Escribo estas líneas con la libertad de poder decir sin miedo que me enamoro de hombres y no de mujeres, que tengo un libro de familia con mis dos hijas de diez y cinco años, y que no estoy casado, pero, si quisiera, me podría casar con un hombre.

Tengo mucha suerte de tener una vida radicalmente distinta a la del hermano de mi padre, al que le pegaban palizas en el parque por la noche y que vivió escondido, con una amargura desgarradora, durante toda su vida.

Millones de personas en el mundo sienten un orgullo similar por poder tener una vida coherente con lo que son. Ser homosexual no se elige: se es. Por eso se llama orgullo. Como dijo L. Craig Schoonmaker, "la vergüenza de quién eres es veneno y su cura es el orgullo".

Pero aun así estoy convencido de que la gente como yo, dentro de doscientos años, será recordada como una generación más avanzada que la de nuestros padres, pero todavía muy por detrás de lo que está por venir.

Pese a que hemos avanzado muchísimo en derechos, libertades y visibilidad, aún nos queda mucho por hacer, sobre todo en nosotros mismos, en nuestras familias y en nuestras relaciones personales. Aún quedan muchos derechos y libertades por los que luchar, pero creo que es momento de empezar a poner más el foco en nosotros mismos y en nuestros entornos más cercanos.

En esta intención de poner el foco en nosotros, como agentes de cambio, hay un elemento fundamental que en mi caso me ha llevado a reflexionar sobre el camino que aún nos queda por hacer: el momento que me llevó a convencerme de que era distinto al resto de mis amigos.

Manifestación del Orgullo.

Ese momento fue la primera vez que besé a un hombre y descubrí que mi cuerpo respondía de forma radicalmente distinta a mi interacción con las mujeres. En muchos de nosotros, no es hasta la manifestación del objeto sexual cuando descubrimos que somos realmente distintos.

Pocas cosas en mi entorno me dejaban ser yo; todo me forzaba a ser una persona distinta, hasta que un beso me abrió una caja de Pandora que estoy tardando décadas en entender y ordenar. El colegio, la religión, las tradiciones, todo lo que me rodeaba, me obligaba a ser algo distinto de lo que realmente era.

El sexo me ayudó a descubrir quién era realmente. Cuando se trata de la atracción sexual, hay poco que se pueda forzar. Te pone lo que te pone, como muy bien sabe mi amigo David, a quien sus padres sometieron a electroshocks para intentar que le gustasen las mujeres.

El sexo nos permite conectar con quien realmente somos de una manera directa, eficiente y rápida, y generalmente privada, sin tener que dar ninguna explicación.

Pero ¿por qué gravitamos al sexo con tanta frecuencia y a menudo tanta intensidad? Decimos que es un tema de instinto básico, de testosterona, de facilidad de acceso… no estoy seguro de que estas sean realmente las razones más determinantes.

"Un niño percibe, antes siquiera de aprender a hablar, lo que su entorno hace y consiente. Copiamos nuestros deseos observando a otros, a quienes consideramos modelos"

Mi querida amiga Loles León dice que lo mejor de ser gay es la liberación sexual. Que podemos hacer lo que nos da la gana con quien nos da la gana. Y es verdad, nos lo pasamos pipa la mayor parte de nosotros.

Pero no estoy convencido de que sea una liberación, sino la única forma que hemos tenido de expresar una identidad para la que la sociedad no nos dejaba otro hueco.

Construir ese hueco es el auténtico desafío en el que el Orgullo debería enfocarse ahora. Ese hueco en el que un niño pueda crecer de forma distinta a la norma. Entornos diversos en los que un niño distinto a la mayoría pueda explorar las plásticas dimensiones de su personalidad sin que la educación le imponga una forma rígida de ser y sentir.

René Girard lo dijo mejor que nadie: el deseo es fundamentalmente mimético. Un niño percibe, antes siquiera de aprender a hablar, lo que su entorno hace y consiente. Copiamos nuestros deseos observando a otros, a quienes consideramos modelos. Si lo que siente ese niño no está alineado con el mimetismo de lo que la sociedad considera aceptable, el niño reprime y fuerza comportamientos. Todo esto en complicadas dinámicas subconscientes donde cada detalle, cada comentario, cada mirada, son cruciales.

Utilicemos la visibilidad que ya tenemos para crear familias en las que un niño pueda crecer siendo realmente distinto a la norma sin tener que esperar a conectar con su verdadera identidad a través del sexo. Dejemos que el sexo se integre en el resto del crecimiento personal sin ser el agente liberador.

Sueño con una sociedad en la que los niños puedan haber expresado los aspectos más importantes de su personalidad antes de que en la pubertad se manifieste y se defina su objeto sexual. Donde ese niño esté preparado emocionalmente para que el sexo sea un lenguaje de intimidad, y no la válvula de escape de su identidad.

Sueño con una sociedad en la que un niño pueda expresar quién es con absoluta libertad, sin que la religión, Disney, la profe de la guardería o los padres de su amigo le digan lo que tiene que ser, lo que se puede o no se puede sentir.

Quiero darles a mis hijas una educación en la que la palabra "aceptación" no exista. Simplemente se es, y ya está. Tú eres y yo soy. Algo muy simple, pero que supone un cambio fundamental de paradigma, de respeto por los sentimientos y la esencia del otro.

Quiero que mis padres, mis hermanos, mis amigos y el colegio me acompañen en esto.

La conquista de derechos ha sido y sigue siendo fundamental, pero es el momento de conquistar cambios culturales para que nuestros hijos puedan desarrollar sus identidades con auténtica libertad, sin que tengan que recurrir a válvulas de escape para conectar con sus identidades únicas y distintas.

Queda mucho por hacer. Y no es sólo un tema de derechos; es, sobre todo, un tema de educación, de cambio de paradigma, de respeto básico y absoluto por lo que nuestros hijos sienten cuando se enfrentan al mundo.

Es momento de romper con las rigideces más estructurales y conservadoras de nuestra sociedad.

*** Bernardo Hernández es fundador de Tuenti, responsable global de Google Maps y Earth y CEO de Flickr en Yahoo!