Feijóo arrancó su campaña hablando de sacrificio y esfuerzo, y a algunos nos recordó a aquella vez que Winston Churchill, empeñado en tratar a los ingleses como adultos, dijo que no tenía nada que ofrecerles excepto sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor: "I have nothing to offer but blood, toil, tears and sweat".

Los ciudadanos entendieron perfectamente a Churchill y a Feijóo. Pero en el PSOE no tardaron ni medio minuto en hacer mofa y befa.

¿Sacrificio? ¿Trabajo?

¿Pero de qué va este hombre?

Horas estuvieron con la cantinela ante un PP impertérrito que al día siguiente publicó un vídeo en el que se ve a gente normal trabajando o estudiando, mientras suena de fondo una marcha de Semana Santa titulada La esperanza de María y se sobreimprime la frase "tu esfuerzo merecerá la pena".

Y las huestes de Sánchez volvieron a salir, indignadas, como las gallinas cuando les sueltan el maíz a la voz de pitas, pitas.

Nombrarles el esfuerzo es como llevar una ristra de ajos a casa del conde Drácula, o un rayo de luz a un congreso de gremlins.

Para un socialista, pedir que la gente se sacrifique es insultarla.

Pero tenemos que entender el asunto: en casa de Sánchez no hay costumbre. A su mujer le regalaron una cátedra sin tener una licenciatura. A su hermano, el primer puesto en un concurso convocado a su medida. A él, una tesis. A Zapatero, unos joyones que ni la Begún.

Y en los alrededores, pues ya sabemos que Jessica vivía de gorra en un piso morrocotudo en la Plaza de España, y otra de las pilinguis de Ábalos se quejaba cuando le encontraron un empleo y la obligaban a ir.

¿Cómo le vas a hablar del esfuerzo a Pedro Sánchez, si hasta cuando se fue de gira con el Peugeot conducía otro?

Hace bien el PP en pedir esfuerzos y sacrificio. En ese terreno van a ganar, porque ahí el PSOE está más perdido que un pulpo en un garaje.

Además, me temo que la banda de Pedro no ha entendido el video de marras: no están diciendo a la gente que va a tener que trabajar más. Le están diciendo que el sudor de su frente no se va a utilizar para ponerle un piso a la barragana de un ministro.