Ha sido necesario el transcurso de casi un mes desde la invasión de nuestras fronteras por más de 80.000 marroquíes para que el Gobierno haya asumido el mando único de la gestión de la crisis de Ceuta.
El Ejecutivo declarará hoy martes la "Situación de interés para la Seguridad Nacional" en la ciudad autónoma.
Esta figura jurídica, contemplada en la Ley de Seguridad Nacional para hacer frente a acontecimientos excepcionales, se sitúa en un nivel menos restrictivo que otras fórmulas que permiten al Gobierno asumir todas las competencias (como el estado de alarma, excepción o sitio).
Pero su declaración equivale a oficializar la magnitud de la crisis ceutí que el Gobierno ha venido esforzándose en rebajar.
Porque la herramienta está prevista para emergencias cuyo alcance y urgencia, al desbordar la capacidad de las respuestas ordinarias, hacen necesaria una cooperación reforzada entre las administraciones bajo la dirección del Gobierno.
Cabe preguntarse qué ha cambiado para que el Ejecutivo se avenga ahora a tomar el control que se había resistido a asumir a lo largo de estas semanas.
Qué ha cambiado, se entiende, más allá del natural agravamiento de los problemas de inseguridad e insalubridad ocasionados por los asentamientos irregulares de los miles de marroquíes que aún permanecen en la ciudad, fruto del colapso en las dotaciones de asistencia y acogida y el retraso en la tramitación de los expedientes de repatriación.
El nuevo bandazo de Pedro Sánchez supone un reconocimiento tácito de que la situación es, en efecto, tan grave como habían denunciado el Gobierno de Ceuta, la oposición, las autoridades europeas y periódicos como este.
El Gobierno está tratando de efectuar un control de daños cuando gran parte del daño ya está hecho, reaccionando tarde y mal a las secuelas de la violación marroquí de la integridad territorial española.
Porque la repentina activación del Ejecutivo va a vehicularse aplicando la misma medida que le solicitó Juan Jesús Vivas no ya el pasado 30 de julio, cuando decenas de miles de inmigrantes intentaron bordear el espigón del Tarajal, sino la víspera de que se produjera el asalto masivo.
Supone, además, una burla mayúscula que Moncloa recurra a esta iniciativa justo cuando Sánchez ha regresado de sus largas vacaciones.
El presidente sólo ha convocado de manera extraordinaria el Consejo de Seguridad Nacional después de casi un mes de asueto en La Mareta. Sánchez partió hacia su residencia estival el pasado 29 de julio, y únicamente interrumpió su descanso durante unas pocas horas, para realizar una visita fugaz a Ceuta antes de reanudar sus vacaciones.
La dejación de funciones del presidente, que se ausentó incomprensiblemente durante la mayor amenaza nacional de los últimos años, se agrava con la incomprensible designación elegida para coordinar la emergencia.
El vicepresidente del Gobierno ha anunciado este lunes que el nuevo mando único estará encabezado por Ángel Víctor Torres. Y no por los ministros que, por sus competencias, se ajustarían más razonablemente a esta misión, como la de Defensa o el responsable de Interior.
Este nombramiento sólo se explica desde la óptica del tacticismo partidista. Si el encargado de dirigir la coordinación es el ministro de Política Territorial, es lógico concluir que el Gobierno quiere enmarcar la crisis bajo ese rótulo.
Se trata de escenificar que las comunidades autónomas son corresponsables de esta emergencia, estando por tanto obligadas a hacerse cargo de su correspondiente cuota de solidaridad en el alivio de la presión sobre Ceuta.
La herramienta jurídica escogida también atestigua el interés de Moncloa en pergeñar un relato para representar la emergencia como una crisis humanitaria sobrevenida, a fin de extender la responsabilidad política a las comunidades autónomas.
Porque la Situación de interés para la Seguridad Nacional es, en efecto, el instrumento adecuado para abordar una crisis migratoria.
Pero es que no es eso lo que ha ocurrido en la ciudad autónoma. Ceuta ha sido víctima de una invasión, asociada a un acto de guerra híbrida tolerado, si no alentado, por el Reino de Marruecos.
El volantazo de Sánchez pone en evidencia la desidia con la que el presidente ha manejado el asedio de la plaza fronteriza a lo largo de todo este mes.
Es evidente que la asunción del mando único está pensada para contrarrestar la cada vez más extendida percepción de que Sánchez ha dejado a Ceuta a merced de Marruecos. Pero la dilación en asumirla ha servido para lo contrario: patentizar la negligente, errática y opaca gestión de un gobierno manifiestamente incompetente.
