Dejo de lado por un momento la evolución de la situación sanitaria en Ceuta. Pero aprovecho la visita de la ministra de Sanidad a la ciudad de Ceuta para analizar unas declaraciones que creo que se deben matizar.

Este domingo, en su rueda de prensa a propósito de la situación que se está viviendo en Ceuta, la ministra Mónica García afirmó, que "asociar inmigración con enfermedad es injusto y xenófobo".

Creo que en un tema tan serio, y frente a una situación tan delicada, no se puede ser tan categórico y hay que afinar mucho más las palabras. Desde la tranquilidad.

Porque ante tales afirmaciones parece que no se puede ni hablar del tema porque "eres xenófobo" si lo haces.

Yo no lo soy. Y lo he demostrado en infinidad de artículos. Pero quiero poder expresarme también en libertad sin que se me tache de xenófobo.

Porque una cosa es afirmar que "los inmigrantes traen enfermedades", una generalización injusta, estigmatizante y sin fundamento científico. Y otra muy distinta es afirmar que determinados movimientos inmigratorios pueden requerir medidas específicas de vigilancia epidemiológica y salud pública.

Inmigrantes ilegales en Ceuta. EFE

Eso no es xenofobia. Es epidemiología. Y es una verdad como la copa de un pino.

Tanto la OMS como el Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades reconocen que el perfil epidemiológico de una persona depende, entre otros factores, de la prevalencia de determinadas enfermedades en su lugar de procedencia, de su cobertura vacunal, de las condiciones del viaje o de que disponga en su país de origen de los tratamientos que necesita.

Precisamente por eso existen recomendaciones de vacunación, vigilancia epidemiológica y, cuando está indicado, cribado de determinadas enfermedades en algunas poblaciones inmigrantes recién llegadas.

No hacerlo por miedo a que alguien pueda interpretarlo como discriminatorio sería precisamente hacer "mala salud pública".

De hecho, la propia ministra reconoció ayer que en Ceuta existe un "riesgo epidemiológico moderado para los inmigrantes y bajo para los ceutíes" y reclamó mejores condiciones para evitar infecciones. También anunció refuerzos para garantizar una adecuada vigilancia epidemiológica.

Sólo por eso ya mereció la pena su visita, por cierto.

Es decir, que ambas afirmaciones son perfectamente compatibles. Los inmigrantes no son un peligro sanitario, pero determinados movimientos inmigratorios sí merecen un mayor control. La diferencia puede parecer pequeña, pero es enorme.

Sobre todo, si determinadas condiciones de acogida generan riesgos sanitarios que deben ser evaluados y gestionados.

La salud pública debe proteger a todos: a quienes llegan y a quienes ya estaban. Y para hacerlo necesita poder identificar riesgos, medirlos, explicarlos y actuar sobre ellos sin estigmatizar a nadie.

Porque combatir la xenofobia es imprescindible. Pero llamar xenofobia a la epidemiología tampoco ayuda. Es importante poder expresarse sin que por ello te califiquen de antemano.

Y en este caso, además, es importante poder hacerlo.

*** Juan Abarca Cidón es presidente de HM Hospitales.