Guerra psicológica. Eso es lo que están padeciendo nuestros compatriotas ceutíes.
Las noticias que nos llegan desde Ceuta incluyen ya el riesgo de brotes de enfermedades transmisibles y violaciones a niñas marroquíes y españolas.
Desolación, ira y dolor es lo que nos transmiten los ceutíes. Dolor que sentimos con ellos porque vemos cómo parte de nuestra tierra es abandonada a su suerte tras el ataque perpetrado, por autoría directa o por inacción, por la satrapía marroquí.
La guerra psicológica es el uso de propaganda y de técnicas de manipulación emocional para destruir física y moralmente al adversario.
Marruecos tiene como adversario geopolítico a España, y quiere anexionarse Ceuta, Melilla y las Islas Canarias. Por eso utiliza todas las armas, por el momento no tradicionales, que tiene a su alcance.
El uso de la propia población como arma geopolítica es una táctica de guerra híbrida. La manipulación social masiva y la guerra psicológica son otras.
Como lo son también el lobismo y la compra de voluntades de políticos traidores (a los que a duras penas puede llamárseles ya españoles) para que promuevan las narrativas expansionistas irredentistas de Marruecos.
🇪🇸 🇲🇦 La guerra psicológica de Marruecos contra los ceutíes
— EL ESPAÑOL (@elespanolcom) August 18, 2026
Esto es lo que están padeciendo nuestros compatriotas ceutíes. Riesgo de brotes de enfermedades transmisibles y violaciones a niñas marroquíes
🗣️ Por @Paulafraga__ pic.twitter.com/iJzCjaRJIM
Creo que puede considerarse manipulación mediática siquiera permitir el cuestionamiento de la españolidad de Ceuta y Melilla.
Pero si nos vemos en la tesitura de defender estas posiciones, la de la españolidad de ambas Ciudades Autónomas, debemos triturar de frente la narrativa promarroquí para, a renglón seguido, exigir que no vuelva a aparecer en nuestros medios de comunicación.
Porque, además de ser falsaria, pretende imponerse por la fuerza y con violencia, como ha hecho ya Marruecos en el Sáhara, o con guerra psicológica, como está haciendo en Ceuta.
También es manipulación social desmoralizar a la población de Ceuta hasta expulsarla con el objetivo de anexionarse con menor resistencia el territorio.
Cada hijo o hija que una familia ceutí manda a la península, fruto del miedo, es una conquista de Marruecos.
Y la clamorosa dejación de funciones del Gobierno español, incapaz de garantizar nuestra integridad territorial y la seguridad ciudadana, facilita la guerra psicológica de Rabat.
Los ceutíes están dando al mundo una lección de resistencia frente a la colonización territorial y mental. Pero ni les podemos exigir resistencias heroicas ni mucho menos dejarles solos.
Hasta que la normalidad vuelva a las calles de Ceuta, hasta que el Gobierno responda como debe a Marruecos, hasta que asista a los ceutíes, hasta que no quede un solo compatriota al que le duela habitar su propia tierra, tendremos que seguir hablando de Ceuta.
