Yo no sé de qué nos defiende nuestra policía, pero sé que es muy brillante atacándonos.

No sé si les veremos alguna vez demostrar qué podrían hacer en defensa de la patria, en defensa del interés general (hasta dónde su testiculario, hasta dónde su bravura), porque lo suyo es la represión interna.

Ese es su grisáceo destino: son fuertes con los débiles y débiles con los fuertes.

Se me ocurre que esto es algo que debe avergonzar a sus santas madres, a las mujeres que les amaron cuando aún eran vulnerables.

Se me ocurre que estos bárbaros una vez fueron cuidados hasta emanciparse, hasta fortalecerse (una vez les bañaron y les llevaron la comida hasta la boca desdentada, una vez les sonaron los mocos y les quitaron las lágrimas, una vez les abrazaron en la noche de la febrícula y se hizo de día y los monstruos aún estaban, una vez pudieron morir pero alguien se encargó de que vivieran), y no han aprendido nada, absolutamente nada, sobre la protección de los otros. Sobre la dignidad y sobre el respeto a la vida.

Sobre el celo con el que uno debe guardar al pequeño, al despojado.

No aprendieron nada, absolutamente nada, sobre la delicadeza. Sobre la proporción.

Pienso en esas mujeres hermosas y sabias que se partieron el lomo para educarles, que se esforzaron en inculcarles sentido de la justicia. Les hablaban siempre al volver del colegio y de la calle cuando ellos aún no entendían el mundo, les explicaban todo con mucha paciencia. Tu madre te ha dicho que a una niña no la tocas y que al que tiembla lo defiendes, niñato. ¿Te acuerdas?

Esto me lo decía Arsuaga, el paleoantropólogo. Que hay algo más importante que leer a Shakespeare y a Cervantes y escuchar a las madres y a las abuelas, porque ellas preservan la humanidad, porque nunca nos dijeron "pégate con ese" ni "haz la pelota", ni "sé un abusón, sé cruel y arbitrario", pero la verdad es que hubo algunos policías que hicieron las tres. Jajá. Los muy lamebotas del Estado.

Sé que una vez esas madres les hablaron a sus vecinas de ellos, de sus vástagos, henchidas de orgullo, confiando en que acabarían siendo hombres grandes, hombres nobles. Hombres valientes y buenos.

Pero hoy sus hijos son poco más que unos matones a sueldo o unos porteros de discoteca tronados, iracundos por alguna razón que desconocemos, pasaditos de rosca. Le pegan a chavales que podrían ser sus críos. O a señoras que podrían haberles parido. Nosotros les damos de comer y ellos nos revientan la cara, qué majos.

Esta es la Policía de nuestro esquizofrénico gobierno progresista. La Policía de Marlaska.

Un antidisturbios fue imputado este verano por agredir a una docente jubilada de sesenta y ocho años en Valencia. La tiró al suelo empujándola por la espalda, el traidor. El vídeo es de no creer. Si tienes estómago, te da dolor de estómago.

Hoy veía otras imágenes delirantes. Unos agentes (encapuchados, como les gusta a ir a ellos, a ratos indistinguibles de los terroristas, pero con sus cerriles cráneos protegidos con cascos y viseras) golpeaban con aterradora violencia a unos estudiantes y a algunas profesoras que se manifestaban pacíficamente en defensa de la educación pública, en el campus de Ciudad Universitaria, aquí en Madrid.

Los chavales iban cruzando la puerta de la Facultad de Ciencias Químicas. Con sus mochilas. Con sus pancartas. Y han venido quince dementes a molerles a palos hasta dejarles sangrando. He visto cómo los chicos se protegían de los golpes con la telilla del mural y he sentido una vergüenza y una rabia extraordinarias.

Es interesante ver el vídeo desde varios ángulos. Yo lo he hecho. En el frontal no se distinguía bien el matiz del cuerpo a cuerpo, en el lateral sí. Ninguno de los manifestantes ataca a ningún policía. Un agente, simplemente, arremete contra los muchachos a golpe de porra, y ya está.

Cargas policiales contra estudiantes en la Universidad Complutense de Madrid. EFE

A Ainhoa, una estudiante de 23 años, la policía le ha roto el cúbito del brazo.

¿Dormirá esta peña bien por las noches?

¿Qué le contarán a su esposa y a sus hijos que hicieron durante el día? ¿Hoy pegué a una niña de tu edad? ¿Hoy amoraté a un anciano?

¿Les sonará tan radical que los curritos y los jóvenes se manifiesten por una educación pública de calidad o una vivienda digna?

¿Qué se cuentan a sí mismos acerca de por qué hacen lo que hacen?

¿Les da placer? ¿Tienen escrúpulos? ¿Se toman el primer café del día y se dicen "vamos allá, a por ellos, oé"?

¿Te imaginas que el trabajo de la poli lograse alguna vez el reconocimiento, la admiración y el cariño que tiene para un ciudadano medio el oficio del Cuerpo de Bomberos? Esa es nuestra gente.

Está claro que el psicotécnico de la Policía Nacional lo pasa un mono con dos pistolas. Urge subir el nivel. Urge que el propio cuerpo policial señale sus excesos. Urge exigirle a nuestros mantenidos que trabajen para nosotros. Urge limpiar la chusma del corazón de la seguridad.