Se atribuye al canciller Otto von Bismarck (artífice de la unidad alemana en la segunda mitad del siglo XIX) una frase que viene a decir algo así: "Con las leyes pasa como con las salchichas, es mejor no ver cómo se hacen".
Al parecer, la frase no es suya, sino del poeta estadounidense John Godfrey Saxe, que no dijo exactamente eso.
Pero sobre la literalidad del poeta decimonónico volveré luego, porque entraña para un legislador español del siglo XXI un matiz sustantivo.
Sea de quien sea la idea, la frase cobra sentido estos días al ver la monumental chapuza del Gobierno en la elaboración apresurada de los dos decretos leyes perpetrados al calor del 'caso Maricarmen'.
La ejecutoria del Gobierno en esta y otras materias contraviene los más elementales preceptos de la democracia liberal, empezando por los principios que deben inspirar la elaboración de las leyes en un Estado democrático de derecho.
Las leyes (si se quieren justas) tienen que ser generales y abstractas y evitar planteamientos oportunistas orientados a satisfacer intereses particulares con el objetivo más o menos explícito de beneficiar políticamente a una determinada mayoría parlamentaria.
Maricarmen, la noche de su desahucio.
Eso es, exactamente, lo que ha intentado el Gobierno con los dos decretos que hoy viernes votamos en el Congreso: aprovechar una situación de todo punto lamentable como la de la anciana Maricarmen para desviar la atención de una opinión pública cada vez más hastiada de la corrupción que envuelve a Pedro Sánchez e indignada por su dejación negligente ante la invasión de Ceuta.
La izquierda, desfondada en las encuestas, ha seleccionado el caso de Maricarmen como estandarte para intentar equilibrar la balanza blandiendo el fantasma del 15-M, que asoma en la Puerta del Sol quince años después para dar la razón a Karl Marx sobre la Historia que se repite como una farsa.
Si en lugar de vivir en las inmediaciones del Retiro Maricarmen viviera al lado del parque de la Ciudadela en Barcelona, donde tiene su sede el Parlament, la izquierda gobernante (con mayoría también en la Cámara catalana) nunca hubiera elegido su caso como símbolo de la lucha por una vivienda digna.
No en vano, en Cataluña se producen tres veces más desahucios que en Madrid, y por cierto también cinco veces más okupaciones. Pero esos datos no interesan porque en Cataluña gobierna el PSC de Salvador Illa y en Madrid, el PP de Isabel Díaz Ayuso.
Resulta escalofriante el silencio del Gobierno ante casos tan sangrantes como el que hemos conocido estos días del desahucio en Mataró (Barcelona) de una familia constituida por un hombre con un 80% de discapacidad, su hermana y los tres hijos menores de esta. Perversa indignación selectiva en función de la comunidad en la que se produce el desahucio.
Pero volviendo a los decretos que hoy votamos en el Congreso, recupero aquí la frase del poeta John Godfrey Saxe. He aquí el matiz que apuntaba más arriba: el poeta dice que las leyes, como las salchichas, "dejan de inspirar respeto" en proporción a cuánto sabemos de cómo se hacen. "Dejan de inspirar respeto", dice el poeta. El matiz no es baladí, pues el respeto a las leyes es fundamental para la convivencia democrática.
Con decretos ley como los que hoy votamos en el Congreso (y otras normas con rango de ley, como la infausta ley del 'solo sí es sí', aprobadas por la mayoría parlamentaria que lo sostiene), el Gobierno fomenta el descrédito de la ley entre la ciudadanía y la inseguridad jurídica, lo cual es la antesala de la anarquía y la tiranía.
La lectura de ambos decretos resulta lisérgica para cualquiera con dos dedos de frente. Parecen escritos por un becario exaltado de un panfleto trasnochado de extrema izquierda, pero el Gobierno ya los ha plasmado en el BOE aduciendo la "extraordinaria y urgente necesidad" que justifica la aprobación por el Gobierno de normas con rango de ley como son los decretos ley.
Esgrimen extraordinaria y urgente necesidad, pero en el texto del primer decreto dicen que Maricarmen es "víctima de una legislación machista y retrógrada procedente de una dictadura". Es decir, medio siglo después de la muerte de Franco y casi tres décadas de gobiernos socialistas, aparece inexorable la "extraordinaria y urgente necesidad".
Hay que tener la cara de hormigón para decir una cosa y la contraria sin inmutarse. Y ello por no recordar que el desahucio de Maricarmen no tiene su origen en la legislación franquista, sino en todo caso en la Ley de Arrendamientos Urbanos aprobada en 1994 por el Gobierno socialista de Felipe González.
Los decretos que Sánchez trae hoy al Congreso son la quintaesencia de su concepción totalitaria del poder: una técnica legislativa aberrante, inseguridad jurídica, trilerismo político y un profundo desprecio al Parlamento.
Con todo, es probable que semejante exhibición de atributos sea sólo el canto del cisne del peor presidente de la historia democrática de España.
*** Nacho Martín Blanco es diputado del PP en el Congreso.
