Murió de tanto dolor.
La sostenía la esperanza de abrazar de nuevo a su hijo, de encontrarlo vivo, libre y sano. Esa esperanza era lo único que todavía mantenía en pie a Carmen Teresa Navas, una mujer de más de 80 años convertida por la tragedia y el coraje en símbolo de millones de madres venezolanas.
Su hijo se llamaba Víctor Hugo Quero Navas. Tenía 50 años. Era comerciante.
Fue detenido arbitrariamente el 1 de enero de 2025 en los alrededores de Plaza Venezuela, en Caracas, por agentes de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM). Un monstruo que conozco personalmente y que entraña al infierno mismo.
Desde ese día comenzó una desaparición forzada de más de 16 meses.
Durante meses, Carmen recorrió cárceles, tribunales, ministerios y centros de tortura preguntando dónde estaba su hijo. Nadie le daba respuestas.
Carmen Navas.
En la cárcel de El Rodeo I le negaban información, mientras las autoridades sabían perfectamente que Víctor Hugo ya había muerto bajo custodia del Estado.
El régimen venezolano no solo hizo desaparecer a Quero Navas. También hizo desaparecer a la verdad.
Según la versión oficial, Víctor murió el 24 de julio de 2025 tras haber sido trasladado desde El Rodeo I al Hospital Militar de Caracas, por una supuesta insuficiencia respiratoria y un tromboembolismo pulmonar. Pero su madre jamás fue notificada.
Nunca recibió una llamada. Nunca le entregaron el cuerpo. Nunca hubo una investigación transparente.
Lo enterraron en secreto.
Diez meses después de su muerte, y sólo tras la presión pública nacional e internacional, el Estado venezolano terminó reconociendo que Víctor Hugo había muerto mientras permanecía bajo custodia estatal.
Carmen tuvo entonces que vivir una de las escenas más crueles que puede soportar un ser humano: reconocer el cuerpo de su hijo exhumado de una tumba marcada apenas con un papel.
Murió herida por esa crueldad.
"Cada gesto de legitimación internacional hacia el chavismo y cada silencio ambiguo ayuda a prolongar tragedias como la de Carmen y Víctor Hugo Quero Navas"
Murió después de recorrer cárceles, de doblar barrotes con sus propias manos, de atravesar oficinas y pasillos donde el silencio se utiliza como método de tortura psicológica.
Murió buscando justicia en un país donde el poder convirtió el sufrimiento humano en rutina burocrática.
Y, sin embargo, mientras Carmen agonizaba de angustia, todavía había políticos europeos dispuestos a seguir blanqueando al régimen venezolano, visitando el país cuando Carmen buscaba a su hijo, hablando de amnistía cuando se la negaban a Víctor Hugo, porque ya le habían asesinado.
Todavía había dirigentes españoles y operadores internacionales empeñados en vender la ficción de una "normalización democrática" en Venezuela.
Y en ese contexto, vuelve a aparecer José Luis Rodríguez Zapatero y toda la estructura política y mediática que durante años ha servido para lavarle la cara a la dictadura venezolana, a sus amigos íntimos como el mismo expresidente se refiere en entrevistas.
Cada gesto de legitimación internacional hacia el chavismo tiene consecuencias humanas concretas.
Cada abrazo diplomático, cada silencio ambiguo y cada fotografía complaciente ayuda a prolongar tragedias como la de Carmen y Víctor Hugo Quero Navas.
Por eso, sería moralmente insoportable, democráticamente intolerable, que en noviembre, en Madrid, algunos pretendan estrechar la mano de los responsables políticos de este horror, mientras cientos de madres venezolanas siguen buscando hijos desaparecidos, presos o muertos bajo custodia estatal.
Si Víctor Hugo sufrió con un país en silencio, Carmen no puede irse sin que Venezuela entera reaccione con determinación y coraje.
Porque cuando el Estado se convierte en injusticia, el silencio colectivo termina siendo complicidad.
Carmen Navas, de tanto buscar a su hijo, terminó encontrándolo en el cielo. Hasta allá fue a abrazarlo.
Y de tanto buscar a su hijo, encontró también a millones. Porque hoy ella representa a la madre de cada venezolano.
Que nadie la olvide.
Que no dejemos pasar su muerte ni la de su hijo como otra noticia fugaz consumida por la indiferencia.
Que este dolor se convierta en acción.
Que nadie vuelva la mirada.
Que nadie calle frente a una crueldad que ya resulta insoportable.
Y que ningún país invite y reciba a los responsables de estos crímenes en su piso para hacer cómplices a todos sus ciudadanos.
*** Sergio Contreras es un expreso político del chavismo y presidente de la ONG Reporteros sin Fronteras.
