Hay motes políticos que han hecho fortuna. El de "Galgo de Paiporta" describe bien la rapidez con la que Pedro Sánchez se esfumó de las calles de esa población valenciana al ser increpado y perseguido tras la dana de 2024.

El presidente aseguró entonces haber sido víctima de una agresión planificada por grupos de ultraderecha perfectamente organizados, extremo que la investigación policial no tardó en desmentir.

Ahora Sánchez vuelve a poner tierra de por medio en un territorio soliviantado por otra avalancha, no de agua, sino humana: la vivida en Ceuta este verano.

Desde la invasión de la ciudad, que ha cambiado de raíz la vida de los ceutíes, Sánchez solo ha pisado su suelo una vez. Y cuando los Reyes anuncian su visita los días 13 y 14 de octubre, se apresura a desmarcarse del viaje, alegando que lo reglamentario es que les acompañe el ministro de jornada correspondiente.

En Ceuta llaman popularmente "choco" a la sepia, un molusco especialista en el arte del camuflaje. Cuando intuye la amenaza, cambia de forma instantánea de color y textura hasta volverse invisible. Si se siente acorralado, expulsa una nube de tinta negra y escurre el bulto.

Sánchez ya empleó esas técnicas en los funerales religiosos por la dana, en Valencia, y por el accidente ferroviario de Adamuz, en Huelva: perfil bajo, pantalla de humo y delegación en los Reyes.

En cambio, para cortar cintas en las inauguraciones de media docena de tramos de AVE, en Galicia o en Burgos, pasando por Asturias, Extremadura y Murcia, sí quiso compartir la foto con Felipe VI. Claro que esas misiones eran mucho más gratas y solo había lugar para la sonrisa y los aplausos.

Ahora acabamos de conocer que el presidente, que ya se blindó policialmente en su retiro tinerfeño de La Mareta como en un búnker antinuclear, ha ordenado un nuevo protocolo de seguridad en sus llegadas al Congreso de los Diputados, que obliga poco menos que a desalojar las calles a su paso.

Sorprende tal obsesión por la protección en el líder que presume de valentía y que, cada vez que puede, pone como ejemplo de arrojo sus desplantes a Trump y a Netanyahu.

Sobran tantas precauciones como gestos faltan. ¿Por qué no pisa Ceuta de una vez y mira a los ojos a los ceutíes? ¿O es que no le deja Mohamed?