El envío de la fragata Cristóbal Colón a Chipre que ha anunciado este jueves el Ministerio de Defensa supone la constatación definitiva de que la negativa de Pedro Sánchez a contribuir a las operaciones americano-israelíes en Oriente Medio no era más que una pose embustera.

El argumentario con que el Gobierno ha tratado de conciliar el "no a la guerra" de Sánchez con la escolta al portaaviones francés Charles de Gaulle hacia el Mediterráneo no puede ser más falaz.

Aduce que el préstamo de apoyo militar se hace no en el marco de la operación de EEUU e Israel sobre Irán, sino en el "espacio de la defensa de la UE". Y que "una cosa son misiones de ataque y otra de defensa".

La absurdez de este razonamiento salta a la vista: en toda guerra hay una faceta ofensiva y otra defensiva, en la que se encuadra la protección de la retaguardia. En este caso, la frontera oriental. Y tan parte del esfuerzo bélico es el aspecto defensivo como el ofensivo.

Es pertinente recordar que también la intervención de Aznar en la guerra de Irak fue una misión de paz.

Sánchez invocó al "trío de las Azores" como contrapunto de su pacifismo, pero aquel Gobierno tampoco participó de la invasión, sino que se limitó a prestar apoyo humanitario e instruir a los nuevos reclutas iraquíes en la fase de estabilización y reconstrucción posterior.

Estamos pues ante la artimaña de siempre: Sánchez juega a engañar a todo el mundo al mismo tiempo.

La cronología habla por sí misma.

Tras la declaración institucional del presidente este miércoles, en la que Sánchez mantuvo el pulso a Trump aún después de las amenazas de suspensión de los acuerdos comerciales, la portavoz de la Casa Blanca aseguró que España "ha accedido a cooperar con las Fuerzas Armadas de Estados Unidos".

Primero, el Gobierno aseveró de forma tajante que se trataba de "fake news", negando que en la reunión de Margarita Robles con el embajador estadounidense de ayer se transmitiera una supuesta rectificación de Sánchez.

Horas después, Margarita Robles y José Manuel Albares comenzaron a modular el discurso, abriéndose a "tener en cuenta y valorar" el envío de apoyo militar a Chipre en caso de que los países del bloque comunitario mandasen efectivos "en defensa de la paz".

Y, finalmente, el Ejecutivo se ha avenido a ofrecer protección y defensa aérea como parte de un despliegue motivado por la misma escalada de la crisis en Oriente Próximo de la que pretendía desentenderse.

El Gobierno fundamentó su desavenencia con EEUU en el razonamiento de que proporcionar apoyo logístico a los aviones que bombardean Irán supondría ser "cómplice" de un ataque "malo para el mundo" e "ilegal".

Pero ¿no cabía decir lo mismo del ataque del pasado junio?

Cabe recordar que, cuando EEUU e Israel bombardearon Irán durante la guerra de los doce días, sí se permitió que aviones cisterna y bombarderos estadounidenses utilizaran Rota y Morón como puntos de parada y reabastecimiento en su trayecto hacia la región del Golfo.

Tampoco entonces la operación estaba amparada por un mandato de la ONU o la OTAN, que es lo que pretexta hoy el Gobierno para denegar la autorización a usar las bases españolas.

Entonces ¿por qué se le niega el apoyo logístico a EEUU ahora?

Sencillamente, porque Moncloa considera que este enfrentamiento con Trump es provechoso para Sánchez en términos electorales.

La recuperación del "no a la guerra", usufructuado por Zapatero tras las protestas masivas de 2003 contra la intervención en Irak, se contempla como un revulsivo para movilizar a la izquierda, dinamizar la legislatura y revitalizar la candidatura de Sánchez.

Pero el envío de la Cristóbal Colón (que no es un barco cualquiera, sino la fragata más puntera de la que dispone España) pone de manifiesto el cinismo del eslogan del "no a la guerra", en la cual España ha acabado participando y prestando de todos modos el apoyo logístico al que decía negarse.

La sucesión de los hechos sólo admite una lectura: el Gobierno, tal como alardeó Albares el martes, creyó en un primer momento que la negativa a colaborar con EEUU no iba a acarrear problema diplomático o represalia comercial alguna.

Pero cuando advirtió la magnitud del daño que podía infligir el embargo comercial con que Trump amenazó a España poco después, el Ejecutivo claudicó y comenzó a plegar velas.

Con ello ha quedado comprobado que lo que declaró la portavoz de la Casa Blanca sobre la apertura de España a la cooperación militar era estrictamente cierto, y que quien mentía, una vez más, era el Gobierno de España.