El PSOE cree haber encontrado la excusa con la que intentar desvincularse desesperadamente de la trama criminal dirigida y coordinada por Santos Cerdán y Leire Díez: lo ocurrido no habría sido una operación del partido, sino "una suma de comportamientos individuales de farsantes, oportunistas y resentidos que han usado el nombre del PSOE en vano y en falso".
La frase, difundida ayer por la secretaria de Organización, Rebeca Torró, y repetida por fuentes de la dirección, tiene la virtud de la brevedad y el inconveniente de la memoria. Porque la misma dirección que hoy presenta como obra de cuatro desaprensivos lo que la UCO describe como una trama para "proteger los intereses del presidente" mantiene a Cristina Narbona en la presidencia del partido.
Como ha publicado EL ESPAÑOL, el 24 de abril de 2024, el mismo día en que Pedro Sánchez publicaba su carta a la ciudadanía y anunciaba un periodo de reflexión de cinco días tras la apertura de diligencias contra su esposa, Leire Díez mantuvo una conversación por WhatsApp con la presidenta del PSOE.
En ella, la fontanera del partido le propuso "reconducir los ataques al presidente", ofrecer "ayuda cualificada" y "darle la vuelta al asunto como un calcetín".
Narbona respondió recordando que Díez ya se lo había contado "a Santos el otro día".
Horas antes, según el sumario, Leire Díez se había reunido con Santos Cerdán en la sede de Ferraz.
La propia Narbona ha reconocido posteriormente que Díez le ofreció información y que ella la remitió al entonces secretario de Organización "para que la revisara". No consta que la presidenta del partido considerara aquellas gestiones incompatibles con su cargo ni que las denunciara, tratándose de una propuesta para una operación 'cloaquera' de manual que Narbona debería haber intuido potencialmente delictiva.
Más todavía cuando, con el tiempo, Narbona vio (porque para algo era la presidenta del partido) como Leire Díez aparecía una y otra vez en Ferraz para planificar, junto a destacados miembros del PSOE, la trama criminal que le había anunciado por WhatsApp.
¿Eso también le pareció normal a la presidenta del PSOE?
La coartada de los "comportamientos individuales" resulta, en este contexto, de una fragilidad notable. Si la operación para neutralizar investigaciones judiciales que afectaban al líder del partido y a su entorno contó con el conocimiento de la presidenta y con la participación del secretario de Organización, resulta difícil sostener que se trató de una iniciativa aislada de militantes resentidos.
Así que o bien Narbona formaba parte de esa iniciativa (en cuyo caso la etiqueta de "resentida y oportunista" debería aplicarse también a ella), o bien el partido está dispuesto a aceptar que su máxima autoridad institucional cerró los ojos frente a una trama que la UCO sitúa en el corazón de Ferraz.
El recurso a los "resentidos" no es nuevo. Ya se utilizó cuando el escándalo alcanzó a José Luis Ábalos y su entorno. Funciona mientras la investigación se mantiene en niveles intermedios. Deja de funcionar cuando los mensajes judiciales sitúan a la presidenta del partido en la misma cadena de comunicación que la fontanera y el secretario de Organización.
En este punto, la explicación deja de ser una defensa y pasa a ser una pregunta sin respuesta. ¿Hasta dónde llega la "individualidad" de los comportamientos que el PSOE está dispuesto a condenar?
¿Es creíble que en un partido tan personalista como el actual PSOE hasta los cargos simbólicos como el de Cristina Narbona conocieran lo que cocían Leire Díez y Santos Cerdán, pero no lo supiera el secretario general y presidente del Gobierno?
El problema no es solo semántico. Es que el pretexto oficial del PSOE exige creer que una estructura diseñada para buscar y destruir pruebas, desacreditar mandos de la UCO y traficar con información sensible funcionó durante meses sin que la dirección del partido tuviera conocimiento efectivo de su existencia. O, peor aún, que lo tenía y lo consideró un asunto menor que no merecía ni una investigación interna ni una dimisión.
En ambos casos, la credibilidad del argumentario se reduce a cero.
El PSOE puede seguir insistiendo en que todo fue obra de farsantes y resentidos que utilizaron su nombre en falso. Lo que ya no puede hacer sin incurrir en el ridículo es pretender que Cristina Narbona, presidenta del partido y parte activa de la conversación del 24 de abril de 2024, quede automáticamente excluida de esa categoría.
O la excusa es falsa, o Narbona conocía la trama y calló. Elegir entre una cosa y otra es, desde ayer, un problema exclusivamente socialista. El intento de convertir a Santos Cerdán en un cortafuegos frente al presidente del Gobierno, como si todo hubiera sido cosa exclusiva de él y de Leire Díez, ha quedado amortizado en apenas 24 horas.
