Zapatero ha asumido una táctica rancia, asociada históricamente a las folclóricas y a los futbolistas. Consiste en que el interesado no hace declaraciones públicas, pero las desliza a través de su "entorno".

El entorno se convierte en altavoz, escudo y cortafuegos. Disuelve la responsabilidad.

El interesado calla en público mientras su entorno habla por él.

Utilizados como marionetas de guiñol, los correveidiles permiten al protagonista no exponerse. Y llegado el momento, siempre podrá decir que lo que dijeron nunca salió de su boca. Todo son ventajas si el relato lo sostiene un tercero.

Ocurre que el entorno de Zapatero ha ido deslizando informaciones que se han ido demostrando bulos.

Anunció que las joyas encontradas en su caja fuerte procedían principalmente de una herencia familiar y que su valor rondaría entre 30.000 y 50.000 euros, pero luego los peritos comprobaron que estaban por encima del millón.

Prometió que daría explicaciones a los periodistas, que un mes después sigue sin ofrecer.

Adelantó que en su declaración en la Audiencia Nacional iría al fondo de los asuntos investigados, pero a la hora de la verdad hablaron más sus silencios que sus palabras, negándose a responder a la fiscalía y a las acusaciones particulares.

La contradicción rozó el esperpento cuando Zapatero afirmó no poder precisar aún el origen de las joyas árabes mientras, a esa misma hora, su entorno fabricaba la coartada perfecta.

Las atribuyó a un regalo del rey saudí. Una jugarreta de manual: se borra el delito de contrabando, el monarca está muerto y no puede desmentirlo, y cualquier irregularidad fiscal queda prescrita porque nos remontamos a hechos acontecidos dos décadas atrás.

El resultado ha sido demoledor. Ahora, otro entorno, el personal y familiar, paga las consecuencias. Las hijas de Zapatero, Alba y Laura, y su secretaria de siempre, Gertrudis, acaban de ser imputadas.

Pues bien, mucho más tóxico que el hábitat del expresidente es el de Pedro Sánchez. Familiares, ministros, altos cargos y colaboradores componen una constelación de sombras que ya no puede despacharse como ruido externo.

El hermano músico, Begoña Gómez, José Luis Ábalos, Santos Cerdán, Koldo García, Álvaro García Ortiz, Paco Salazar... y el gurú Zapatero. No es una anécdota, es un ecosistema.

Al final, la estrategia del avestruz y el ventilador da para trampear el debate público durante un tiempo, pero la Justicia es testaruda y acaba imponiéndose.