En su discurso ante el Parlamento, el rey Mohammed VI reconoce los resultados de la cooperación migratoria con España, aunque considera que el modelo actual ha llegado a sus límites.

Denuncia los obstáculos jurídicos y judiciales que dificultan las repatriaciones, rechaza las presiones políticas y anuncia una nueva iniciativa estratégica dirigida a sus socios.

El rey Mohamed VI ha dedicado una parte significativa de su discurso de apertura de la nueva legislatura, pronunciado este viernes 9 de octubre ante el Parlamento marroquí, a las relaciones con España y, particularmente, a la cooperación en materia migratoria.

Sus palabras adquieren especial relevancia tras la crisis ocurrida este verano en Ceuta y las tensiones políticas y mediáticas que ha provocado a ambos lados del estrecho de Gibraltar.

El monarca comenzó recordando la posición internacional de Marruecos como socio responsable y fiable, respetuoso de sus compromisos y, por tanto, legítimamente facultado para esperar un trato equivalente por parte de sus socios.

En materia migratoria, reconoció los resultados concretos obtenidos gracias al enfoque adoptado por Marruecos, aunque formuló una constatación especialmente significativa: "El modelo actual de cooperación ha alcanzado sus límites, como demuestran claramente las crisis recurrentes".

Esta afirmación constituye el eje central del mensaje dirigido a España: Mohamed VI no cuestiona los avances de la cooperación bilateral ni su importancia estratégica.

Al contrario, reconoce expresamente los progresos realizados en distintos ámbitos, especialmente en la lucha contra la inmigración irregular. Sin embargo, subraya que el marco actual presenta limitaciones que impiden responder eficazmente a los nuevos desafíos.

Una cooperación cuyos resultados están respaldados por las estadísticas internacionales.

Los datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), así como las estadísticas europeas relativas a los flujos migratorios, permiten evaluar los resultados de la cooperación entre Marruecos y España desde una perspectiva más amplia que la de la crisis de Ceuta.

Según las estadísticas de ACNUR, las llegadas marítimas por la ruta del Mediterráneo occidental disminuyeron un 68,6 % entre 2018 y 2025, pasando de 57.264 a 17.993 personas.

Esta reducción de casi 40.000 llegadas anuales constituye una evolución especialmente significativa. Refleja una importante disminución de los flujos migratorios irregulares que utilizan esta ruta durante los últimos años.

Estos resultados invitan, por tanto, a situar los acontecimientos de Ceuta en su contexto. Una crisis puntual, por grave que sea, no puede borrar los resultados de varios años de cooperación migratoria.

Precisamente desde esta perspectiva adquiere todo su significado el discurso del rey: reconocer los logros de la cooperación sin ocultar las limitaciones del modelo actual ni la necesidad de hacerlo evolucionar.

Las decisiones judiciales y las dificultades de repatriación

Uno de los aspectos más importantes del discurso reside en la referencia explícita a los obstáculos jurídicos y judiciales que afectan a la cooperación migratoria.

El rey señaló que esta cooperación se enfrenta actualmente a importantes desafíos relacionados con determinadas disposiciones legales que considera obsoletas y con decisiones judiciales alejadas de la realidad.

Según el monarca, esta combinación obstaculiza la repatriación de menores y de personas que se atribuyen indebidamente la condición de refugiados, al tiempo que favorece la actividad de las redes criminales implicadas en la inmigración irregular.

Esta referencia adquiere especial relevancia a la luz de los acontecimientos de Ceuta, donde las restricciones jurídicas relativas a determinadas modalidades de devolución y las dificultades para organizar los retornos han ocupado un lugar central en el debate político español.

El mensaje pone así de relieve una cuestión frecuentemente relegada a un segundo plano en la controversia: la eficacia de la cooperación fronteriza no depende exclusivamente de la actuación de las autoridades marroquíes, sino también del marco jurídico español, de las decisiones de sus tribunales y de los mecanismos de readmisión efectivamente disponibles.

En efecto, la gestión de las fronteras no puede desvincularse de las posibilidades jurídicas de retorno de las personas que han entrado irregularmente. Cuando los procedimientos de readmisión resultan difíciles de aplicar, los mecanismos de cooperación pueden perder parte de su eficacia.

Esto no significa que las garantías judiciales o los derechos de los migrantes deban considerarse obstáculos de los que haya que prescindir.

La cuestión planteada es la necesidad de establecer procedimientos de retorno eficaces, compatibles con las obligaciones jurídicas nacionales e internacionales y con la protección de las personas vulnerables, especialmente los menores.

La reflexión abierta por el discurso real trasciende, por tanto, la mera cuestión del control fronterizo: afecta también a la adaptación de los instrumentos jurídicos e institucionales que regulan la cooperación migratoria.

Un mensaje frente a las acusaciones y las presiones

El discurso contiene también una respuesta política a las acusaciones formuladas contra Marruecos durante los últimos meses.

Sin mencionar a ningún partido ni medio de comunicación, Mohamed VI denunció las declaraciones que considera irresponsables, procedentes de determinados sectores políticos y mediáticos, así como su instrumentalización de la situación migratoria.

A continuación, formuló una declaración inequívoca: «La asociación es una elección soberana y un compromiso voluntario que no puede estar sujeto a ninguna presión, amenaza ni chantaje».

Estas palabras pueden interpretarse a la luz de las acusaciones que han atribuido a Marruecos una responsabilidad deliberada en la crisis de Ceuta, así como de las propuestas planteadas por algunos responsables políticos españoles para condicionar o cuestionar la cooperación bilateral.

Desde el comienzo de esta crisis, el debate político español ha estado marcado por acusaciones especialmente graves, que van desde la supuesta pasividad deliberada de las autoridades marroquíes hasta la presunta organización de los movimientos migratorios.

Sin embargo, estas acusaciones deben distinguirse de los hechos establecidos y de las pruebas públicamente verificables.

El rey no entra en los detalles de estas controversias. Más bien establece una distinción entre la voluntad de preservar una relación estratégica con España y el rechazo a que esta cooperación se convierta en un instrumento de presión política.

Desde esta perspectiva, la cooperación migratoria debe basarse en compromisos recíprocos, intereses compartidos y respeto mutuo, y no en una relación en la que una de las partes pueda imponer unilateralmente sus exigencias.

El mensaje se dirige así a España, pero también, de manera más amplia, a los socios europeos de Marruecos: la cooperación es un compromiso voluntario entre Estados soberanos, cuya continuidad exige confianza y reconocimiento mutuo.

Una nueva propuesta para España y los socios europeos

La principal novedad del discurso no reside únicamente en el diagnóstico de las dificultades actuales, sino también en el anuncio de una iniciativa diplomática.

Mohamed VI anunció que Marruecos presentará a sus socios un documento que expondrá una visión estratégica, clara y práctica, destinada a promover una nueva orientación articulada en torno a tres ejes: el codesarrollo, la competitividad económica y la estabilidad regional.

Aunque todavía se desconoce el contenido preciso de este documento, el anuncio refleja la voluntad de situar la cuestión migratoria dentro de un marco de relaciones más amplio.

La migración dejaría de abordarse exclusivamente como un problema de vigilancia fronteriza, interceptación de entradas irregulares y repatriación, para vincularse en mayor medida al desarrollo económico, las oportunidades de empleo, la inversión y la estabilidad de los países de origen y tránsito.

Este enfoque se basa en una realidad ampliamente reconocida: los movimientos migratorios están influidos por las diferencias de desarrollo, las oportunidades económicas y las perspectivas de futuro que se ofrecen a las poblaciones, especialmente a los jóvenes.

Entre países vecinos que presentan diferencias importantes en sus niveles de vida, los intentos de migración, regulares o irregulares, constituyen un fenómeno duradero. Por tanto, la respuesta no puede basarse exclusivamente en dispositivos de seguridad, por necesarios que estos sean.

También debe incorporar políticas de desarrollo, creación de empleo y cooperación económica capaces de actuar sobre los factores que alimentan las migraciones.

Esta orientación podría abrir un nuevo espacio de diálogo entre Marruecos, España y la Unión Europea. No obstante, habrá que esperar a la presentación del documento anunciado para conocer los compromisos propuestos, los mecanismos previstos y las posibles adaptaciones del marco de cooperación existente.

De la crisis de Ceuta a la revisión del modelo

El discurso real introduce un cambio de enfoque en un momento especialmente delicado de las relaciones hispano-marroquíes.

Durante los últimos meses, gran parte del debate político español se ha centrado en determinar las responsabilidades en la crisis de Ceuta, en la actuación de las fuerzas de seguridad marroquíes y en las acusaciones de una supuesta instrumentalización política de los movimientos migratorios.

Esta controversia ha relegado en ocasiones a un segundo plano los resultados obtenidos durante los años anteriores, las dificultades jurídicas que rodean las devoluciones y la necesidad de una cooperación permanente entre ambos países.

Mohamed VI no entra en esta polémica ni responde individualmente a las acusaciones. Su intervención sitúa el debate en otro terreno: el de las limitaciones estructurales de un sistema de cooperación que, pese a sus resultados, debe adaptarse a nuevas realidades jurídicas, migratorias y regionales.

El monarca articula así tres mensajes complementarios: Marruecos reconoce los avances de la asociación con España, considera necesario revisar sus mecanismos y rechaza que esta revisión se lleve a cabo bajo presión o amenaza.

No se trata, por tanto, de cuestionar el principio de cooperación, sino de hacer un llamamiento a su redefinición.

La reacción de España y de los socios europeos ante la iniciativa anunciada permitirá determinar si existe una voluntad común de traducir este diagnóstico en un nuevo marco de cooperación.

Una relación estratégica llamada a evolucionar

El discurso de Mohamed VI se produce en un contexto en el que las relaciones entre Marruecos y España van mucho más allá de la cuestión migratoria.

Ambos países mantienen vínculos económicos, comerciales, humanos y de seguridad especialmente estrechos.

La estabilidad de esta relación constituye un asunto importante no solo para Rabat y Madrid, sino también para todo el espacio euromediterráneo.

La cooperación migratoria forma parte de esta interdependencia. No puede considerarse una prestación unilateral realizada por un país en beneficio del otro, sino una responsabilidad compartida cuyos resultados dependen del compromiso de ambas partes.

En esta lógica se inscribe la exigencia de reciprocidad expresada por el rey.

El mensaje de Mohamed VI puede resumirse en una idea central: Marruecos sigue dispuesto a cooperar con España, pero considera que el modelo actual ha agotado parte de su capacidad de respuesta y que ha llegado el momento de redefinirlo sobre nuevas bases de reciprocidad, eficacia y respeto mutuo.

Al recordar los logros de la cooperación, identificar los obstáculos que limitan su eficacia y anunciar una nueva iniciativa estratégica, el monarca abre la puerta a una reflexión que trasciende las controversias inmediatas.

La crisis de Ceuta podría convertirse así no solo en un episodio de tensión bilateral, sino también en el punto de partida de una revisión más profunda de la cooperación migratoria entre Marruecos, España y Europa.

La cuestión será ahora determinar si los socios de Marruecos responden a esta propuesta dando prioridad a un enfoque basado en la cooperación, la responsabilidad compartida y la búsqueda de soluciones duraderas.

*** Abderrahmane El Fathi es catedrático y jefe del Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Tetuán.