No salgo de mi asombro con lo que está pasando en Ceuta y con la manera en que se está gestionando.
Y espero que esto no se interprete como una crítica política o ideológica, sino desde un punto de vista puramente técnico.
Pero ocurre que ahora, casi un mes después de la "invasión", nos hemos decidido a declarar la situación de interés general para la seguridad nacional (para el Estado) y hemos nombrado para centralizar la gestión de la crisis al ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, que es el que menos competencia tiene de forma directa.
Un ministro que lo único que puede hacer es coordinar la respuesta ante la crisis (del Estado) por parte… de las comunidades autónomas.
Ahora hemos empezado a reconocer la necesidad de tomar medidas de prevención y salud pública para vacunar a los inmigrantes.
Y, de paso, y para que no parezca que somos xenófobos, a los ceutíes autóctonos que lo puedan necesitar, que obviamente no será casi ninguno.
Inmigrantes ilegales acampados en la playa de El Trampolín.
He oído que no hay motivo para confinar la ciudad. Y estoy de acuerdo.
Lo que hay que hacer es sacar a los miles de personas que hay en las playas, las calles y los montes, y concentrarlos de forma obligatoria (y habrá que encontrar la forma jurídica para hacerlo) en dispositivos temporales con capacidad suficiente para que puedan ser atendidos y vacunados, donde puedan disponer de un mínimo de higiene, saneamiento y asistencia sanitaria in situ.
Es decir, dispositivos especiales gestionados por el Ejército para mantener controlados y en unas condiciones mínimas a los inmigrantes. Para tenerlos separados del resto de la población (por su seguridad y tranquilidad, que también se lo merecen) hasta que la crisis se solucione.
En definitiva, debemos crear un campo de refugiados en nuestro país (nosotros nos lo hemos buscado) que nos permita administrar y gestionar la crisis hasta que la vía diplomática y política lo solucione. Porque, de no hacerse así, vamos abocados, simplemente, a "perder" el control de la ciudad de Ceuta.
Y eso es algo que no podemos ni nos debemos permitir.
Como país, por solidaridad con nuestra gente (estoy a favor de la solidaridad con terceros, pero habrá que pensar también en nuestros conciudadanos) y por la imagen y la reputación que debemos demostrar como país.
Pero tengo la impresión de que nada de esto va a ser suficiente. Y el instinto me dice que, tal y como se está gestionando la crisis, todo va a ir de mal en peor.
No quiero ser pájaro de mal agüero y ojalá me equivoque en todo, pero tengo la sensación de que estamos dedicando más tiempo a la gestión política de la crisis que a administrarla, y mucho menos a tratar de solucionarla.
Ceuta necesita recursos, pero necesita sobre todo una estrategia clara y definida liderada por el Estado. De lo contrario, acabaremos "normalizando" la emergencia.
Y eso sí sería empezar a perder Ceuta. Aunque sólo sea porque nadie querrá ya vivir allí.
*** Juan Abarca Cidón es presidente de HM Hospitales.
