Dejemos de pensar en días. Hay que organizarse para meses. Para muchos meses.
Desgraciadamente, el tiempo pasa y el problema de la crisis inmigratoria en Ceuta no se resuelve.
Y parece que no se va a resolver en mucho tiempo, por lo que hay que pensar en organizarse de otra forma. Seguir improvisando sería volver a equivocarnos, porque ya no sabemos cuánto tiempo permanecerán allí los miles de migrantes que todavía se encuentran.
Pero es seguro que van a estar mucho tiempo.
Y mientras la política decide qué hacer con cada una de esas personas, hay que garantizarles unas condiciones de vida y una asistencia sanitaria dignas, sin deteriorar la asistencia ordinaria de los ciudadanos de Ceuta.
Por eso, ha llegado el momento de separar claramente ambos problemas. Problemas que, además, obedecen a motivos diferentes.
Inmigrantes ilegales en las duchas en la playa de El Trampolín, en Ceuta.
Y vuelvo a explicarlo: el riesgo para la salud pública aparece cuando miles de personas, sean quienes sean, permanecen durante semanas hacinadas y sin unas condiciones adecuadas de alojamiento, higiene, saneamiento y asistencia. No porque los inmigrantes sean inmigrantes.
Por tanto, primero es necesario crear un verdadero dispositivo humanitario y sanitario de emergencia.
No se trata simplemente de mandar más médicos y enfermeras, porque mandar profesionales al mismo hospital, a los mismos centros de salud y a los mismos circuitos asistenciales aumenta capacidad sin resolver el problema de fondo.
Lo que necesitamos es una estructura sanitaria extraordinaria, temporal y diferenciada del sistema sanitario ordinario.
Y tenemos organizaciones perfectamente capaces de hacerlo.
La UME y las Fuerzas Armadas pueden aportar la capacidad logística e INGESA y Salud Pública deberían asumir la dirección sanitaria, trabajando conjuntamente con Cruz Roja y otras ONG con experiencia en emergencias humanitarias con equipos propios.
Deben hacerlo de tal forma que, cuando se supere la competencia de ese dispositivo diferenciado, se acuda al circuito ordinario para tratar patologías o problemas ordinarios. Es decir, problemas que requieran realmente una asistencia sanitaria hospitalaria.
En segundo lugar, hay que proteger la asistencia sanitaria ordinaria de Ceuta. Ceuta tiene poco más de 80.000 habitantes y dispone de un sistema sanitario necesariamente pequeño. No podemos pretender que una estructura diseñada para atender a esa población absorba durante meses una demanda extraordinaria de varios miles de personas sin que termine repercutiendo sobre los ciudadanos y agotando a sus profesionales.
Esta crisis debería servirnos, además, para plantearnos algo que va más allá de la emergencia actual y podríamos tratar otro día.
¿Tiene sentido que la asistencia sanitaria de las ciudades autónomas siga dependiendo del Estado cuando tienen al lado un dispositivo asistencial como el del Servicio Andaluz de Salud?
