Es como si los directores de periódicos hubiesen pintado sus portadas juntos. Todas ellas llevan una misma imagen, la de Vladimir Putin, y un titular casi calcado. ABC: “Putin se aferra al terror nuclear”. La Vanguardia: “Putin acelera el final del control del arsenal atómico”. El Mundo: “Putin rompe con 35 años de control de armas nucleares”. La Razón: “Putin abre la puerta a una carrera nuclear”. El País: “Putin suspende el último acuerdo de control nuclear con Estados Unidos”. 

Ayer, el presidente de Rusia habló ante sus diputados. Necesitaba mover ficha después de conocer la última remesa de armas enviada por Occidente a Ucrania. Acababa de ver cómo Joe Biden abrazaba a Zelenski en Kiev. Sin apenas ases en la manga, dicen las crónicas, Putin decidió explicitar una amenaza verbal de tono nuclear.

Pero hay otro matiz importante. Lo nuclear es el argumento que emplea para disuadir a Occidente. Sin embargo, la moralidad es la causa con la que intenta convencer a los suyos, a la población rusa, de que esta guerra es justa. Leo un párrafo de su discurso en las páginas de El País: “Mirad lo que están haciendo con sus pueblos. La destrucción de la familia y de la identidad cultural y nacional. La perversión, el abuso de los niños, incluso la pedofilia, son norma de vida. Y los sacerdotes son obligados a bendecir matrimonios entre personas del mismo sexo. Protegeremos a nuestros hijos de la degeneración”. Si le llegan a pasar sus asesores un informe de la ley trans, igual nos cae el primer misil.

Esta norma fue el epicentro del debate ayer en el Senado. Como cada mes, tuvo lugar un nuevo Sánchez-Feijóo. Cada vez son más aburridos estos debates. Los diarios digitales, por ejemplo, ya no los sitúan en sus portadas a esta hora de la mañana. Sólo sobreviven en las tripas de los diarios de papel. 

“Feijóo jalea el miedo a la ley trans en su debate con Sánchez”, titula El País. “Feijóo advierte a Sánchez de que la ley trans será un nuevo sí es sí”, responde ABC. Hubo dos momentos habituales, pero que no por ello dejan de ser extraños. Sánchez volvió a fiscalizar la labor de Feijóo como presidente de Galicia, cuando supuestamente se trata de una sesión de control al Gobierno. Feijóo se lo dijo: “Le agradezco que me haga estas sesiones de control a mí, eso es que ya se ve en la oposición”. Y el segundo detalle: Feijóo hizo una de las suyas. Le dijo a Sánchez que dejara de molestar, entrecomillo, “a la gente de bien”. Esto es más antiguo que la vieja guardia de la España que madruga. ¡Quién es la gente de bien! Sólo los que piensan como Feijóo, se entiende.

Y para cerrar el capítulo de lo sucedido en el Congreso. La Razón mete una marcha más. Ya no le vale el término “Frankenstein” para referirse al Gobierno. Dice: “Habrá coalición zombi hasta disolverse las Cortes. Necesitan transmitir que el Gobierno puede tener continuidad tras las elecciones”. 

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Sobre los eurodiputados, por fortuna, no se cruzaron con el “tito Berni”. Ese es el alias que utilizaba Juan Bernardo Fuentes, diputado del PSOE por Canarias, hasta que fue detenido. Revela El Confidencial que este hombre lideraba una organización criminal que consistía en cobrar comisiones a empresarios a cambio de un trato especial en Canarias. Lo mejor de todo: al parecer, tito Berni recibía la pasta en efectivo en su despacho del Congreso de los Diputados. Luego ya se iban a los clubes de alterne. ¿Cuánto pagaríais por ver la cara de Mónika Hohlmeier, la mujer de negro, al leer esta noticia?

Leo en EL ESPAÑOL cómo ha terminado este particular “Bienvenido, Mr. Marshall”. Hubo dos tipos de reunión. La de los fondos europeos ha acabado con este titular: “Bruselas da tres meses a Sánchez para probar que rebajar la malversación no afecta a los fondos UE”. Y el segundo, que tiene mucha más miga: la visita de las eurodiputadas a Irene Montero y Carmen Calvo.

La crónica de Rodríguez Veiga indica que Carmen Calvo, presidenta de la comisión de Igualdad, habló por boca de todos los diputados miembros de esa comisión… sin haber pactado antes con ellos el contenido. Les dijo a las eurodiputadas: “¿No vendrán ustedes a interferir en las leyes españolas?”. 

Elzbieta Lukacijewska y sus ocho compañeras creían llegar curadas de espanto a visitar a Irene Montero, pero el encuentro superó sus expectativas. Cuando preguntaron por las quinientas y pico rebajas de penas a agresores sexuales, la ministra de Igualdad preguntó: “¿De dónde sacan esos datos?”. Y luego añadió: “Los jueces aplican la ley con estereotipos de género”. Pero dame Elzbieta, qué duros los polacos, contestó: “Los jueces aplican la ley que hacen los legisladores”.

*Esta es la revista de prensa que Daniel Ramírez realiza cada mañana para 'La España que madruga', en 'Más de Uno', el programa de Carlos Alsina en Onda Cero.