Mi madre murió de cáncer. Un cáncer de mama cuyas metástasis óseas confundió un médico con dolores de ciática, y que la llevó a pasar por un calvario de dolores y quebrantos.

Sí, el cáncer destrozó a mi madre y arrasó a mi familia.

Antes la palabra "cáncer" se decía en voz baja, y algunos todavía utilizan la metáfora absurda de "una larga y cruel enfermedad" para explicar una muerte oncológica.

Es ridículo, pero al final da igual. La enfermedad no se lleva mejor aunque se hable en susurros.

Pasar por un cáncer es terrible. Y por eso muchos (entre ellos quien esto escribe, que empujó la silla de ruedas de su madre desahuciada) la usan para describir algo que va especialmente mal.

Feijóo lo hizo la semana pasada para calificar las bajas fraudulentas, que se han multiplicado estos años. Y el corifeo monclovita y sus satélites salieron pidiendo las sales.

Uy, lo que ha dicho, qué horror. Ah, uh, oh, el líder de la oposición ha dicho cáncer. Qué cruel, qué malo.

A ver si nos dejamos de monsergas.

No es Feijóo, sino la sabiduría popular, quien relaciona el cáncer con los peores males. No soy yo, sino el diccionario de la RAE, quien lo consiente.

También decimos que algo es malo como un dolor de muelas, o que alguien come como un sabañón, y no pasa nada.

Las metáforas médicas se usan sin mayores dramas, quizá porque se entienden a la primera.

Cuando alguien dice "casi me da un infarto" tras sobresaltarse por una bobada no está ofendiendo a las víctimas de cardiopatías. Ni parece un drama decir que un problema se ha esclerotizado cuando parece que no tiene salida.

Y sí, las bajas fraudulentas son el cáncer del mercado del trabajo. También podríamos decir que son la peste, o una úlcera, o la gangrena, o el carbunco, o la lepra, pero esta vez tocó cáncer.

Y a algunos colegas escandalizados por la comparación no les leí comentarios tan intensos cuando este Gobierno dejó que el Centro de Investigaciones Oncológicas se convirtiese en un circo de tres pistas, en el que se gastaba parte del presupuesto en comprar obras de arte.

El cáncer está ahí, y no en las comparaciones.

Y, por cierto, pienso seguir usando la palabra como sinónimo de todos los males cada vez que me dé la gana. Mi madre también lo hacía.

Lo digo por si alguien pretende hablar a Noé de lo que es un diluvio.