El pasado 27 de marzo este periódico publicó un editorial titulado Purgas, corruptelas y nepotismo: Vox le declara la guerra a Vox.

Desconozco quién lo escribió, pero no es relevante. Bien puede pasar a la historia como el verdadero manifiesto de la conjura que se puso en marcha el mismo día que Vox consigue su mejor resultado en unas elecciones autonómicas, como fue Castilla y León.

Eso que ha venido a denominarse "el sistema", el bipartidismo estructural, el régimen del 78, advirtió que no podía entrar en una guerra abierta de ideas, proyectos y propuestas políticas con Vox. El sentido común crece.

El "sistema" ha metido tres millones de extranjeros en cinco años en España.

El "sistema" ha aprobado una ley de eutanasia que depura sin clemencia a personas necesitadas de la solidaridad de la Nación con la implacable eficacia de un formulario y una sustancia mortal.

El "sistema" está colapsando en todos los frentes: inversiones en infraestructuras, seguridad, sistema penitenciario, trituradora impositiva, muerte demográfica, garantías institucionales.

El secretario general de Vox, Santiago Abascal, junto a Jorge Buxadé en Murcia. Juan Carlos Caval EFE

Partido Popular y Partido Socialista enfrentan una primavera de procesos penales sobre corrupción. Corrupción de larga distancia. Y corta. Corrupción sistémica.

El régimen, el estado de cosas existente en un lugar y en un momento dado, como diría Schmitt, se va al garete.

Frente a los casos de corrupción urbanística en las filas populares y socialistas, Vox alza banderas como la liberación del suelo secuestrado por políticos para sus corruptelas, la prioridad nacional en el acceso, la construcción masiva de vivienda y el equilibrio del mercado mediante la reemigración de cientos de miles de extranjeros que no tienen derecho a estar en el territorio nacional o que viven de las ayudas públicas, parasitando un modelo de ayudas sociales que expulsa al español, que lo paga y lo sufre.

Frente a la corrupción socialista en la contratación pública, Vox alza la bandera de lo nacional, recuperación de competencias por el Estado, eficiencia en compras centralizadas, la devolución al funcionario competente al servicio de España de lo que le ha usurpado el político incapaz al servicio de sus intereses económicos.

Esa editorial minimiza u oculta lo que sucede en otros partidos y maximiza lo que acontece en Vox con la finalidad de erosionar el liderazgo y crear un artificial estado de opinión.

¿Que un portavoz municipal nombrado como tal por el Comité Ejecutivo Nacional se niega a cumplir públicamente y en franca rebelión la decisión del mismo CEN de dejar su puesto a un compañero, y se le abre expediente? Purga.

¿Que un portavoz municipal cierra un acuerdo de gobierno con el PP sin informar ni pedir autorización al partido? Purga.

¿Que un afiliado emplea las redes sociales para atacar personalmente con insidias y menoscabar la imagen, la dignidad y el trabajo de los que dirigen la organización y se le abre expediente? Purga.

Lo que en unos casos es renovación, en otros es purga.

Miklós Panyi, secretario de Estado en Hungría; Jorge Buxadé, eurodiputado de Vox; y Carlos H. Quero, diputado de Vox en el Congreso, en Bruselas. Vox

Creo sinceramente que el lector no merece este cainismo. Y me duele porque sé del enorme trabajo y tesón de afiliados y simpatizantes de Vox, arrostrando sacrificios personales, laborales o incluso físicos en la calle.

La pregunta es, ¿en el periódico EL ESPAÑOL no hay una dirección que fija la línea editorial, cambia titulares, decide qué se publica y qué no, reorganiza el trabajo, distribuye tareas, fija horarios o calendario de vacaciones?

Seguro que sí, y seguro que lo hace todo lo bien que sabe, o puede.

¿Y si un trabajador o mando intermedio de EL ESPAÑOL graba a sus compañeros, filtra los audios, o acude a la competencia a ofrecer miserias y ofrecerse como vocero, cuál sería la consecuencia?

Es precisa otra España.

Y eso requiere romper tabúes, derruir el muro que divide a los españoles y lanzarse a una inmensa labor de reconstrucción de la economía, las instituciones, las libertades, que es en lo que está Vox.

Una España donde gestionar no sea traicionar; donde prudencia no sea cobardía; donde planificar no sea robar.

Nepotismo en la Moncloa; corruptelas, y más, en Génova y Ferraz; y purgas en la China de Xi Jinping.

Y contra todo eso nació Vox, y contra todo eso y mucho más se alza Vox, unido y determinado.

El único que sale beneficiado de todo esto es Sánchez. Tome nota el lector. Sólo un Vox fuerte acaba con el socialismo.

Miren el histórico: ¡Andalucía!, Valencia, Baleares, Aragón, ¡Extremadura!

La posibilidad de arrumbar el socialismo en las próximas elecciones generales pasa por un Vox fuerte. No es opinión. Tenemos la experiencia de julio de 2023. Sánchez lo sabe y por eso en la tribuna del Congreso teatraliza las mismas consignas que se lanzan en los medios que se dicen de centroderecha, que cooperan al sostenimiento del traidor.

La conjura contra Vox es una conjura contra un posible futuro distinto para España.

Añado más: los que ansían un gobierno de coalición de populares y socialistas al modo germánico, han de saber que sólo un gran resultado electoral de Vox la haría posible.

De otro modo, Sánchez permanecerá. Y, con él, el socialismo indecente y corrupto.

*** Jorge Buxadé es jefe de la Delegación de Vox en el Parlamento Europeo y abogado del Estado en servicios especiales.