Si Marruecos, con una economía diez veces menor y apenas una quinta parte del gasto militar español, se atreve a poner en riesgo su relación comercial y política más crítica, ¿qué hará cuando pueda obtener un equilibrio militar local en Ceuta y Melilla a la vez que hayan diversificado un poco su comercio reduciendo la importancia española?

El 30 de julio dio una respuesta incómoda: la disuasión española ya está fallando antes de que exista paridad militar

Rabat no necesita ser más fuerte que España. Le basta con dejar de temer las consecuencias. Y su umbral de "dolor" es muy alto. Son muy tolerantes al conflicto, como demuestra la guerra de quince años con el Polisario, el muro de 2.700 km para conquistar el Sáhara invirtiendo el 10% de su PIB, o el cierre de la frontera con Argelia desde hace treinta y cinco años.

La aritmética parece una caricatura. El FMI estima para 2026 un PIB de 2,09 billones de dólares en España y de 194.330 millones en Marruecos: una relación de 10,75 a uno. Es casi exactamente la existente entre China (20,850 billones) y España.

La equivalencia militar, sin embargo, debe expresarse correctamente. España gastó 40.200 millones de dólares en 2025 y Marruecos unos 7.510 millones, una diferencia de cinco a uno, no de diez a uno.

Rabat, además, mantiene una rivalidad estructural con Argelia, cuyo gasto de defensa ronda los 25.500 millones.

Soldados españoles en Letonia en 2022. EFE

Está dispuesto, por tanto, a acumular frentes con potencias materialmente superiores.

Eso convierte el 30 de julio en un problema de Estudios Estratégicos, no sólo de política migratoria. El Gobierno español reconoce que más de 70.000 personas entraron en Ceuta los días 30 y 31 y que entre el 90% y el 95% regresó a Marruecos en 24-48 horas.

La Inteligencia española concluyó, según Reuters, que Rabat no planificó la avalancha, pero dejó que ocurriera e infiltró agentes en la misma para monitorizarla y jalearla.

En términos estratégicos, fue un ataque híbrido. Ningún analista de seguridad serio lo pone en duda.

Una operación híbrida no exige que un ministerio organice cada autobús. Basta con retirar controles, permitir la convergencia de redes y rumores y reponer la vigilancia cuando el receptor ha pagado el coste.

Su finalidad es producir saturación institucional, fractura política y una demostración de vulnerabilidad, manteniendo la violencia por debajo del umbral bélico. Si Madrid no puede o no quiere imponer un coste visible por una penetración de esa escala, Rabat aprende que la escalada compensa.

La temeridad resulta mayor porque la dependencia económica marroquí respecto a España es muy asimétrica. En 2024 el comercio bilateral alcanzó 22.700 millones de euros. España absorbió el 22,1% de las exportaciones marroquíes y suministró el 15,6% de sus importaciones.

Marruecos, en cambio, representó solamente el 3,34% de las exportaciones españolas y el 2,32% de sus importaciones.

Una ruptura perjudicaría a ambos, pero el daño relativo sería muy superior al sur del Estrecho.

A ello se añaden más de 350 empresas españolas instaladas, una masa inversora de 4.100 millones y 1.589 millones de euros enviados desde España a Marruecos en remesas durante 2025: más del 1% del PIB marroquí.

El conjunto de las remesas recibidas por el reino alcanzó 12.900 millones de dólares en 2024, alrededor del 8% de su PIB.

La UE, cuya relación con Rabat ha sido impulsada sistemáticamente por Madrid, comprometió además 931 millones de euros de ayuda bilateral entre 2021 y 2024.

España tampoco "controla" toda la energía marroquí, pero sí posee palancas críticas. Marruecos importa cerca del 90% de sus necesidades energéticas; desde España recibió 10.375 GWh de gas en 2025 y 2.537 GWh de electricidad en 2024.

Son corredores sustituibles a medio plazo, no un interruptor mágico. Pero constituyen vulnerabilidades inmediatas.

Incluso la válvula social ilícita del Rif depende de la demanda europea y del corredor español. En 2025 aún había 27.100 hectáreas de cannabis ilegal frente a 5.800 legales.

El último gran censo de Naciones Unidas, fechado en 2003, contabilizó 96.600 familias y unas 800.000 personas dependientes del cultivo. Las cifras actuales son inferiores, pero la dependencia rural persiste.

La Agencia de Drogas de la UE sigue identificando a Marruecos como principal origen de la resina europea y a España como su vía básica de entrada.

Rabat puso en riesgo comercio, divisas, energía y uno de los circuitos que amortiguan la pobreza rural.

Soldados españoles en Ceuta. EFE

Pedro Sánchez había pagado ya el precio político que Marruecos consideraba prioritario. En 2022 calificó el plan marroquí de autonomía para el Sáhara como la base "más seria, realista y creíble" y firmó una hoja de ruta que prometía evitar actos unilaterales y hechos consumados.

Después llegaron un protocolo financiero de hasta 800 millones, créditos para infraestructuras y el patrocinio español de Marruecos dentro de la UE. Los créditos no eran regalos, pero profundizaban la interdependencia.

Madrid entregó su principal activo diplomático sin obtener un reconocimiento marroquí explícito e irrevocable de la soberanía española sobre Ceuta y Melilla.

Si el levantamiento de controles fue deliberado, hubo traición estratégica. Si fue una permisividad calculada, el resultado es el mismo: Rabat quebró el núcleo de la transacción.

Tampoco Washington ofrece una salida cómoda. En Perejil, en 2002, durante uno de los periodos de mayor cercanía hispano-estadounidense, Estados Unidos no respaldó inequívocamente a España frente a la ocupación marroquí. Colin Powell medió para restaurar el statu quo después de que España recuperase el islote por sus propios medios.

La lección es precisa. Washington tenderá a estabilizar, no a vindicar. El artículo 6 del Tratado del Atlántico Norte tampoco incluye automáticamente a Ceuta y Melilla. Pero de ahí no se deduce que Estados Unidos combatiría por Marruecos contra un aliado de la OTAN que alberga Rota y Morón.

Lo más probable es que Washington se ponga de perfil y sea irrelevante para ambos países.

El Sáhara confirma que el cálculo marroquí no está gobernado por la rentabilidad. Es incorrecto afirmar que nunca tuvo activos valiosos: España había invertido al menos 200 millones de dólares en Bu Craa y en 1974 la explotación empezaba a ser rentable.

Precisamente por eso resulta revelador que sus rentas no compensasen el coste. Marruecos desplegó más de 120.000 militares y gastó unos 250 millones de dólares anuales entre 1976 y 1986. Después levantó un sistema defensivo de unos 2.700 kilómetros.

En tiempos recientes, Phosboucraa declara unos ingresos medios de 200 millones de dólares, pero un programa de inversión de 1.800 millones. Y el plan de desarrollo de las "provincias del Sur" movilizó 77.000 millones de dirhams entre 2016 y 2021.

Marruecos no conquistó el Sáhara para ganar dinero. Gastó dinero para convertir la conquista en identidad, legitimidad y profundidad estratégica.

Les da igual el dinero si la monarquía puede presentarlo como una victoria nacional histórica. Y Ceuta, Melilla o las Canarias forman parte de eso.

Por eso Marruecos es tan peligroso. Porque el colchón de intereses o el pactismo no funciona con ellos.

Esa es la advertencia para España. La superioridad aplastante española no ha sido suficiente para disuadir a Marruecos. La voluntad marroquí es enorme.

En 2002, con las mejores relaciones Washington-Madrid que quepa imaginar midieron mal y se atrevieron a ocupar Perejil. Marruecos mide mal y es temerario porque es profundamente agresivo y lo único que impide que sus zarpazos de agresividad no terminen por conducir la situación a un conflicto es su aplastante inferioridad.

Pero su ánimus ahí está.

Desfile de La Legión. Álvaro Cabrera

Una guerra futura es inevitable, pero el grado de agresividad mostrado por Marruecos y las grietas en la disuasión exigen:

1. Que se deje de gastar (y mal) en la industria de defensa y se gaste en las Fuerzas Armadas.

2. Necesitamos mantener una ventaja aplastante tanto si falla la disuasión como si no.

3. Si Marruecos alcanza la capacidad de derrotarnos en un escenario limitado (Ceuta, Melilla o los islotes norteafricanos) debemos estar listos para expandir el conflicto.

4. Preservar la ventaja de poder escalar la situación debe ser potestad nuestra para mantener el control de la escalada.

5. Hay que concienciar a la población del nivel de agresividad de lo que tenemos al sur.

6. Es necesario responder YA a Marruecos para dejar de alimentar su agresividad.

*** Yago Rodríguez es analista militar y geopolítico, y director de The Political Room.