Según parece, el pasado fin de semana se multiplicaron las llamadas de los encuestadores del CIS.
Las preguntas eran muchas, pero todas preparaban al encuestado para la última: "¿A quién votaría usted en el caso de convocarse elecciones?"
Así, tal cual. Y es que Tezanos entendió con buen criterio que andarse con sutilezas a estas alturas era tontería.
La pregunta, más que previsible, era inevitable después del docudrama de Sol, la pantomima del Congreso y la catequesis de TVE.
Porque todos estos preparativos ya habían conseguido que la pregunta sonase a "¿Entre el contubernio PP-Vox, rentista y despiadado, y el PSOE, conmovido y humanitario, a quién elegirá usted para evitar que haya nuevas Maricarmen?".
Por tanto, este fin de semana tocaba calcular los réditos de tanto dinero y tiempo invertidos en esta nueva creación de Producciones Moncloa. Y es sabido que la única rentabilidad que interesa al presidente es la conservación del poder.
Admitámoslo: ya ni nos escandaliza la pregunta.
"Es escandaloso que desde La Moncloa se anunciase que el presidente se tomaba el fin de semana para decidir si convocaba o no elecciones anticipadas"
Es más, tan anestesiados estamos a estas alturas de la era sanchista, que ni siquiera nos subleva la malversación de recursos públicos que supone una encuesta realizada para la exclusiva satisfacción de un interés estrictamente particular.
Pero lo que sí resulta escandaloso es que desde La Moncloa se anuncie, explícita y reiteradamente, que el señor presidente se tomaría el fin de semana para reflexionar sobre si convoca o no elecciones anticipadas.
Aclaro que lo indecente no es el hecho en sí de la reflexión, sino su propio anuncio.
Como ya ocurriera con los "cinco días de reflexión", el líder ha vuelto a dirigir los focos de todo el país hacia su persona, allí, en La Moncloa, en el escenario reconocible del poder.
Él solo.
El resto, enfrente, aguardando expectantes.
Y con un único mensaje sobrentendido por todos: "Todo depende de mí. De nadie más que de mí".
Siendo, como es, algo constitucionalmente evidente, tal obsesión por explicitar su prerrogativa expresa un inquietante sadismo narcisista: que todos nos sepamos sometidos a su capricho.
*** Marcial Martelo de la Maza es abogado y doctor en Derecho.
