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. EFE

LA TRIBUNA

Lecciones del 'midterm' para combatir el populismo

La autora sostiene que la reciente victoria de los demócratas en las urnas se debe a haber centrado la campaña en asuntos de interés general ignorando el cuerpo a cuerpo que proponía Trump.

Mientras un amigo y yo tomábamos una cerveza en San José, en un bar-blues que nos encanta, miré a la gente a mi alrededor y me sorprendí a mí misma diciéndole al camarero: "Esta es la auténtica Bahía de San Francisco". Lo decía por el contraste con los tipos que han venido para arruinar la zona al calor del multimillonario Silicon Valley. No había tomado tantas cervezas como para pretender hacer con ese comentario un análisis de ciencia política: sólo afloré un poco del populismo que todos llevamos dentro. En este caso, únicamente quería subrayar la diferencia que hay entre quienes crecimos en la Bahía de San Francisco y las élites de Silicon Valley que la han convertido en un lugar completamente diferente.

Se trata de un argumento emocional que da una idea de por qué es tan difícil combatir el populismo. Se apela a la gente corriente para enfrentarla a unas élites sin rostro que nos dominan. Según el politólogo holandés Cas Mudde, el populismo es una "ideología delgada" porque sólo se ocupa de una parte estrecha de la agenda política: la ofensiva contra el establishment.

El populismo, término tan extendido últimamente, es difícil de identificar porque se inclina tanto hacia la izquierda como a la derecha, pero el sentido de "nosotros contra ellos" es central. Podemos encontrar todas las características del populismo en el trumpismo: la política de la división, la elección de un solo grupo de personas (sus partidarios) como legítimo, y un marco moral en el que solo este grupo representa a las personas reales

Pero hay buenas noticias en la lucha contra el populismo: las recientes elecciones del midterm en EEUU nos muestran el camino. La lección consiste en no caer en su juego del "nosotros contra ellos", sino en concentrarse en los asuntos que importan, y por lo tanto, no seguirles en la escalada de mentiras y manifestaciones escandalosas. Los Demócratas ganaron la Cámara de Representantes porque se apartaron de la permanente fábrica de indignación de Trump y se centraron en el problema de la sanidad.

Nancy Pelosi dio la consigna a los Demócratas de no entrar al trapo de Trump y centrarse en la sanidad

Aun así, algunos siguen defendiendo que el populismo se combate con populismo.  Michelle Obama ha recordado a los Demócratas que cuando los republicanos caen, ellos suben: "When they go low, we go high". Pero el ex fiscal general Eric Holder tiene su propia versión, más agresiva: "Cuando caen, los pateamos". Y Michael Avenatti, famoso por ser el abogado de la estrella del porno Stormy Daniel, ha dicho que habría que arrojar a Trump con una honda. Por suerte para los Demócratas, ni Holder ni Avenatti se postulaban para el cargo en estas elecciones de mitad del mandato presidencial.

La californiana Nancy Pelosi, líder de los Demócratas en la Cámara de Representantes, dio la consigna de centrarse en la sanidad, el asunto que más une a los Demócratas y a muchos independientes en las grandes ciudades. Alrededor del 50% de toda la propaganda demócrata en las elecciones se destinó a denunciar la atención médica. Y como Trump se lo temía, a principios de octubre escribió un artículo en el USA Today acusando falsamente a los Demócratas de defender el "medicare" para todos, es decir,  de querer extender a toda la población el sistema que sólo rige en EEUU para los jubilados.

El problema para Trump es que ni él ni los republicanos tienen credibilidad en este tema. Y mientras los Republicanos le suplicaban que centrara el discurso en la fortaleza de la economía, el presidente pensó que era un asunto muy aburrido, por lo que optó por volver a demonizar a los inmigrantes empleando como carnaza la caravana de emigrantes que viajaba a través de México en dirección a la frontera de EEUU. Esta táctica le funcionó en los Estados que le apoyaron en las presidenciales, pero no con la población blanca instruida de grandes ciudades que fue crucial para su triunfo en 2016.

Más allá de focalizar el debate en la atención médica, Pelosi pidió a los Demócratas que fueran extremadamente disciplinados para no caer en la trampa de responder al último tuit, hecho o declaración escandalosa de Trump. Y es que gran parte del éxito de Trump ha sido su extraordinaria capacidad para marcar la agenda. A diferencia de los políticos convencionales, a él no le importa si la repercusión mediática de sus actos es negativa: le basta con que se hable de ellos.

El uso del miedo hacia Vox no funcionó para que los votantes del PSOE descontentos fueran a las urnas

La victoria demócrata demuestra lo acertado de la estrategia de Pelosi e indica que el viejo consejo de nuestras madres de ignorar a los matones puede ser la clave para hacer campaña contra el populismo. Los partidos y los candidatos harán bien con no permitir que los populistas establezcan la agenda con sus quejas vacías y, en cambio, se centren en los temas que realmente son importantes para las personas.

Los medios de comunicación podrían aprender también una lección: después de que Trump retirara el pase de prensa a un periodista de la CNN, el directivo de la cadena Jeff Zucker pidió a los productores no se hicieran eco de la noticia. También vimos a los líderes europeos hacer lo mismo cuando Trump se ausentó en Francia de la ceremonia del centenario del fin de la I Guerra Mundial: se centraron en sus propios mensajes sobre los peligros del populismo y, en su mayoría, le ignoraron. Como solía decir mamá: todo lo que quiere es atención, no se la des.

Esta semana es imposible no tener en cuenta que el PSOE en Andalucía podría haberlo hecho mejor si hubiera seguido el modelo de campaña de Pelosi y no el de Clinton, que se centró en suscitar el temor a lo que podría suceder si ganaban los populistas. Aunque resulte tentador combatir el populismo y el miedo al otro con más populismo y más miedo al otro, los estudios muestran que, si bien estas tácticas tienden a funcionar en los votantes conservadores, no son tan efectivas entre los progresistas. El uso del miedo hacia Vox no funcionó para que los votantes del PSOE descontentos fueran a las urnas: una prueba más de lo equivocado del método.

*** Alana Moceri es analista de relaciones internacionales, escritora y profesora de la Universidad Europea de Madrid.

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