Washington tardó veinte años en comprender el error que había cometido con China, pero desde entonces no han parado de barrenarlo dejando muchos cadáveres por el camino.
El empresariado español en 2026 sigue viviendo en una mentalidad del pasado, creyendo que sus negocios en Marruecos no se verán afectados por el choque (a estas alturas inevitable) entre España y Marruecos.
Los empresarios que comprendan esta amenaza a tiempo aún están a tiempo de maniobrar. Los que no, sufrirán fuertes pérdidas económicas esta década.
Apple no cometió su error más caro diseñando un mal teléfono. Lo cometió fabricando uno magnífico en el país equivocado.
Durante dos décadas, el gigante estadounidense concentró en China proveedores, conocimiento industrial, montaje y mercado. El balance parecía menos atenazante porque las fábricas eran de Foxconn. La dependencia, sin embargo, era enteramente de Apple.
En abril de 2025, cuando los aranceles pusieron precio a esa vulnerabilidad, la compañía había perdido más de 600.000 millones de dólares de capitalización desde comienzos de año.
La geopolítica había entrado en la cuenta de resultados por la puerta del almacén.
La historia de este accidente empezó con la victoria en la Guerra Fría, con una superioridad que parecía eterna.
En el 2000, la economía estadounidense era aproximadamente 8,5 veces mayor que la china (como Marruecos respecto a España hoy).
La Administración Clinton presentó la normalización comercial como un negocio redondo: China abriría su mercado y el contacto con el capitalismo fortalecería a sus reformistas democráticos.
Pekín ingresó en la Organización Mundial del Comercio en diciembre de 2001 con la alfombra roja puesta por Washington. Igual que España apoyando a Marruecos ante la Unión Europea.
El comercio traería prosperidad. La prosperidad, moderación. Y la moderación, democracia.
Era una cadena causal endeble, pero nadie empezó a cuestionarla hasta que llegó la década de 2010.
El presidente de Gobierno, Pedro Sánchez (i), y el primer ministro marroquí, Aziz Akhannouc (d).
La integración produjo beneficios gigantescos, pero también trasladó capacidad industrial, tecnología y poder de negociación. La literatura del "China shock" estima que la competencia importadora china redujo el empleo estadounidense en 2,4 millones de puestos entre 1999 y 2011.
En 2017, la Estrategia de Seguridad Nacional ya calificaba a China de potencia revisionista. En 2018 llegaron aranceles del 25% sobre los 50.000 millones de dólares de importaciones. Después vinieron los casi 53.000 millones de la "CHIPS Act", los controles sobre semiconductores y las restricciones a inversiones estadounidenses en microelectrónica, computación cuántica e inteligencia artificial.
Cambiaron los presidentes, pero nada cambió el rumbo: Obama inició el viraje, Trump lo enderezó, Biden lo profundizó y Trump nuevamente lo redobló.
A este fenómeno se le bautizó en Relaciones Internacionales como el "desacople", una teoría que hoy sigue pronosticando zonas de influencia económicas, políticas y de seguridad cada vez más nítidas.
Eso es el desacople: no la desaparición del comercio, sino la subordinación de la eficiencia económica a la seguridad y las esferas de influencia política.
Estados Unidos y China aún intercambiaron bienes y servicios por casi 495.000 millones de dólares en 2025, pero es un 25,1% menos que el año anterior. Se comercia donde resulta tolerable, y se levanta un muro donde la dependencia puede convertirse en coerción.
Apple es su víctima más pedagógica. En 2025, alrededor del 80% de los más de 60 millones de iPhones vendidos anualmente en Estados Unidos procedía de China, mientras la compañía aceleraba el traslado a India para abastecer desde allí la mayor parte del mercado estadounidense al terminar 2026.
Además, China no sólo fabrica: compra. Las ventas de Apple en el mercado mandarín bajaron de 72.559 millones de dólares en 2023 a 64.377 millones en 2025.
Hoy Apple está trasladando capacidad industrial, reorganizando proveedores y gestionando simultáneamente aranceles, presión de Washington y exposición a sus fábricas chinas y a las cadenas de suministro instrumentalizadas por Pekín.
Una estrategia económica que ignoró la política internacional lleva a que el nuevo iPhone 18 tenga que aumentar 300 dólares su precio de salida, un 25% más caro.
"Una estrategia económica que ignoró la política internacional ha llevado a que el nuevo iPhone tenga que aumentar 300 dólares su precio"
Hoy, en Ceuta, con la disuasión hecha añicos, Marruecos se siente envalentonado.
La respuesta torpe y pusilánime del Gobierno está engordando y agravando una crisis que va a ser inevitable, en el marco de un Estado marroquí que este mismo año ha cuestionado la españolidad de las islas Canarias. El riesgo geopolítico está aumentando a marchas forzadas.
España sigue instalada en la fase Clinton, en el pasado.
Nuestro pasivo Ministerio de Exteriores lo llama "colchón de intereses", un mantra tradicional desde hace décadas con la misma idea que condujo a Estados Unidos a invertir en China.
Cuanto más comercio e inversión haya con Marruecos, mayor será el coste de una crisis y menor el incentivo para provocarla. Es la misma hipótesis de la OMC con acento diplomático.
Pero tiene un defecto elemental: el comercio no elimina los objetivos políticos, amplía el repertorio de instrumentos para perseguirlos. La dependencia económica es un arma que cualquiera de los dos países va a terminar empuñando.
Europa ya aprendió la lección. Tras el inicio de la guerra de Ucrania, redujo el peso del gas ruso, del 45% de sus importaciones en 2021 al 13% en 2025. Aprobó su Estrategia de Seguridad Económica. Y reforzó en junio de 2026 el control de inversiones extranjeras en tecnologías e infraestructuras sensibles.
España, entretanto, ha seguido financiando la integración con Marruecos. Casi 340 millones de euros de apoyo financiero público para la desaladora de Casablanca y más de 750 millones mediante FIEM para trenes interurbanos. Bruselas habla de dependencias instrumentalizables; Madrid aún habla de “confianza mutua”.
No es que España viva en 2008: es que todavía considera “lo normal” un error que ya nadie comete en Europa, quizá por eso el gobierno se ha sentido tan poco comprendido por Europa durante la crisis, porque ya no estamos en 2008. Ahora nos estamos cayendo del guindo y los empresarios que tarden demasiado en comprenderlo harán perder muchos millones a sus empresas.
"La diplomacia del 'colchón de intereses' no evitó el golpe con Marruecos: solo elevó para España el precio de responder"
Las cifras revelan el absurdo. En el primer semestre de 2026, Marruecos representó sólo el 3,2% de las exportaciones españolas y el 2,5% de las importaciones. En cambio, España absorbió el 22,1% de las exportaciones marroquíes y suministró el 15,6% de sus compras exteriores en 2024.
La dependencia macroeconómica es, por tanto, mucho mayor para Rabat. Más de 350 compañías españolas instaladas y un stock inversor próximo a 2.000 millones han convertido una supuesta ventaja nacional en una exposición empresarial muy concreta.
Alsa ofrece ya una miniatura del problema Apple. En 2025 obtuvo en Marruecos 151,6 millones de euros de ingresos y apenas 8 millones de beneficio operativo ajustado.
Tras un cambio del entorno local, tuvo que aceptar una rebaja en Casablanca, y vio cómo sus contratos de Marrakech y Tánger eran terminados, con personal y activos transferidos a nuevos operadores con un preaviso "extremadamente corto". Impacto financiero: 27,3 millones.
Acciona está más anclada todavía. La desaladora de Casablanca supone una inversión total de 617 millones de euros, y una concesión hasta 2054 con la oficina pública marroquí de agua y electricidad.
Es una infraestructura crítica, inmóvil y dependiente durante tres décadas de un comprador estatal. Una desaladora no se mete en un contenedor y se traslada a Portugal cuando cambia la relación bilateral.
Gestamp posee el 100% de su planta de Kenitra, integrada en el ecosistema de Stellantis. En 2025 contabilizó 18 millones de euros en activos materiales y 63,9 millones de ingresos en Marruecos, frente a 82,9 millones un año antes.
Su exposición es menor, pero comparte la misma geometría: capital fijo, cliente concentrado y cadena logística atravesada por una frontera políticamente sensible.
La entrada irregular de unas 72.000 personas en Ceuta los días 30 y 31 de julio ha terminado por destruir la premisa confortable. El "colchón de intereses" no evitó el golpe: solo elevó el precio español de responder.
El desacople entre España y Marruecos llegará, porque la seguridad acaba imponiendo su descuento a los flujos de caja. La única decisión pendiente es si será ordenado y paulatino, o precipitado y repentino al calor de una última salida de tono de Marruecos.
Quien todavía no haya invertido en Marruecos debería abstenerse mientras España no defina una política de seguridad estable. Quien ya esté dentro, debe tener planes de contingencia para reorientar cadenas de suministro, moderar su inversión, evitar apuestas que anclen sus empresas a la impredecible política marroquí.
Apple puede permitirse pagar durante años una equivocación estratégica. Usted no puede.
*** Yago Rodríguez es analista militar y geopolítico, y director de The Political Room.
