El nuevo capítulo violento en la larga saga del enfrentamiento entre Israel e Irán, que comenzó el domingo por la noche con un ataque de misiles de Irán a Israel, terminó mucho antes de lo pensado. Al menos, por ahora.
El presidente Donald Trump anunció un alto el fuego que, nuevamente, decidió solo.
Pero sería prematuro afirmar que realmente todo está arreglado. El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu recalcó que su país continuará defendiéndose de enemigos que le atacan y que se equivoca Irán si cree que puede agredir a Israel sin que este responda.
Irán lanzó casi treinta misiles balísticos hacia territorio israelí e Israel respondió con varios ataques a blancos iraníes en el centro y el oeste del país.
Pero menos de 24 horas más tarde, Irán dijo que finalizará sus ataques a Israel, si Israel cumple determinadas condiciones. Y un alto funcionario israelí señaló que, a petición de Trump, Israel dejará de atacar territorio iraní si no hay ataques desde allí a Israel.
Sin embargo, Israel aclara que la guerra contra la organización terrorista Hezbolá continuará y que el brazo armado de Irán en Líbano será golpeado también en Beirut si ataca territorio israelí.
Una simpatizante del grupo terrorista Hezbolá se manifiesta en Líbano tras la muerte de Alí Jamenei.
Pero aquí entran justamente las condiciones de Irán: que Israel no ataque a Hezbolá ni en Beirut, ni en el sur libanés, algo que Israel no se puede permitir mientras esa organización terrorista creada por Irán siga atacando territorio israelí.
Irán había advertido que respondería contra Israel si este atacaba a Hezbolá en la Dahia, su bastión en Beirut. Y lo cumplió horas después de responder Israel en la capital libanesa a los misiles lanzados por Hezbolá hacia Galilea.
Dado que Israel se dice decidido a continuar la guerra contra Hezbolá, al que Irán trata de preservar y proteger, no se puede vaticinar en absoluto que el alto el fuego funcione. Podría desmoronarse rápidamente. Y la única pregunta es cuánta presión más aceptará Israel del presidente Trump.
El domingo por la noche, tras el lanzamiento de los misiles iraníes a Israel, Trump aclaró al primer ministro Netanyahu, por teléfono, que se opone a que responda, porque eso podría complicar sus negociaciones con Irán.
Eso colocó a Israel en una de sus peores encrucijadas en mucho tiempo.
Trump no sólo le dijo a Netanyahu que no quiere que reaccione, sino que en una entrevista añadió, con su estilo particular, que "yo decido, no Netanyahu", una frase no sólo ofensiva en el marco de relaciones con un gobernante aliado, sino nociva en términos de cómo podría interpretarlo Irán.
Una confrontación con Trump no era lo más deseable. Pero dado el espíritu que irradia Irán desde hace tiempo, dando a entender que se siente más fuerte y seguro que antes, a pesar de los golpes militares que recibió, era imperioso que Israel considerara la posibilidad de enfrentarse a Trump para no pagar el precio de la situación con moneda iraní.
El consejo de las altas esferas de seguridad era tajante: no responder al ataque equivaldría a un serio daño a la seguridad nacional, ya que transmitiría a Irán un peligroso mensaje de debilidad y le haría creer que sin Estados Unidos, Israel está perdido.
Pero había algo más concreto aún. Aceptar la ecuación que el régimen iraní había tratado de imponer, la de que si Israel ataca a Hezbolá en Beirut, Irán lanzaría misiles hacia Israel, era inaceptable.
De hecho, ese condicionamiento no sólo no desapareció, sino que se agravó al agregar ahora Irán el elemento del sur libanés como zona prohibida.
Todo, con el objetivo de impedir que Israel termine de destruir a Hezbolá.
En las últimas semanas, mientras el presidente Trump insiste en que Irán "está ansioso por firmar un acuerdo", se hace cada vez más evidente el tono desafiante de la dictadura de los ayatolás, no sólo respecto al contenido del supuesto tratado, sino también acerca de sus capacidades militares y sus objetivos a largo plazo.
Cabe suponer que en gran medida eso deriva de la manera en que Irán interpreta la forma en que Trump ha manejado la crisis, dejando muy claro que es renuente a volver a la guerra.
El experto en asuntos iraníes Beni Sabti, investigador en el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (INSS), criticó duramente la postura de Trump. En una tertulia en el canal de televisión israelí N12, Sabti recalcó que "el problema es que Trump no habla persa".
Sabti no se refería literalmente al manejo del idioma, sino a la comprensión de la mentalidad y la idiosincrasia del régimen iraní. Sabti señaló también que la actitud del régimen actual, en el que la Guardia Revolucionaria tiene la voz cantante, es absolutamente desafiante e irradia la convicción de que están cumpliendo un mandato de Alá al combatir a Occidente.
*** Jana Beris es periodista.
