Escribió Hemingway en El viejo y el mar que un hombre puede ser destruido, pero jamás derrotado. Lo que se le olvidó añadir es que hay países a los que les pasa lo mismo. Ahí está Rusia, a lomos de Vladimir Putin y viceversa, dándonos el otoño, el invierno y en realidad lo que surja. Ya sea con ataques informáticos, con injerencias en Cataluña o con otras maneras más o menos sutiles de desestabilizar la Unión Europea.

Ahora tenemos el agravante de que Putin sabe que tiene una posición de fuerza. Siente que Europa sufre sus achaques y que depende en buena medida de su gas para calentar sus fríos hogares. Sabe que Estados Unidos, después de lo de Afganistán, anda algo desorientado y con prioridades en otras latitudes. Y Rusia desde luego no ignora que es un buen momento para echarle un pulso a Occidente, para medir hasta dónde puede llegar y para calcular hasta dónde puede acortar las áreas de influencia de Occidente y de la OTAN.

Lo demuestra con la presión a las fronteras de Polonia desde Bielorrusia, como respuesta a las masivas protestas proeuropeas y contra la tiranía amiga de Lukashenko de los últimos años. Y lo demuestra, por supuesto, con Ucrania.

Hace siete años que ocuparon el este del país y la península de Crimea. Pero esto no parece suficiente para Putin. Ya ha acumulado 175.000 efectivos a sus fronteras con Ucrania. Quién sabe si para asegurarse el control del resto del país. Quién sabe.

A estas horas disponemos de la certeza de que los militares no se han movido, que sigue a la espera de las órdenes que lleguen del Kremlin. La incógnita es qué tipo de órdenes recibirán. ¿Acabará todo esto en una simple maniobra de presión para negociar o para espantar a la OTAN? ¿O Putin están dispuesto a llevar la provocación un paso más lejos?

Hablo con Nicolás de Pedro, académico del Institute for Statecraft de Londres, para descubrir qué planes tiene Putin reservados para Ucrania. También me acompaña José Ramón Bauzá, eurodiputado de Ciudadanos y miembro de la Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento Europeo, para conocer qué herramientas tiene al alcance la Unión para hacer frente a la agresividad rusa. Y si, para ser francos, nos conviene o no meternos en el barullo ucraniano.

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