El cadáver de María del Carmen Abascal aún no está frío y los interesados ya lo han rodeado para llevarse su parte.

"Maricarmen no debía morir, y sus responsables van a cargar con ello el resto de sus vidas", ha dicho Manuela Bergerot, portavoz de Más Madrid en la Asamblea de Madrid.

Bergerot contra la ley natural. Como si convertir a una mujer en bandera de una causa la hubiera hecho inmortal.

"No querría estar en su lugar sabiendo que Maricarmen podría estar hoy tranquila en su casa", le ha dicho también Rita Maestre al alcalde de Madrid.

El presidente del Gobierno ha tenido la osadía de tuitear que siente "esta pérdida como propia".

Las malas lenguas dicen que el presidente nunca respondió a una carta que Maricarmen le escribió en 2025 para pedirle ayuda. Lo que no cuentan es que Begoña y Pedro comían croquetas en su casa todos los domingos desde que Moncloa recibió la misiva.

Los acampados de Sol protestan frente al Congreso por la muerte de Maricarmen. Fernando Sánchez Europa Press

Maricarmen, la abuela de todos, ha sido asesinada por Almeida, Ayuso, los fondos buitre, la ultraderecha y Francisco Franco. Un crimen coral. Como en Asesinato en el Oriente Express, sólo que aquí falta un Hércules Poirot para resolver el enigma.

¿Quién ha matado en realidad a Maricarmen? Si nos creemos que a una mujer de ochenta y siete años la ha matado el disgusto del desahucio, no podemos olvidar que ella responsabilizaba directamente al presidente del Gobierno.

O también podemos pensar que a una mujer de ochenta y siete años no le hacíamos ningún favor con su exposición pública, ni convirtiéndola en mártir súbita de una causa oportunista. Se nos podría haber ocurrido que morirse es una mala costumbre que tienen los verdaderos mártires.

Podemos discutir todo lo que queramos sobre por qué se ha muerto una mujer que estaba ya por encima de la esperanza de vida femenina en España, pero no haríamos más que seguirle el juego a un Gobierno desesperado por fijar un marco electoral que no tenga nada que ver con su gestión ineficiente, corrupta y predelictiva.

María del Carmen Abascal ha muerto y descanse en paz, pero quedan tres verdades que no han muerto con ella y que imprimir fotos en grande con su cara y hacerle homenajes a lo Lady Di no cambiarán.

En primer lugar, una mujer de ochenta y siete años viviendo en noventa metros cuadrados junto al Parque del Retiro y pagando unos pocos cientos de euros de alquiler no es el rostro del problema de la vivienda en España.

Es una situación excepcional que puede merecer una atención particular (o no) por la vulnerabilidad concreta de Maricarmen debida a su edad, pero no es representativa del problema estructural de acceso a la vivienda que sufre el país y que tiene más que ver con el hecho de que, bajo el mandato de Pedro Sánchez, la vivienda se ha encarecido en un 50% y los alquileres suben más que los salarios.

Y menos aún es el rostro del problema de la vivienda una Maricarmen volviendo a su casa gracias a un discreto acuerdo alcanzado entre el malvado Urbagestión y el todavía más malvado Ayuntamiento de Madrid.

Maricarmen en su piso. Europa Press

En segundo lugar, al Gobierno de este país le da exactamente igual María del Carmen y le da exactamente igual la vivienda. Los ocho años de inacción lo demuestran.

A la izquierda que gobierna sólo le preocupa Maricarmen porque se ha muerto justo en los días en los que conocemos que las cloacas del PSOE se pusieron en contacto con narcotraficantes para eliminar a una juez, en los días en los que el presidente de este país ha aprobado dos decretos en contra del Poder Legislativo, en los días en los que se ha levantado la orden de detención para que vuelva un delincuente que rompió la convivencia y robó nuestro dinero, y en los días en los que se ha convocado una huelga general en contra de los propios ciudadanos.

En tercer lugar, Maricarmen es la excusa que necesita la izquierda para quemar las calles. Maricarmen es el último frente de batalla en la guerra sucia que Pedro Sánchez ha librado contra la democracia. El Parlamento y la Justicia no se han dejado dominar, así que el presidente apela ahora a la víscera emocional creando su gran obra de enfrentamiento cívico abierto.

Algunos políticos ya han recogido el mensaje y lo están convirtiendo en consigna. "No va a haber paz en las calles", le ha advertido Manuela Bergerot a Isabel Díaz Ayuso.

Dirán que es por Maricarmen, pero es porque perdieron en 2023.