Marruecos ha amenazado, a través de uno de los medios de prensa controlados por Mohamed VI, con romper las relaciones comerciales con España si partidos "como Vox y Sumar" siguen insistiendo en expulsar a Marruecos de la organización del Mundial de Fútbol 2030.
La primera pregunta cuando alguien plantea un órdago como este es la de quién pierde más en el envite.
La balanza comercial entre España y Marruecos es ligeramente favorable a España, aunque la brecha se reduce año tras año. España es el primer socio comercial de Marruecos desde 2012, y Marruecos es el principal socio comercial de España en África y uno de sus principales mercados fuera de la UE.
El beneficio para España fue de aproximadamente 1.900 millones de euros en 2025.
Pero ese beneficio tiene varios pero.
El primer pero es que España exporta productos de alto valor añadido (maquinaria y equipos mecánicos, vehículos y componentes, material eléctrico, combustible y plásticos) e importa productos marroquíes de bajo valor añadido (ropa, pesca, frutas y hortalizas).
Es decir, nosotros tenemos reemplazo nacional para los productos que importamos de Marruecos. Ellos no.
El rey de Marruecos Mohamed VI.
Sus productos, además, compiten con el sector primario español en condiciones legales y laborales muy ventajosas para ellos.
Marruecos también exporta a España componentes de automoción, vehículos, material eléctrico y cableado. Pero no son productos propios, sino procedentes de plantas automovilísticas europeas como Renault y Stellantis.
Segundo pero. La inversión española en Marruecos es de 2.500 millones de euros y genera unos 25.140 empleos. España es el tercer inversor extranjero en Marruecos.
Además, hay más de 350-500 empresas españolas instaladas en Marruecos o con presencia significativa en el país. Unas 669 empresas españolas poseen al menos el 10% de una sociedad marroquí y 527 controlan de forma mayoritaria sociedades de derecho marroquí.
Es un stock de presión comercial y financiera fenomenal.
Tercer pero. La balanza comercial, favorable a España, se ve compensada con creces por el dinero que el Gobierno le entrega al Gobierno de Marruecos por distintos conceptos: subvenciones a fondo perdido y fondos de la UE gestionados por España, principalmente.
Pero, por encima de todo, se ve compensada con creces por las prestaciones sociales que España paga a residentes marroquíes.
Algunos ejemplos al azar.
En subvenciones a fondo perdido (es decir, que no se van a devolver nunca), España ha entregado a Marruecos cientos de millones de euros durante los ocho años del Gobierno de Pedro Sánchez.
Entre 120 y 157 millones de euros, aproximadamente, en control migratorio y de fronteras. Eso incluye ayudas directas (122 millones) y equipamiento (vehículos 4×4, drones y cámaras térmicas valorados en 35 millones).
En cooperación al desarrollo, las estimaciones sitúan la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) bilateral acumulada en torno a 200 millones de euros o más desde 2018.
Hay también subvenciones relativamente menores para proyectos de género, turismo, artesanía y demás proyectos rocambolescos de los que nunca se dan mayores explicaciones y cuyo motivo nadie en su sano juicio puede comprender.
Por no hablar de los Fondos de la Unión Europea gestionados o cofinanciados por España (por ejemplo, a través de la FIIAPP, también para un control de fronteras que está muy lejos de ser perfecto o siquiera aceptable).
En estas cifras no se incluyen el stock de inversión privada española en Marruecos (2.500 millones), el comercio bilateral (ya mencionado) ni las prestaciones sociales, sanitarias o educativas a ciudadanos marroquíes residentes en España.
Sólo en prestaciones y ayudas sociales a ciudadanos marroquíes, España gasta alrededor de 2.400 millones (1.700 en ayudas y 700 en acogimiento de menas). Y eso sin mencionar el coste de los servicios sociales utilizados por esos ciudadanos (básicamente sanidad, educación y transporte).
En España, además, viven hoy 1.200.000 marroquíes. Es decir, España es la cuarta "ciudad" marroquí, sólo por detrás de Casablanca, Rabat y Fez, y al nivel de Tánger o Marrakech.
Según un análisis del Real Instituto Elcano (publicado en febrero de 2026 y basado en microdatos de la Encuesta de Población Activa, EPA, del 4º trimestre de 2024), la tasa de paro de los inmigrantes marroquíes es del 27%, superior a la de los españoles (8%) y superior incluso a la de los inmigrantes del África subsahariana (16%).
Los ciudadanos marroquíes son además los ciudadanos extranjeros más numerosos en la lista de perceptores del Ingreso Mínimo Vital y la tasa de actividad de las mujeres marroquíes es muy baja, superior incluso a la de los hombres. Las remesas "salientes" en dirección a Marruecos se estiman en 1.600 millones de euros.
El saldo fiscal de esa "ciudad" marroquí en territorio español es, por tanto, claramente negativo para los españoles.
Cuarto pero. El enorme daño, tanto financiero como social, que generan las mafias de la droga y del tráfico de seres humanos en España. ¿Estamos seguros de que Marruecos está haciendo todo lo posible para acabar con esas mafias que operan desde su territorio?
Dicho de otra manera: Marruecos saca mucho mayor rédito de su relación con España que España de su relación con Marruecos.
"Pero, ¿vamos a sacrificar a cientos de empresas españolas en una guerra comercial con Marruecos?", se preguntarán algunos. Bueno, la alternativa es sacrificar el futuro de millones de españoles en una guerra híbrida eterna que Marruecos tiene todas las de ganar a medio y largo plazo por la sencilla razón de que una tiranía tiene armas en sus manos que una democracia no podrá emplear jamás (como la de lanzar a decenas de miles de sus ciudadanos contra la frontera de otro país).
Policías nacionales y un grupo de ilegales, en Ceuta.
Y eso sin entrar en la evidencia de que mantener este tipo de relaciones comerciales y de buena vecindad con un país que cuestiona de forma regular la soberanía española sobre Ceuta, Melilla e incluso las islas Canarias es, desde el punto de vista estratégico, una idea difícilmente sostenible a largo plazo.
Así que si Marruecos está dispuesto a lanzar ese órdago en serio, España debería aceptarlo.
"Pero si es Marruecos el que depende de nosotros, y no nosotros de Marruecos, ¿por qué seguimos sometiéndonos a Rabat como si la potencia menor fuéramos nosotros y no ellos?", se preguntará alguien.
Hay dos motivos.
El primero es el móvil de Pedro Sánchez. Sólo Mohamed VI y los servicios secretos marroquíes saben lo que hay en ese móvil. Pero su contenido, en vista de la pasividad del Gobierno frente a lo que a todas luces es un acto de guerra híbrida de Marruecos, no debe de ser precisamente halagador para su propietario.
El segundo motivo son las siempre chocantes y lucrativas buenas relaciones de algunos de nuestros políticos con el régimen marroquí.
¿Quiere eso decir que Marruecos está comprando a nuestra clase política a cambio de palacetes y prebendas financieras y de otro tipo como Rusia compró en su momento, por ejemplo, al ex canciller alemán Gerhard Schröder?
Si Marruecos compró eurodiputados y periodistas en Bruselas durante años sin mayor problema, ¿qué nos hace pensar que los políticos y periodistas españoles podrían ser una excepción a la regla?
La relación actual con Marruecos es insostenible y se basa en un chantaje. O cambiamos la relación con Marruecos o nos preparamos para lo peor. No hay más alternativas.
