Que se haya abusado hasta la saciedad de la célebre máxima de Marx ("todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen dos veces: una vez como tragedia y la otra como farsa") no significa que, bien entendida, la cita no sirva para ofrecer una interpretación cabal de los acontecimientos de los últimos años en España.
La acampada instalada en la Puerta del Sol estos días, en señal de protesta contra la atroz carestía de la vivienda, es un episodio que ejemplifica como pocos el carácter cíclico del cambio histórico, el cual puede entenderse como una serie de variaciones de unos patrones persistentes.
Si contemplamos la historia como una secuencia de estados dialécticos cuyo resultado siempre es de alguna manera el mismo, descubrimos una recurrencia de esquemas esenciales fijos que otorgan permanencia al devenir, al asegurar que la historia continúa repitiéndose según un determinado curso fijo de acontecimientos.
Nos encontramos de nuevo con la generación sin futuro ocupando el espacio público en las postrimerías de un Gobierno socialista y ante un inminente vuelco del signo político, lo cual viene a certificar que la memoria es el vehículo de la filiación genealógica a través de las generaciones.
Con justicia se ha dado en llamar "15 Meme" a este remake de la acampada de los indignados de 2011.
Así como Marx desenmascaró en El 18 Brumario de Luis Bonaparte las pretensiones fraudulentas de Napoleon III de presentarse como una reencarnación de su tío, el gran Emperador, también esta imitación del 15-M puede ser reputada en puridad una farsa.
Porque mientras que el movimiento de impugnación popular de hace quince años llegó a plantear momentáneamente una amenaza cierta a la estabilidad del sistema, el actual festival de batucadas transfeministas y "chiqui-asambleas" propalestinas ha sido desde el principio una rebelión cooptada por el poder.
Decenas de personas durante la asamblea informativa en Sol, a 29 de septiembre de 2026
Yolanda Díaz y su arenga a los ciudadanos para "movilizarse" contra el Gobierno del que participa. La orden del Ejecutivo de no desalojar Sol, y así asegurarse la imagen de un motín permanente frente a la sede de la Presidencia de Ayuso. La sonrisa de Pedro Sánchez recogiendo de manos de la cantante Amaia un cartel rotulado con el "decreto Maricarmen".
Todos ellos, signos inequívocos que dan la medida del carácter inofensivo de esta bacanal trotskista y sus demandas.
En honor a la verdad, resulta exagerado afirmar que al PSOE le beneficien de forma directa estas concentraciones, que también han dirigido su rabia contra la ineptitud de la coalición progresista para resolver el problema de la vivienda.
Pero es indudable que se trata del tipo de insurrección que el partido de Gobierno puede tolerar sin demasiado quebranto.
La parodia del 15-M constituye lo que habitualmente se cataloga como "disidencia controlada". El Sindicato de Inquilinas, financiado por el mismo Estado "rentista" contra el que se amotina, integra la clase activista a la que el PSOE pastorea mediante sus redes informales de manifestacionismo vertical.
Yolanda Díaz, vicepresidenta del Gobierno. pide movilizarse contra el Gobierno.
— Pedro Otamendi (@PedroOtamendi) September 27, 2026
“Movilicémonos”. 🤦🏻♂️ pic.twitter.com/9BIZVFH21M
El Camping Maricarmen personifica la clase de espontaneidad programada cuyas demandas aparentemente revolucionarias el partido en el poder no sólo es capaz de asimilar, sino incluso de usufructuar en el futuro, cuando la memoria democrática haya reescrito convenientemente los recuerdos.
Ya lo vimos con el cierre del círculo que supuso la beatificación de Zapatero por los mismos líderes políticos que una década antes se habían levantado contra él.
Con el regreso fantasmal de la crisis de 2011 se reinicia el ciclo político en este sistema mutante que periódicamente se reestructura para integrar a sus opositores.
El 15-M se redujo a la postre a un mecanismo de renovación de élites políticas, después de que los sublevados fueran reabsorbidos en el sistema por la clase dominante, mediante la introducción de algunas reformas quirúrgicas que permitieron neutralizar sus reivindicaciones.
El encargado de absorber y sofocar el impulso democratizador fue el PSOE, el partido del régimen, que, como ha explicado el exintelectual orgánico de Podemos Manolo Monereo, ha logrado siempre ejercer de fuerza hegemónica en la España del 78 a través de una estrategia sostenida a lo largo de su historia: impedir la existencia de un rival a su izquierda.
Es decir, presentándose (en expresión de Carlos H. Quero) como el partido que escribe a la vez el BOE y la pancarta.
En este sentido (como han reconocido algunos de los fundadores de Podemos), Pedro Sánchez es el hijo bastardo del 15-M. A través de él, la fuerza dominante incorporó de forma mitigada algunos de los planteamientos radicales sin amenazar realmente el statu quo.
Pero, como este "transformismo político" con que se desactivó (provisionalmente) la crisis orgánica de 2011 no resolvió las causas profundas del malestar, ahora tenemos un revival de descontento antisistema.
Y, a la luz de las maniobras de este partido de propietarios para abanderar la causa de los inquilinos desposeídos mediante el decreto Mari y el decreto Carmen, lo más seguro es vaticinar que el desenlace no será distinto del de entonces.
Del mismo modo que la "revolución sin revolución" del 15-M evitó la reforma real del Régimen del 78, el nuevo 15-M tendrá idéntico efecto gatopardista: que todo cambie para que todo siga igual.
