Cuando se vive en tiempos surrealistas, causa asombro cualquier síntoma de normalidad democrática. Si uno se acostumbra a ver burros volando por los cielos, acabará sorprendiéndose al ver uno a cuatro patas por la calle como si tal cosa.

Es lo que le ha pasado a mucha gente con la entrevista que Cristina Pardo ha realizado al ministro Óscar Puente en el programa La mesa.

¿Un ministro dando explicaciones en medio de una crisis de gobierno en un medio privado donde le pueden rebatir y repreguntar? Guárdenlo para la posteridad. Se lo contaremos durante años a nuestros hijos en todas las cenas de Navidad.

"Menudo valor ha tenido Óscar Puente", dicen algunos. Es una manera de verlo. Porque es verdad que hay que tener un tipo de valor muy concreto para decir que recriminarle a Pedro Sánchez sus vacaciones de verano es de una "infinita crueldad".

Para decir que a él no le ofende Marruecos, sino que le ofende "que haya tanta miseria en el mundo y tan poca gente que quiera corregirla".

Le faltó coger de la mano a Cristina Pardo, Vicente Vallés y Pilar Velasco, y pedirles que cantaran con él una emotiva versión del "viva la gente, la hay donde quiera que vas".

Al ministro no le ofende que desde su Gobierno se acuse en falso a los ceutíes y a la ultraderecha de disparar a niños.

No le ofende que se ponga en duda el trabajo de los servicios de inteligencia españoles.

No le hierve la sangre pensando en que nadie asuma alguna responsabilidad por lo ocurrido.

A él lo que le duele en el alma, lo que le quita el sueño de verdad, es que alguien pueda dudar de que Pedro Sánchez no se mereciera bucear un poquito en La Mareta.

Nos explica el ministro que el origen de la invasión es una "interpretación muy pro derechos de los inmigrantes que dice que si no hay una barrera física que impida la entrada pueden entrar y no se les puede devolver en caliente".

Ojo, porque hace menos de tres semanas el ministro Bolaños nos explicaba con el mismo tono pedagógico que esos bulos eran los que se habían propagado en redes dando lugar a la invasión.

Ahora resulta que no son bulos, sino una "interpretación pro derechos de los inmigrantes".

Jamás volveré a dudar de la capacidad de nuestro Gobierno para cambiarle el nombre a las cosas hasta que dejen de parecerse a lo que son.

De hecho, no cree el ministro Puente que la gestión de la crisis de Ceuta tenga que conllevar dimisiones y depuración de responsabilidades, porque él es un hombre muy moderado que no cree en "hacer sacrificios en el altar".

Ignora el ministro que el sacrificio lo están haciendo los ceutíes, hacia los que no tuvo a bien dirigir una sola palabra durante la entrevista.

En fin. Lo único que ha hecho Cristina Pardo es su trabajo. Y muy bien hecho. Pero nada más y nada menos.

Más allá de las nulas explicaciones que dio Puente sobre la gestión de la crisis de Ceuta, que no son creíbles y que no son verdad, estas son las tres cosas que sí que me han quedado claras después de la entrevista.

1. El PSOE está atrincherado

El PSOE se está bunkerizando en un relato que asegura que España es un país donde los jueces, los medios de comunicación, los servicios de inteligencia y los poderes independientes están inmersos en una conspiración para echar al Gobierno.

"Todos, todos los jueces, no", puntualiza Puente. Ah, menos mal. Pero resulta que todos los que les tocan en las causas que conciernen al PSOE, sí. Ya es casualidad.

La mujer de Pedro Sánchez está investigada sin fundamento, su hermano ha sido condenado de manera injusta, Zapatero merece su confianza, apuesta por la inocencia de la directora de la Guardia Civil, sospecha de la imparcialidad de la juez que investiga la invasión de Ceuta y el ex fiscal general es un mártir.

Debe de ser agotador vivir en el mundo de Óscar Puente. Tiene más enemigos a batir que un adolescente jugando a Fortnite.

Pero no hay nada más peligroso que un gobierno que tiene cerca unas elecciones que va a perder. Por eso intenta convencer a todo el mundo de que las reglas del juego han sido corrompidas en su contra.

Porque si el resultado no les gusta, siempre quedará la posibilidad de cuestionar el tablero. Y si cuestionan el tablero antes de que se juegue la partida, ya tienen preparada la explicación para cuando llegue la derrota.

2. Puente ha elegido la ficción antes que la realidad

Hay una realidad. La de la playa de El Trampolín. La de la falta de respuestas para las víctimas de Adamuz. La de las familias que no llegan a fin de mes. La de la falta de vivienda. La de la vida de la gente que tiene problemas bastante menos metafísicos que los de la "infinita crueldad" que implica criticar las vacaciones del presidente.

Y hay otra realidad en la que viven instalados quienes han sido sanchizados, y que se permiten decir cosas como "entiendo que pidan dimisiones, pero yo estoy tranquilo con mi conciencia".

Él mismo se da la absolución por sus pecados y se queda tan tranquilo.

Es la visión de la realidad que reconcilia sin problemas la certeza de que su presidente no puede caminar tranquilo por las calles de su país con su afirmación de que el PSOE volverá a ser refrendado en las urnas por una mayoría social.

Es la visión de la realidad de quien ha sido convencido de que tienen una especie de misión mesiánica para redimir a la democracia española de sí misma.

"No digo que quiera, pero no digo que lo vaya a ser. Uno es donde la vida le vaya llevando", ha dicho el ministro sobre la posibilidad de suceder a Sánchez. Más gallego que Feijóo. "Yo soy ministro cuando yo lo que quería era ser alcalde de mi pueblo", remata.

Ay, pobre Puente, que fueron a buscarlo a Valladolid y le suplicaron de rodillas que ocupara el ministerio de Transportes. "Renfe no es nada sin ti", le cantaron para convencerle.

Y él tuvo que decir que sí. Porque, en sus palabras, "yo lo que estoy es al servicio del Partido Socialista". Se le escapó ahí una verdad a Puente. Porque un ministro tiene que estar al servicio de los ciudadanos, pero es verdad que él no lo está.

3. Aplaudir a Cristina Pardo es un síntoma de degradación, no una victoria

Nos hemos alegrado y sorprendido demasiado de que Puente haya contestado las preguntas incómodas de una periodista.

Ese asombro da cuenta del deterioro que vivimos en la vida pública. De cómo hemos normalizado la excepción como si fuera la regla.

En un país con buena salud democrática habría que dar por sentadas cosas tan básicas como el ejercicio del buen periodismo y la rendición de cuentas.

Le preguntan a Puente por algunas cositas que maneja menos y dice el ministro: "No soy el ministro del Interior, bastante hago hoy aquí con dar explicaciones sobre cosas que estoy leyendo en los papeles".

Ese "bastante hago hoy aquí" resume todo lo que debes saber sobre la visión de nuestro Gobierno. Que ellos hayan olvidado que trabajan para nosotros es un problema.

Que nosotros hayamos empezado a pensar que tenemos que darles las gracias cuando lo recuerdan durante unos minutos es bastante peor.