicos en su primer espectáculo en Madrid y eso le ha enfadado. "Ha sido un concierto de blues más", apostilla. 

Su enfado parece grande en un día donde nada parece haberle convencido. "Ni siquiera ha sacado la armónica", continúa, mientras recorre parte del camino que separa la salida del concierto y la boca de metro de Ciudad Universitaria junto a Nacho, que asiente a lo que ella expone.

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Además, les han hecho meter los móviles en una bolsa. No han tenido excesivos problemas con eso, todo estaba bien organizado. Sin embargo, ella se queja: "Dicen que te dejan abrirlo en caso de emergencia. ¿Cómo sé que es una emergencia si la bolsa es opaca?".

No es habitual este discurso en el entorno de Ciudad Universitaria. La mayoría han visto a Dylan en concierto y eso les basta. "Genial" y "bien, ha estado bien", suele ser la respuesta mediana y apresurada que dan los asistentes. Los genios son así: para ellos las peores noches no conforman más que una mera anécdota.

Asistentes esperando la entrada. D. D.

Gira sin móviles

A sus 82 años, el estadounidense hace dos que comenzó esta gira en Milwaukee, concretamente en febrero de 2021. Llegó a Europa el pasado 2 de junio, entrando por Lisboa. El paso por España arrancó este miércoles 7 de junio en Madrid, en las Noches del Botánico. La cita se repetirá este jueves, antes de pasar por Sevilla (10 y 11), Granada (13), Alicante (15), Huesca (17), San Sebastián (19 y 20), Logroño (21) y Barcelona (23 y 24). Roma, a finales de verano, será el punto final.

La gira está siendo famosa por su negativa a los móviles. No es raro, teniendo en cuenta el celo que guarda el Premio Nobel a las cámaras, no dejando pasar siquiera a los periodistas gráficos.

En los alrededores del Real Jardín Botánico se deja claro: dentro no hay posibilidad de usar el móvil para ver el repertorio de 'Rough and RowdyWays', el trigésimo noveno álbum de estudio de Dylan.

Los asistentes lo sabían. A las puertas del Botánico, Lila aseguraba que esto le daría un tono más especial si cabe al concierto, aunque tuviera que renunciar a tener "el recuerdo". "Es un momento de mayor desconexión, un concierto en el que te olvidas del celular", apunta su acompañante.

Advertencia de que no se podía grabar. Europa Press

De hecho, hay una advertencia puesta en la web del Botánico a la hora de comprar las entradas (entre los 86 y los 325 euros): "Este concierto es un PHONE FREE SHOW, esto significa que los teléfonos no están permitidos en la sala durante el concierto".

La propia web explica que "una vez que llegues al recinto, Yondr (la empresa de fundas para teléfonos contratada para este concierto) pondrá a tu disposición su personal especializado para ayudarte a guardar tu teléfono en una funda cerrada y segura, que llevarás contigo durante toda la velada".

Lo único que no tenían claro los asistentes antes del concierto es cómo lo iban a hacer quienes no llevaran la entrada impresa para saber en qué sitio sentarse. Tampoco resultó mayor problema: a la entrada, la organización colocó a varias personas con boli y papel que apuntaban el número de quienes sólo portaban entrada digital.

Además, todos podían hacer uso del teléfono móvil en caso de necesidad. "Puede desbloquear el bolsillo de su teléfono en cualquier momento dirigiéndose a una zona específica y señalizada, destinada al uso del teléfono. No dudes en pedir ayuda a un miembro del personal de Yondr".

El funcionamiento de estas fundas, según explicaron los asistentes, era sencillo. Te daban la bolsa, colocabas el móvil dentro y ahí se quedaba. La experiencia para los consultados por EL ESPAÑOL fue buena en general. "Te quedas con la pena de no haber podido grabar, pero has vivido el momento", dijo Miquel. 

Eso mismo piensan desde la organización. "Después de haber creado esta experiencia sin teléfono en giras recientes, creemos que crea mejores momentos para todos los asistentes. Nuestros ojos se abren un poco más y nuestros sentidos se agudizan ligeramente cuando perdemos la muleta tecnológica a la que nos hemos acostumbrado. Y sí, es un trato innegociable (aunque se hacen exenciones médicas para quienes dependen de su teléfono para el tratamiento)", exponen en la web de venta.

Dos personas tratando de encontrar entradas de reventa. Europa Press

No hubo colas ni problemas de uso, tampoco en la devolución. Los asistentes narraron que a la salida muchos voluntarios abrían las bolsas con una especie de imán y todo solucionado. Dejaban la bolsa en un recipiente y a casa.

Únicamente uno de los consultados aseguró no haber metido el móvil en la funda sacándose el teléfono del bolsillo en las inmediaciones del Botánico. Tal vez, el más listo de la clase. Fue el mismo que expuso: "¿Vienes a un concierto de Dylan y preguntas por el teléfono en vez de por la música?". Aseguró no haber utilizado el móvil de todas formas, aunque podría haberlo hecho.

Los paraguas

La lluvia tampoco quiso perderse el que podría ser el último estreno de Dylan en España. A pocos minutos del inicio del concierto, las inclemencias meteorológicas pusieron en duda si se celebraría o no el espectáculo. Alrededor de las 21.30 horas, momento previsto para el inicio, se conoció que Dylan tocaría en Madrid.

En los alrededores, muchos hacían cola para acceder al recinto con chubasqueros que repartió la propia organización. Todos eran azules. Sin embargo, los hubo que pasaron por la caja de aquellos que estuvieron listos para hacer negocio: algunos se vendieron por 8 euros. 

El público, a las puertas del Real Jardín Botánico. D. D.

Los paraguas fueron abandonados en consigna o entre los arbustos. El peor de los problemas al final, con una lluvia que respetó las dos horas de concierto, fue recoger el dichoso paraguas. Los hubo que esperaron hasta media hora para llevarse el suyo. Otros decidieron que era mejor irse a casa: "Hombre, si hubiera sido uno que me regaló mi padre en el 78 pues... Pero no voy a esperar cola para el que traía".

Mientras tanto, otros se alegraban la noche con un Bob Dylan de pega a las puertas del concierto que hizo las delicias del público en acústico. "Bueno, no ha cantado los clásicos Dylan, pero para eso está este aquí", sentenció como resumen una señora junto a su marido, que disfrutó de ambos cantantes.