La comisión de investigación del Congreso de los Diputados sobre la operación Kitchen concluyó ayer después de un año de comparecencias. El dictamen asume que Jorge Fernández Díaz, como ministro del Interior, decretó el robo al extesorero Luis Bárcenas de información sensible para el Partido Popular y el entonces presidente del Gobierno, Mariano Rajoy.

El texto, aprobado con el apoyo de PSOE, Unidas Podemos y Bildu, incluye que “la cúpula directiva del PP ordenó que se utilizara a los efectivos, medios y recursos del Ministerio del Interior”. También que se realizó “con conocimiento” de María Dolores de Cospedal, entonces secretaria general del partido, y que se “informaba” a Rajoy del curso del operativo. A su vez, recoge que el propósito era “la obstrucción de las investigaciones judiciales en marcha”.

Es cierto que la naturaleza de estas comisiones de investigación es cuestionable, que su validez es nula y que los únicos responsables de verificar hechos son los tribunales. Los representantes del PSOE o Bildu, a fin de cuentas, juzgan sobre sospechas.

Pero a estas alturas resulta inverosímil que Rajoy ignorara la existencia de esa operación o del mismo comisario Villarejo (que desgranó en el Congreso que se comunicaba telefónicamente con el expresidente para rendir cuentas de los avances del operativo), como sostuvo en la comisión parlamentaria.

Negación

Hay indicios abrumadores, muchos de ellos adelantados por este periódico, de la trama delictiva que amparó Rajoy. También de que, cuando el extesoreoro tiró de la manta, el partido trató de encubrirlo, primero, y de destruir las pruebas incriminatorias, después.

Es difícil de creer que nadie en el departamento de Interior estuviese al tanto de una operación tan importante para el presidente. Que el número dos de Fernández Díaz, Francisco Martínez, se enterara por un comentario del ministro. Que el ministro, a su vez, lo descubriera por la prensa. Y que Rajoy, cumbre de la pirámide, ni siquiera estuviese al tanto de su “existencia”. La operación Kitchen es el baldón que siempre llevará el expresidente.