Se atribuye a Voltaire la idea de que a los vivos les debemos respeto y a los muertos, nada más que la verdad.
Se entiende que el filósofo, amigo de la polémica, cuestionaba así la convención social que lleva a los hombres a ensalzar las virtudes de los difuntos y a minimizar sus defectos.
Pero incluso él (símbolo de la transgresión y la iconoclasia) reconocía que a los muertos les debemos, al menos, la verdad. No hace falta adularles, pero lo que resulta de todo punto intolerable en un contexto de normalidad moral es calumniarlos y tergiversar su memoria.
Eso es exactamente lo que ha hecho el ministro Óscar López con el fallecido Javier Lambán, expresidente de Aragón, a quien el ministro de Transformación Digital y Función Pública ha pretendido endilgar la responsabilidad del descalabro socialista en las elecciones aragonesas.
López acusa a Lambán de no haber hecho oposición al presidente Azcón y de defender "argumentos de la derecha".
Más allá de la bajeza de atacar a quien no puede defenderse (que ya ni siquiera sorprende viniendo de la ciénaga sanchista), impresiona constatar hasta qué punto los turiferarios de Sánchez están dispuestos a envilecerse y envilecer nuestra vida pública para salvar la cara de su amado líder, vapuleado electoralmente tanto en Aragón como, antes, en Extremadura, donde no había difunto a quien endosar el desastre.
Pilar Alegría, junto a Teresa Ladrero (a su izquierda) y Juan Antonio Sánchez Quero (a su derecha).
Pero, ¿cuáles son esos "argumentos de la derecha" que según López defendía Lambán?
Las discrepancias de Lambán con el oficialismo socialista llegaron cuando Sánchez empezó a cumplir una tras otra todas las exigencias de sus socios separatistas: amnistía para los golpistas; reforma a la carta del Código Penal; pinganillos en el Congreso contra la lengua común; voladura de la caja común para agasajar al separatismo con una financiación singular para sus delirios identitarios, etcétera.
Las posiciones "de derechas" que López atribuye a Lambán son, esencialmente, las bases de nuestra democracia: la defensa de la unidad de la Nación, el Estado de derecho y la igualdad y la solidaridad entre españoles.
Es cierto que, bajo la férula de Sánchez, el PSOE ha renunciado definitivamente a todo ello, pero no deja de resultar lamentable constatar hasta qué punto sus cuadros asumen con docilidad semejante inversión moral. Pues sólo desde una kafkiano inversión moral puede uno afirmar desde la izquierda que esas ideas son patrimonio exclusivo de la derecha.
"Lambán se convirtió en los últimos años de su vida en una de las bestias negras del separatismo, cuyos representantes han seguido insultándole incluso después de muerto"
Es verdad que basta echar un vistazo rápido a la hemeroteca para comprobar que Lambán criticó todas y cada una de las claudicaciones de Sánchez ante el separatismo, lo cual sólo hace que agrandar su memoria como referente ineludible en la defensa de la democracia española frente a sus enemigos declarados.
No en vano Lambán se convirtió en los últimos años de su vida en una de las bestias negras del separatismo, cuyos representantes han seguido insultándole incluso después de muerto.
"Filofascista", le llamaba un diputado de Junts en el Parlamento catalán, Francesc de Dalmases, en un tuit publicado el día de su muerte. Y añadía, con saña, que Lambán "encanta a los españoles de izquierdas y de derechas".
En efecto, a algunos Lambán nos gustaba, precisamente, por su compromiso con España y con los españoles, cosa que obviamente no podemos decir de Óscar López, ese orwelliano ministro para la distorsión conceptual de la realidad política.
Por lo demás, tampoco parece que López esté en disposición de dar lecciones sobre cómo hacer oposición, a juzgar por todas las encuestas que vaticinan otra mayoría incontestable de Ayuso en la Asamblea de Madrid.
López es, de hecho, una bicoca para Ayuso.
El ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública, Óscar López.
La vileza de López coincide en el tiempo con la campaña de excomunión de la izquierda contra Felipe González promovida desde el Gobierno y sus terminales mediáticas.
González, como anteriormente Alfonso Guerra, ya es para los guardianes de las esencias abyectas del machismo un peligroso ultraderechista, como la inmensa mayoría de los españoles.
Para esta izquierda sectaria y guerracivilista, fascistas somos todos los que defendemos lo que defendía Lambán: la unidad de España y la igualdad y la solidaridad entre españoles.
Lambán merece, mal que le pese al ministro López, el respeto y reconocimiento de todos los españoles de bien con independencia del partido al que voten.
Y los españoles de bien le debemos, por supuesto, la verdad.
*** Nacho Martín Blanco es diputado del PP en el Congreso.
